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Almaraz 2030, energía para un futuro más seguro

Publicado: septiembre 11, 2026, 8:12 am

La decisión del Gobierno de autorizar la continuidad de la operación de la central nuclear de Almaraz hasta junio de 2030 es una buena noticia para Extremadura y para el conjunto de España. Supone seguir contando con una instalación que produce electricidad de manera estable, segura y libre de emisiones de CO2, que desempeña un papel estratégico en el mix eléctrico y que contribuye a reforzar la soberanía energética del país

Esta extensión invita a reflexionar sobre qué modelo energético queremos construir para el futuro de nuestro país. Avanzamos, acertadamente, hacia una mayor presencia de las energías renovables, pero la transición energética no debe consistir en elegir entre tecnologías, sino en aprovechar de manera inteligente todas aquellas que contribuyan a disponer de electricidad limpia, segura, competitiva y menos dependiente del exterior.

La energía nuclear tiene mucho que aportar a ese camino. En 2025, los siete reactores que conforman el parque nuclear en España generaron más del 19% de la electricidad consumida en el país. Las centrales nucleares operan 24 horas al día, independientemente de la estación del año o las condiciones meteorológicas. Además, contribuyen al buen funcionamiento del sistema eléctrico al ayudar a preservar parámetros esenciales para la red, como la frecuencia y la tensión. En un sistema con una presencia creciente de fuentes renovables, contar con una tecnología capaz de aportar generación firme es un elemento de enorme valor.

La decisión del Gobierno también aporta certidumbre a la región extremeña, en la que la central mantiene una importante actividad económica, industrial y laboral. Asimismo, permite aprovechar una instalación existente, sometida a una estricta supervisión y operada por profesionales altamente cualificados. No olvidemos que genera 4.000 empleos y que, durante los periodos de recarga, se incorporan 1.200 trabajadores adicionales. Junto a ello, cubre el 7 % de la demanda eléctrica nacional, equivalente al consumo de 4 millones de hogares.

Entre sus ventajas destaca también su contribución a la lucha contra el cambio climático y a la soberanía energética. Es capaz de generar electricidad sin emitir CO₂ y reduce la dependencia de combustibles fósiles importados, algo especialmente relevante en un contexto internacional de incertidumbre, tensiones geopolíticas y volatilidad del precio del gas, como reconoce la propia autorización. Mantener Almaraz en funcionamiento permitirá reducir en torno a un 7 % la generación eléctrica con gas, reforzando la autonomía energética y la competitividad de España.

Europa parece haber tomado buena nota. La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, ha afirmado que Europa cometió un “error estratégico” al alejarse de una fuente fiable y asequible como la energía nuclear. La Comisión Europea ha ido un paso más allá con sus iniciativas AccelerateEU y Electrification Action Plan, en las que reconoce la contribución de esta tecnología a la soberanía energética, la competitividad industrial y la seguridad de suministro, y recomienda evitar el cierre prematuro de las centrales nucleares.

El mensaje europeo resulta relevante porque confirma que renovables y nuclear pueden y deben avanzar juntas. Ambas permiten generar electricidad sin emisiones y reducir la exposición a los combustibles fósiles. Mantener el parque nuclear no frena el desarrollo renovable, sino que permite acompañarlo con una tecnología capaz de aportar generación constante y estable.

España está abordando una transformación energética de enorme envergadura. Necesitamos más electricidad para nuestra industria, nuestros hogares, nuestra movilidad y una economía cada vez más digitalizada. Afrontar este reto exige planificación, rigor y una mirada a largo plazo, en la que el principio de neutralidad tecnológica debe ocupar un lugar central.

Esto significa orientar la política energética a la consecución de objetivos, tal y como ya sucede en nuestro entorno, sin excluir de antemano ninguna tecnología capaz de contribuir a ellos con garantías de seguridad y sostenibilidad.

Desde esa perspectiva, la energía nuclear debe ser evaluada con los mismos criterios que el resto de las tecnologías limpias: por su aportación real al sistema eléctrico, por su capacidad para reducir emisiones y dependencia exterior, y por su contribución a una transición energética ordenada y pragmática.

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