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Así se puede comprar casa o coche sin tocar tus ahorros

Publicado: julio 27, 2026, 12:08 pm

¿Qué tienen en común la compra de una casa, una reforma o la compra de un coche? Que todas son compras importantes y que obligan tomar una decisión difícil: usar los ahorros, vender una parte de las inversiones o pedir financiación con un coste normalmente elevado (salvo en el caso de la hipoteca para vivienda).  

Cada opción tiene sus ventajas e inconvenientes. La primera, que hace falta haber acumulado esos ahorros y que es posible quedarse a cero en caso de usarlos. La segunda, que no siempre es el mejor momento para vender y la tercera, que determinada deuda puede tener tipos altos. Sin embargo, existe una alternativa menos conocida que mezcla ahorro, inversión y financiación

Esta opción es la pignoración de activos, que consiste en usar parte del patrimonio como garantía del préstamo. Esta vía permite afrontar esa compra importante sin descapitalizarse ni tener que tocar los ahorros acumulados, aunque también implica asumir una deuda y bloquear esos activos. 

Qué significa comprar sin descapitalizarte

Lo primero que hay que tener claro es comprar sin usar tus ahorros no es comprar gratis ni evitar la deuda. Significa poder abordar esa compra sin tener que vaciar tu cuenta corriente ni quedarte a cero o con menos dinero del que conviene como colchón de emergencia

Con la pignoración de activos sigues financiando esa compra, pero el dinero no sale directamente de tus ahorros ni de tus inversiones.  En la práctica, pignorar no es más que dejar un activo financiero como prenda o respaldo ante el banco para ese dinero que pides prestado o esa línea de crédito que te concede. La forma más sencilla de entenderlo es pensar en una hipoteca, aunque con ciertos matices.

Al final, el banco presta un dinero que habrá que devolver con intereses. La diferencia es que no vendes tus activos para obtener liquidez inmediata, sino que los mantienes pignorados mientras dura la financiación. Y en ese tiempo, el valor de esos activos puede aumentar.  

Para entenderlo mejor, imagina el dinero para la entrada de una casa, que supone un 30% del precio entre la entrada de la hipoteca y los impuestos. Lo más habitual es ahorrar ese dinero y después pagarlo al comprar la vivienda. Con la pignoración, no lo pagas, ese dinero sigue en tu cuenta o en tus fondos generando intereses y mientras lo que debes hacer es pagar las cuotas de ese préstamo o crédito. 

Cómo funciona una operación de pignoración

En una operación de pignoración, el banco concede financiación y deja vinculados determinados activos como garantía del préstamo. Esos activos siguen a nombre del titular, pero quedan bloqueados o limitados mientras la deuda esté pendiente. En la práctica, no se pueden vender, traspasar o utilizar libremente sin autorización de la entidad, pero siguen siendo tuyos.

Por lo demás, existen dos modelos de pignoración: préstamo y crédito. El funcionamiento básico del primero es como el de cualquier préstamo. A saber, recibes el dinero, pagas la cuota y vas devolviendo el capital con los intereses dentro del plazo acordado. 

La segunda opción no funciona igual. Aquí no vas amortizando capital en cada cuota, solo pagas intereses (normalmente de forma trimestral) y devuelves el capital de forma total o parcial cuando lo estimes oportuno. De las dos alternativas, la primera es la más habitual y la más sencilla. 

¿Qué pasa si dejas de pagar el préstamo? En ese caso la entidad te reclamará las cuotas más los correspondientes intereses y, llegado el momento, podría ejecutar la garantía. En otras palabras, vender los activos que has pignorado para recuperar el dinero. Y ese no es el único riesgo de este modelo, como vamos a ver más adelante. 

Qué activos puedes usar como garantía y cuánto puedes conseguir

No todos los activos sirven para pignorar ni todos permiten conseguir la misma financiación. Lo más habitual es que las entidades acepten productos financieros líquidos y fáciles de valorar, como depósitos, fondos de inversión, acciones o renta fija. Eso sí, también analizará cada activo y puede dejar fuera los más volátiles por una simple cuestión de seguridad para ellos y para el usuario. 

El porcentaje que puedes obtener dependerá del tipo de activo, de su volatilidad, del plazo del préstamo y de la política de cada banco. A modo de ejemplo, en MyInvestor ofrecen pignoración desde un 2,75% dependiendo del activo. 

La regla de oro aquí es sencilla: un depósito o un fondo conservador puede permitir una financiación mayor que una cartera concentrada en pocas acciones, porque para la entidad resulta más fácil valorar el activo y reducir el riesgo. Eso, como veremos más adelante, tiene que ver con las llamadas a margen que puede hacer la entidad si el valor de los activos cae.

Por eso, el banco normalmente no presta el 100% del valor pignorado. Casi siempre aplicará un margen de seguridad y solo prestará una parte del importe. En la práctica, cuanto más estable y líquido sea el patrimonio aportado como garantía, más opciones habrá de conseguir mejores condiciones.

El principal riesgo: que los activos pierdan valor

El riesgo más importante de la pignoración es el menos evidente para la mayoría de personas. En caso de que el valor de los activos pinorados baje de un determinado nivel, la entidad puede pedirte que aportes más garantías o ejecutar las que ya tiene. En otras palabras, que puede vender los activos para recuperar el dinero.  Esto es lo que se conoce como margin call o llamada a margen y ocurren cuando pignoras fondos o acciones y hay una caída importante. 

El funcionamiento es el siguiente. La entidad llama al cliente para que aporte más garantías en un plazo determinado (puede ser de uno o dos días o de una semana). Aquí el cliente puede pignorar más activos o reducir la deuda hasta el límite indicado. En caso de hacerlo, la entidad ejecutaría la garantía. Y eso normalmente pasa en mercados bajistas donde las inversiones han perdido valor. En otras palabras, que puedes verte obligado a asumir pérdidas por tus inversiones. 

Pero ese no es el único riesgo. La pignoración también reduce tu margen financiero, porque una parte de tu patrimonio queda bloqueada y no puedes utilizarlo con libertad si aparece un imprevisto. Y es que los activos pignorados están a tu nombre, pero no puedes venderlos hasta que no devuelvas la deuda. Además, sigues teniendo una deuda, con sus intereses, comisiones y condiciones

Cuándo puede tener sentido usar esta fórmula

La ventaja de la pignoración es que puedes pagar grandes compras sin usar tus ahorros. Además, el valor de esos activos puede aumentar en el tiempo. Por ejemplo, si pignoras una cartera de fondos, te beneficiarás del rendimiento que acumulen. Es decir, que si ese fondo sube un 10%, por encima del tipo de interés de la deuda, puedes terminar ganando dinero. En cierto sentido, sería como financiación gratuita. 

Eso no quita que no tenga sus riesgos. Es importante que tengas claro que no es una fórmula mágica para comprar cualquier cosa ni vivir por encima de tus posibilidades. La clave es no perder de vista esa llamada a margen y cuándo podría activarse. Por eso, puede tener sentido si la cuota encaja con tus ingresos, si los activos pignorados no son tu único ahorro disponible y si mantienes margen suficiente por si la garantía pierde valor.

En cambio, puede ser una mala idea si necesitas usar todo tu patrimonio, si dependes de que las inversiones sigan subiendo o te quedas sin capacidad de reacción ante una llamada a margen. Comprar sin descapitalizarte puede ser útil, siempre que no termines asumiendo más riesgo del que puedes soportar.

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