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Un hombre extraordinario

Publicado: octubre 30, 2026, 3:02 am

Nole mira al otro lado de la red con la boca entreabierta. Luego hace botar la pelota una infinidad de veces, primero con la raqueta y luego con la mano. Súbitamente la lanza al aire y saca. Al otro lado, el francés Hugo Umbert, que en sus ratos libres es un muy estimable pianista, ni la huele, porque la bola amarilla pasa a su lado como una centella. Saque directo. Nole, Novak Djokovic, ha ganado el juego, el set y el partido. Nada extraordinario, dirán ustedes. Puede ser. Pero hay algo que sí lo es: Djokovic tiene 39 años y medio, y Umbert 28. El francés está en lo mejor de su vida física y deportiva. Pero nadie se explica que Djokovic siga en activo. A su edad.

Hay una respuesta clara: es el orgullo lo que le mantiene en las pistas. Nada más. Este tipo de extraordinario talento ha dedicado toda su vida, desde la adolescencia, a construir un cuerpo perfecto que le permitiese batir todos los récords de la historia del tenis. Asentarse para siempre en lo más alto de la leyenda.

Para eso lo ha sacrificado todo salvo a su familia, sin la que no puede vivir. Lleva una vida de anacoreta. Hace décadas que se alimenta contando calorías y proteínas. Vive entre el gimnasio y las pistas. Ha abandonado el país en que nació, y que era su orgullo (Serbia), y ha prescindido de vicios, de descansos, de muchos amigos. Solo le faltan dos récords por alcanzar. Uno es imposible: ganar los cuatro Grand Slam (los cuatro grandes y agotadores campeonatos anuales) en el mismo año, algo que ningún varón logra desde que Rod Laver lo consiguió en 1969. El otro es el que le mantiene vivo: desempatar con la australiana Margaret Court, el único ser humano que ha logrado, como él, 24 torneos de Grand Slam (el último, en 1971). A los 39 años, es dificilísimo que Nole consiga el número 25. Lo lleva intentando desde 2023.

Novak ha sido muchas cosas. Uno de los tres indiscutibles emperadores del tenis durante casi dos décadas, junto con Rafa Nadal y Roger Federer, ambos ya retirados. También ha sido marrullero, tramposo, un fanático antivacunas y un nacionalista furibundo.

Pero cuando la edad comenzó a deteriorarle y empezó a perder partidos, se convirtió en un caballero intachable al que adoran los públicos de todo el mundo. Ha ganado (y varias veces) prácticamente todos los torneos del planeta. Ha sido número uno del mundo durante 428 semanas en trece años distintos, algo que le ubica entre los extraterrestres.

Rafa Jódar no había nacido cuando Djokovic empezó a ganar torneos. Ni Landaluce, ni Tien, ni Mensik, ni tantos que hoy brillan. Carlos Alcaraz, que le adora, tenía tres añitos cuando Novak logró su primer título, en Amersfoort (Países Bajos). Hoy es inevitable que Nole sea el “abuelo” de los torneos en que compite. Sigue jugando extraordinariamente, pero en los partidos largos se cansa muchísimo y da verdadera lástima verle jadear; pero ahí sigue, con toda su furia puesta en lograr su Grand Slam número 25.

Es casi el último de su generación. Nadie quiere imaginar cómo será su retirada, ni sobre todo cuándo, porque el orgullo, a día de hoy, le impide abandonar. Pero sin duda será un drama. No entran muchos Djokovic, muchos hombres extraordinarios, en un solo siglo.

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