Publicado: octubre 12, 2026, 8:08 am

El medicamento más vendido del mundo generó el año pasado cerca de 32.000 millones de dólares, pero una nueva terapia contra el cáncer podría llegar a superar esa cifra y convertir a sus fabricantes en protagonistas de uno de los mayores negocios de la historia farmacéutica. Bank of America contempla un escenario de hasta 54.000 millones en ventas anuales para un tratamiento que todavía no ha llegado, aunque acaba de superar una prueba decisiva. Detrás están Moderna, la compañía que se hizo mundialmente conocida durante la pandemia, y Merck.
El detonante llegó el 19 de agosto, cuando ambas compañías anunciaron que su tratamiento experimental había conseguido reducir significativamente las recaídas y la aparición de metástasis en pacientes operados de melanoma, uno de los cánceres de piel más agresivos. El ensayo, realizado con 1.137 pacientes, alcanzó sus objetivos principales y provocó una reacción extraordinaria en Wall Street. Las acciones de Moderna llegaron a dispararse un 177% en aquella sesión, multiplicando en unas horas el valor que los inversores concedían a sus investigaciones contra el cáncer. Hasta el cierre de la semana pasada, su cotización acumula una revalorización del 210% respecto al día anterior a conocerse los resultados.
Un tratamiento personalizable
Desde entonces, el avance científico también ha impulsado las acciones de Merck, aunque para esta farmacéutica estadounidense lo que está en juego va mucho más allá de una subida en bolsa. La compañía comercializa Keytruda, el medicamento más vendido del mundo, que facturó cerca de 32.000 millones de dólares en 2025 y cuya principal protección de patentes comenzará a expirar en 2028. Precisamente cuando se acerca esa fecha, Merck participa en el desarrollo de un nuevo tratamiento que, según las estimaciones más optimistas, podría llegar a superar las ventas de su actual producto estrella.
Detrás de las expectativas que maneja Bank of America hay un avance científico que hasta ahora se había resistido a la industria farmacéutica. Por primera vez, una vacuna personalizada contra el cáncer basada en ARN mensajero ha superado con éxito un ensayo clínico de fase 3, la última gran etapa de investigación antes de solicitar su aprobación. Y lo que hace especialmente prometedora esta tecnología es que permite diseñar un tratamiento diferente para cada paciente, utilizando las características de su propio tumor.
Una vacuna única
El tratamiento, denominado intismeran autogene, parte de una muestra del tumor que se analiza para identificar las mutaciones que lo distinguen de las células sanas. Con esa información, los investigadores diseñan una molécula de ARN mensajero que proporciona al organismo instrucciones para reconocer determinadas características del cáncer y activar sus defensas contra él. Es la misma plataforma tecnológica que permitió desarrollar rápidamente las vacunas contra la COVID, utilizada ahora con un propósito completamente diferente.
La vacuna tampoco pretende impedir que una persona sana desarrolle cáncer. Se administra a pacientes que ya han sido operados para ayudar a evitar que la enfermedad regrese y se combina con Keytruda, el tratamiento de inmunoterapia de Merck. Los resultados anteriores ya habían ofrecido una señal especialmente prometedora. El pasado verano, Moderna y Merck comunicaron que, después de cinco años de seguimiento en un ensayo de fase 2b, la combinación había reducido en un 49% el riesgo de recaída o muerte frente a Keytruda administrado en solitario.
El ensayo de fase 3 ha confirmado ahora una mejora estadísticamente significativa, aunque todavía faltan por conocerse las cifras completas y demostrar si el tratamiento también prolonga la supervivencia de los pacientes. Morningstar calcula que unos 30.000 pacientes anuales podrían reunir las características de la población estudiada entre Estados Unidos y la Unión Europea. Sin embargo, Moderna y Merck ya investigan la misma tecnología en otros tumores, incluidos los de pulmón, riñón y vejiga, mediante nueve ensayos de fase 2 y fase 3.
El gran premio
La ampliación al cáncer de pulmón cambiaría por completo la escala del negocio. Solo entre Estados Unidos y Europa, Morningstar identifica más de 100.000 pacientes potenciales en una de las indicaciones investigadas, más del triple que en el melanoma. Y si los resultados permiten extender el tratamiento a otros tumores, el número de posibles destinatarios podría seguir creciendo.
De ahí que las estimaciones económicas sean tan dispares. Morningstar calcula ventas conjuntas de 16.800 millones en 2035, mientras Bank of America llega a contemplar unos ingresos máximos de 54.000 millones en su escenario más optimista. El acuerdo de desarrollo establece que Moderna y Merck se reparten al 50% los beneficios y costes del programa, de modo que ambas tienen mucho que ganar si la tecnología consigue abrirse camino.
Sin embargo, fabricar una vacuna diferente para cada paciente plantea un enorme desafío. Cada tratamiento exige analizar el tumor, diseñar y producir una fórmula específica y entregarla a tiempo. Hacerlo para cientos de pacientes es muy distinto de hacerlo para decenas de miles. Y a ello se añade el precio estimado del tratamiento completo para un paciente, que algunos analistas sitúan en torno a los 475.000 dólares, una cifra que plantea serias dudas sobre cuántos sistemas sanitarios podrían asumir semejante coste. El próximo gran examen será la publicación detallada de los resultados de fase 3 y su evaluación por las autoridades sanitarias, pasos que podrían abrir la puerta a las primeras autorizaciones en 2027.
