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Balas despliega hoy el arsenal de la UCO contra Ábalos, Koldo y Aldama ante el Supremo

documento informe UCO CASO ABALO MASCARILLAS KOLDO ALDAMA

Publicado: abril 27, 2026, 1:07 am

Y después de los nepotismos, las pintorescas novias/queridas, los ex gerentes del PSOE que no tienen claro cómo se gestiona el dinero del PSOE y demás pirotecnia, el humo de los fuegos de artificio quedará disipado hoy en el juicio del caso Mascarillas, en el Tribunal Supremo, cuando se siente a declarar el teniente coronel Antonio Balas, y todo pase a ser más concreto para los acusados: el ex ministro José Luis Ábalos, su hombre para todo Koldo García, y el empresario Víctor deAldama.

Como se sabe, Balas, un tipo lacónico y recto como en ocasiones sólo sabe serlo un guardia civil, ha dirigido desde la Unidad Central Operativa de la Benemérita, la célebre UCO, las investigaciones más delicadas y potencialmente explosivas que afectan al actual Gobierno. Y lo ha hecho con tal tino que fue inmortalizado, de forma tan memorable que podría hallar hueco entre sus mismas condecoraciones, en la famosa frase de la fontanera Leire Díez al empresario huído Alejandro Hamlyn, otro de sus damnificados: «Dame a Balas».

Porque Balas, cuyo apellido es enteramente real, ha dirigido por ejemplo los cinco informes de UCO sobre los que finalmente se asienta el caso Mascarillas, que al final es sólo un islote -el primero y seminal- del archipiélago de presunta corrupción en torno a los dos últimos escuderos de Pedro Sánchez: Ábalos y Cerdán.

Aldama aparece en los informes como «nexo corruptor» y «organizador» de la trama, y se ha declarado culpable de cohecho, organización criminal y uso de información privilegiada. Ha admitido, forzado por los informes de la UCO, que «en virtud de sus relaciones con Ábalos y Koldo» facturó «en concepto de comisiones hasta 6.676.046 euros», y «proyectó pagar a ambos dos millones y 500.000 euros respectivamente». Los guardias civiles de Balas consiguieron documentar igualmente que Aldama pagaba a Koldo García, ex portero de prostíbulo y ex concejal del PSOE en Navarra, 10.000 euros mensuales para tenerle engrasado y lograr contrapartidas dentro de la Administración -y al guardia civil Rubén Villalba 2.000 para asegurar el operativo-.

Extracto de uno de los informes de la UCO donde se señala la "contraprestación" mensual que Aldama pagaba a Koldo a cambio de favores

Extracto de uno de los informes de la UCO donde se señala la «contraprestación» mensual que Aldama pagaba a Koldo a cambio de favoresEL MUNDO

Aldama pagó a Koldo desde 2019 para conseguir «favores», y «los pagos se prolongaron hasta después de que Ábalos y su asesor estuvieran fuera del Ministerio». Así, «Koldo acabó asumiendo como propios los intereses de Aldama para sus distintos negocios». La tarifa plana de 10.000 euros mensuales «no se ceñía a actuaciones concretas», sino que incluía «acceso al propio ministro, asegurando la capacidad de actuación» de Aldama dentro de Transportes -tradicionalmente el Ministerio mejor dotado presupuestariamente-, y también «el aseguramiento de su capacidad de influencia para la consecución de su lucro personal».

Por ejemplo, en el caso de la venta de mascarillas a Canarias -donde la trama vendió material por valor de 10 millones de euros contra el criterio de los técnicos-, Aldama «solicitó a Koldo ayuda en todos los pormenores derivados de la contratación de emergencia de material sanitario, con cobro por parte de Soluciones de Gestión», la empresa para la que él intermediaba, propiedad de Juan Carlos Cueto -otro viejo conocido de la Audiencia Nacional, procesado en el caso Defex-.

Koldo era, ya se sabe, el hombre para todo en el Gobierno de Pedro Sánchez, la navaja multiusos para entrar en los ministerios. Lo que Aldama conseguía en el entorno empresarial, haciéndose íntimo de Javier Hidalgo, ex CEO de Globalia, o del propio Cueto, de larguísima trayectoria contratando con la Administración, o de Claudio Rivas, el dueño de Villafuel y presunto cerebro del caso Hidrocarburos, Koldo lo lograba en los altos cargos del PSOE.

Así, no tenía empacho en decirle a Ángel Víctor Torres, hoy ministro y entonces presidente canario, para pedirle que Aldama cobrara uno de los contratos con la Administración isleña, porque si no el conseguidor se iba a «pegar un tiro»: «Por dios, si lo consigues me dejo violar por ti». Y el hoy ministro le contestaba: «Esta mierda te la resuelvo sí o sí». La UCO ha documentado también meticulosamente otro de los trances del tema Mascarillas: la reunión de los tres acusados con Torres y otro socio de Aldama en el restaurante madrileño Jai Alai el 15 de julio de 2020. Un cónclave en el que participó el propio Ábalos, que vivía cerca, y al que Torres veía como posible puerta de entrada en el Gobierno central.

Tras solucionarse el problema, Koldo escribió a Torres poniéndose a su disposición para lo que le «saliera de los cojones», en otra de las sutilezas habituales del personaje.

En realidad, como se ha contado, tanto Koldo, como su hermano Joseba, como su ex mujer, Patricia Uriz -con quien el acusado lleva años intentando reconstruir su relación-, oficiaron durante años de correos de Ábalos, e incluso de testaferros del ex ministro, pagándole incluso la pensión por alguno de sus hijos, pero a la vez el conseguidor fue cubriéndose, protegiéndose, por la vía de grabar prácticamente todo lo que hacía. Y esas grabaciones han sido una mina para la UCO.

Otro extracto del informe en el que los agentes señalan a Ábalos como persona a cargo de las gestiones de contratación y en el que se apunta también una conversación entre Koldo y Aldama

Otro extracto del informe en el que los agentes señalan a Ábalos como persona a cargo de las gestiones de contratación y en el que se apunta también una conversación entre Koldo y AldamaEL MUNDO

Ábalos supo más tarde que Koldo lo grababa y archivaba todo. Aldama ha admitido que jamás imaginó que lo estuviera haciendo. Uno de esos discos duros intervenidos por la Guardia Civil en el domicilio de García, que los agentes de las vieron y se las desearon para desencriptarlo, resultó ser una mina que excedía con mucho el tema de las mascarillas de la pandemia, el que en UCO se llamó operación Delorme: allí había pistas del amaño de decenas de contratos públicos y de la vinculación de Santos Cerdán. Koldo aseguró que sabía que le seguían desde hacía meses, y que se dedicó a grabarse con altos cargos del PSOE durante ese tiempo, para evidenciar la cantidad de «gente» a la que él había «ayudado», como le gustaba decir -y Ábalos le contestaba, en un diálogo claramente tarantinesco: «No somos papá Noel»-.

Ábalos era el mar al que iban a dar todos los ríos, porque era quien ostentaba más poder en el grupo, y hasta su abrupta salida del Gobierno y de la cúspide del PSOE en julio de 2021, era la mano de Pedro Sánchez.

«Koldo era Ábalos», han declarado repetidamente ante la Guardia Civil una pléyade de fuentes. La pistola humeante nunca ha sido localizada en la mano del ex ministro, pero sí todo lo demás. Todo esto desmenuzará hoy Balas ante el Supremo.

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