Publicado: abril 27, 2026, 4:08 am

El mercado descuenta un desenlace benigno en Irán en un momento en el que las señales apuntan en sentido contrario. El alto el fuego se mantiene, pero sin avances reales. Las negociaciones están bloqueadas. Y el estrecho de Ormuz sigue operando en un limbo que mantiene paralizado uno de los principales cuellos de botella del comercio global. Las Bolsas resisten, pero el riesgo no desaparece, sino que se acumula.
La situación sobre el terreno se ha deteriorado en las últimas semanas. No hay calendario para nuevas conversaciones entre Estados Unidos e Irán. Las delegaciones han rebajado expectativas y el tono político se ha endurecido. Todo ello encaja con las señales que tradicionalmente anticipan estancamiento en procesos de negociación.
A su vez, el estrecho de Ormuz sigue tensionado. Más de 10 millones de barriles diarios de crudo permanecen afectados por un entorno de bloqueo parcial, ataques a buques y controles cruzados. El escenario descrito por analistas internacionales es el de un “ni guerra ni paz” que eleva el riesgo de incidentes y mantiene la presión sobre el suministro energético global.
Pese a ello, los mercados han optado por mirar hacia otro lado. Hasta hace solo unos días, la renta variable mundial cotizaba en zona de máximos históricos. La volatilidad permanecía contenida por debajo de niveles de 20 puntos y el apetito por riesgo se había reforzado, impulsado por el regreso del interés en inteligencia artificial y por unas expectativas de beneficios que siguen revisándose al alza. El resultado ha sido una desconexión creciente entre el comportamiento de los activos y la evolución del riesgo geopolítico.
Complacencia en el mercado
El posicionamiento del inversor refleja un consenso claro. El escenario central sigue siendo el de desescalada. Las primas de riesgo geopolítico se han reducido y los flujos hacia activos de riesgo se han reactivado tras las correcciones de semanas anteriores.
Tras varios episodios de tensión sin consecuencias sistémicas, el mercado ha reducido su sensibilidad a la geopolítica. “Los mercados bursátiles quieren creer que la cordura prevalece”, aseguraba el CIO de Julius Baer, Yves Bonzon, esta semana.
La dinámica recuerda a otros momentos previos a episodios de volatilidad abrupta. La ausencia de reacción no implica estabilidad. En muchos casos, refleja falta de cobertura ante escenarios adversos.
Ormuz como factor crítico
El estrecho de Ormuz concentra uno de los mayores riesgos potenciales. La persistencia del bloqueo parcial, los ataques a buques comerciales y la falta de garantías de seguridad han alterado el funcionamiento normal de una ruta clave para el comercio energético global.
Los analistas advierten de que un cierre prolongado tendría efectos directos sobre la inflación y el crecimiento. El encarecimiento del petróleo ya ha empezado a trasladarse a los costes industriales y podría intensificarse si la situación se prolonga.
El riesgo de disrupción en Ormuz sigue infravalorado por los mercados. “Incluso si la interrupción en sí se resuelve rápidamente, los precios elevados de la energía podrían persistir más tiempo del que los mercados han fijado y más que en episodios anteriores”, advierte la economista de PIMCO Tiffany Wilding.
Un mercado vulnerable
La subida de las Bolsas se ha producido en paralelo a un aumento de la complacencia y a una reducción de coberturas. En este entorno, cualquier cambio en las expectativas puede generar ajustes rápidos. La historia reciente ofrece otros antecedentes. Episodios como marzo de 2020 o septiembre de 2022 estuvieron precedidos por fases de estabilidad aparente y posicionamientos excesivamente alineados. En ambos casos, el ajuste posterior fue abrupto.
A la tensión geopolítica se suma un entorno financiero más complejo. Las dinámicas de liquidez, el papel de los bancos centrales y la creciente interdependencia entre mercados elevan la sensibilidad a shocks externos. Al mismo tiempo, emergen nuevas fuentes de riesgo.
Las tensiones financieras en economías del Golfo, la necesidad de liquidez en dólares y los posibles movimientos en los flujos internacionales de capital añaden presión a un sistema ya exigido. “El mercado puede pasar rápidamente de ignorar el riesgo a reaccionar de forma desordenada”, advierten varios gestores consultados.
