Publicado: julio 30, 2026, 10:07 am

En Navaluenga, los vecinos recobraron el aliento tras una de las semanas más trágicas que recuerdan. Los cerca de 200 residentes de esta localidad abulense que permanecieron alojados en el polideportivo ya han regresado a sus casas de forma escalonada, mientras que la mayoría de las casi 2.000 personas que fueron desalojadas de la urbanización situada al sur del término municipal, en su mayoría propietarios de segundas viviendas, optaron por volver a su lugar de residencia habitual.
En conversación con EL MUNDO, el alcalde del municipio, Armando García Cuenca (PP), hizo balance de la gestión de una emergencia que, a pesar de la cercanía de las llamas, no dejó víctimas ni daños materiales. «Hemos primado la seguridad de las personas. El monte con los años se recuperará, pero una vida humana es imposible repararla», sostuvo.
Durante los momentos más críticos, la velocidad del fuego hizo temer lo peor. «Éramos incapaces de controlarlo. Avanzaba hacia las viviendas con una rapidez y una virulencia que yo decía: esto es imparable», recordó. Entre las imágenes que más le marcaron destacó la destrucción de parte del castañar de La Pedriza, con ejemplares de más de cinco siglos, además de la incertidumbre de tener que pedir a cientos de vecinos que abandonaran sus hogares sin saber qué encontrarían al volver.
La orografía también jugó en contra de las labores de extinción. Las pendientes, que alcanzan hasta el 50% en algunos puntos, dificultaron el acceso de los medios terrestres y obligaron a depender durante horas de los recursos aéreos. «Hasta que el fuego no bajó a zonas accesibles era muy difícil combatirlo», explicó el alcalde, que considera que la coordinación entre administraciones fue uno de los factores clave para evitar consecuencias aún peores.
Ahora, con la gente de vuelta y el incendio estabilizado, García cree que la principal lección es la necesidad de prepararse para un escenario que «volverá a pasar». Reclama más medios para afrontar posibles tragedias y una reflexión sobre la gestión de los montes. «Los veranos serán así. Tenemos que pensar cómo gestionar mejor el futuro de nuestro patrimonio natural», concluyó.
