Publicado: octubre 15, 2026, 4:08 pm

Dentro del presupuesto familiar se incluyen partidas como el ocio, el gasto en restaurantes o la compra de ropa y calzado. Estas decisiones que adoptamos en nuestro día a día están puramente relacionadas con el consumo. Sin embargo, hay gastos que son irrenunciables y que en cierta medida se antojan indispensables para la sostenibilidad de nuestras finanzas personales.
Uno de ellos es el transporte, una partida que puede llegar a frenar nuestro acceso a la educación, el empleo y otras oportunidades. Por eso, para muchos hogares es inviable reducir este gasto pese al crecimiento que ha experimentado en una década.
Esta es una de las principales conclusiones del informe El precio de moverse. El transporte como factor de desigualdad en España, elaborado por EAE Business School, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación Universidades, que analiza el coste de la movilidad desde una perspectiva económica, territorial y social.
En concreto, ese documento señala que el gasto medio anual de los hogares en transporte se han incrementado más de un 27% en una década, pasado de 3.158 euros en 2015 a 4.020 euros en 2025. Pese a este importante alza, explica el informe, el peso sobre el presupuesto familiar se mantiene en el 11,5%, una estabilidad que «refleja hasta qué punto este gasto resulta difícil de recortar sin afectar a oportunidades laborales y vitales».
«Cuando hablamos del coste de la movilidad, no basta con mirar cuánto gasta de media un hogar. Lo relevante es saber qué margen tiene para reducir ese gasto sin renunciar a un empleo, a un servicio o a una oportunidad. Ahí es donde aparece la verdadera desigualdad», asegura Miguel Ángel López Gómez, profesor de EAE Business School y autor del informe.
López Gómez parte en el documento de una idea central: «El transporte no debe analizarse únicamente como una partida de consumo, sino como el precio de acceso al empleo, a los servicios y a las oportunidades». Un precio que, según el estudio, depende «tanto del código postal como de la nómina, ya que la capacidad para asumir o reducir este gasto varía notablemente según la renta, la distancia que es necesario recorrer y las alternativas de movilidad disponibles».
‘Pobreza de movilidad’, una desigualdad territorial
El informe sitúa la ‘pobreza de movilidad’ como una de las principales consecuencias de las desigualdades en el acceso al transporte. «Esta puede darse cuando el coste de desplazarse supone una carga excesiva, pero también cuando una persona no puede moverse lo suficiente y se ve obligada a reducir desplazamientos o renunciar a oportunidades. Por ello, gastar menos en transporte no siempre significa ser menos vulnerable».
Uno de los factores que más condiciona esta situación es el lugar de residencia. «En 2025, el automóvil fue el principal medio de transporte para el 73,5% de las personas que viven en municipios de menos de 10.000 habitantes, frente al 29,6% en los municipios de mayor tamaño. La situación se invierte con el transporte público, utilizado como principal medio por el 48,8% de los residentes en los municipios más poblados, frente a solo el 10,9% en los más pequeños», indica el documento.
De esta forma, el estudio presenta un modelo dual con «grandes áreas urbanas con distintas alternativas de movilidad y territorios periféricos o rurales donde el coche puede convertirse en una necesidad», por lo que «reducir el gasto en transporte puede significar también limitar los desplazamientos y el acceso a oportunidades»
Esta realidad afecta especialmente al empleo, ya que «una mala conexión puede hacer que un puesto de trabajo resulte económicamente inaccesible, incluso cuando el salario es atractivo». Por eso, «el impacto de la movilidad no depende solo de la renta, sino también de la distancia y de las alternativas disponibles».
El informe también relaciona la movilidad con la vivienda. «Una vivienda más barata pero alejada de los centros de empleo puede generar un mayor coste de desplazamiento, de modo que parte del ahorro en vivienda termine trasladándose al transporte», asegura.
Un coste que repercute en toda la economía
Más allá de su impacto en las familias, el coste del transporte también repercute en el conjunto de la economía. España presenta una elevada dependencia de la carretera para el transporte de mercancías, con 272.000 millones de toneladas-kilómetro y alrededor del 15% del total de la Unión Europea. Alimentación, agricultura, industria, construcción, comercio, distribución o turismo se encuentran entre los sectores más sensibles al encarecimiento de los costes logísticos.
Así, el transporte no solo forma parte del IPC, sino que también influye en el precio de otros bienes y servicios. Un aumento de los costes logísticos puede trasladarse a los precios y reducir la competitividad de las empresas. Ante este escenario, el informe apuesta por ampliar las alternativas de movilidad, especialmente para quienes tienen menos ingresos, recorren mayores distancias y dependen más del coche. La comparación internacional refuerza esta idea: el problema de España no está tanto en gastar más que otros países en transporte, sino en que las posibilidades de evitar ese gasto están distribuidas de forma desigual.
