Publicado: agosto 27, 2026, 10:11 pm

Este viernes se cumplen seis meses desde que Estados Unidos e Israel sorprendieran con una ofensiva aérea a Irán para impedir el desarrollo de un programa nuclear iraní. El ataque que, a priori, Donald Trump empezó con la intención de que fuera un conflicto corto, se ha dilatado más de lo previsto sin visos de una resolución ‘in extremis’ a la vista. Los visos de paz de mayo han quedado en punto muerto en medio de las aspiraciones de la Casa Blanca por participar en el control del estrecho de Ormuz, una vía marítima clave para el comercio global, por la que transita una quinta parte del suministro de petróleo mundial.
El crudo se ha convertido en la principal víctima colateral con una cotización que fluctúa a merced de la evolución en las conversaciones entre el régimen de los Ayatolás y el país norteamericano. El Brent, la referencia en Europa, ronda los 88 dólares el barril, un 22% con respecto a los 72 dólares que marcaba a finales de febrero. En la misma proporción, el West Texas se mueve por los 82 dólares, cuando antes del estallido de la contienda cotizaban en la franja de los 67 dólares. Pese a este repunte, ha llegado a dispararse hasta los 120 dólares en el punto más álgido.
El precio se ve afectado por el citado bloqueo de Ormuz, por el que transitan a diario entre seis y once buques diarios, menos de una décima parte de los 100 y 130 que circulaban anteriormente. En este escenario, Kuwait y Qatar -dos de los productores de crudo más pequeños del Golfo Pérsico– han elevado su producción, contribuyendo a mantener relativamente bajo control los precios. Esta situación también ha repercutido en otras materias primas como el gas. El contrato TTF de gas natural, negociado en Países Bajos y de referencia en Europa, cotiza sobre los 66 dólares. Por poner en contexto, más del doble de los 30 euros que tocaba el pasado febrero.
Los mercados energéticos incorporan una prima geopolítica, ya que tanto las interrupciones físicas como el riesgo de escalada han aumentado la incertidumbre. Los precios del petróleo y el gas siguen siendo muy sensibles a los riesgos de suministro, mientras que los gobiernos recurren a la liberación de las reservas de emergencia y a las subvenciones con efectos en la inflación y las finanzas públicas, señalan los analistas de Vontobel. «Cada perturbación conlleva costes económicos en forma de subida de precios, incertidumbre en el suministro y un crecimiento potencialmente más débil. Pero también obliga a los países a replantearse la seguridad, la resiliencia y la autonomía estratégica», precisan.
La Casa Blanca, que asegura ahora no tener «prisa» en acabar con las hostilidades, ha optado por dar un giro en su estrategia con la operación ‘Paria Económico’, que tiene por objetivo cortar los lazos económicos de la República Islámica y bloquear sus fuentes de ingresos. Las medidas se toman pese a la complicada situación que atraviesa la economía persa, con una inflación interanual que se ha duplicado. En julio había escalado casi un 88%, siendo del 128% en el caso de los alimentos. La guerra ha causado la pérdida de un millón de empleos directos y dos millones indirectos, mientras la moneda local -el rial- ha registrado mínimos históricos. Esta semana se ha intercambiado a 2.025.000 por dólar en los mercados no oficiales.
Extrapolado al Occidente, el conflicto ha derivado en un incremento de la inflación que se ha alejado del 2%. A la espera de conocer el indicador adelantado de agosto, el dato de julio arroja un avance del 2,9%, lo que ha forzado al Banco Central Europeo (BCE) a adelantar la subida de los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta el 2,25%. La previsión pasa por aplicar otro alza de 25 puntos básicos en la reunión del próximo septiembre. En cuanto a las bolsas, las caídas iniciales se han transformado en subidas. De hecho, algunos de los principales índices de las bolsas europeas y estadounidenses han tocado máximos históricos. Entre ellos, se encuentra el Ibex 35, que ha pulverizado récords tras sobrepasar los 20.000 puntos.
