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Rebaja de los tipos de interés y rescates de la Fed: ¿Puede el mercado seguir apostando por ellos?

Publicado: junio 29, 2026, 4:08 am

Wall Street vuelve a hacerse la misma pregunta que se repite desde 1987 cada vez que llega una gran caída a la bolsa: ¿Volverá la Reserva Federal (Fed) a salir al rescate? Lo hizo Alan Greenspan, lo hizo Ben Bernanke, lo hizo Jerome Powell y el mercado quiere saber si el nuevo jefe de la Fed, Kevin Warsh, está dispuesto a romper esa costumbre justo cuando las tecnológicas necesitan más dinero, los bonos siguen tensos y la inflación todavía no permite demasiadas alegrías.

Las dudas han vuelto porque la primera Fed de Warsh ha sonado menos amable de lo que esperaba una parte del mercado. Calificó los «precios persistentemente altos» como una «carga para el pueblo estadounidense» y se comprometió a dar menos guías futuras y menos pistas sobre los tipos. 

En teoría, nada extraño para un banco central. En la práctica, es un mensaje duro para una bolsa que lleva años acostumbrada a escuchar a la Fed como quien espera instrucciones de uso para comprar la siguiente caída.

Warsh no llega a la Fed con la idea de ampliar esa estrategia. Durante años ha criticado que la expansión cuantitativa se haya convertido en una herramienta casi permanente del poder de los bancos centrales y ha defendido que la inflación no es una fatalidad externa, sino una elección de política monetaria. 

La frase más reveladora, sin embargo, tiene que ver con los rescates. Warsh ha llegado a advertir de que el público está cansado tanto de la inflación como de los rescates y del acaparamiento de poder por parte del banco central. 

Para Wall Street, eso cambia el tono de la conversación. Si el nuevo presidente de la Fed cree que el abuso de rescates también forma parte del problema, la red de seguridad sigue existiendo, pero no puede darse por automática.

40 años sostenidos por la Fed

La llamada «opción de venta de la Fed» (Fed Put), un seguro no escrito contra las tensiones en el mercado nació de esa costumbre. En 1987, tras el Lunes Negro, Greenspan prometió liquidez y Wall Street entendió el mensaje. En 1998, con Long-Term Capital Management, la Fed volvió a estar cerca del incendio. Después llegaron las puntocom y la Fed bajo los tipos en 13 ocasiones. En 2008, con la crisis de Lehman Brothers los tipos bajaron al 0% y apareció la expansión cuantitativa con la compra de bonos. Y después el Covid, otra vez con los tipos al 0%, compras masivas y liquidez por todas partes.

Sin embargo, ese reflejo se rompió en 2022. El S&P 500 cayó alrededor de un 25% entre enero y octubre y la Fed no salió corriendo a salvar a nadie. Hizo lo contrario, subir los tipos porque la inflación estaba demasiado alta. La inflación llegó al 9,1% interanual en junio de 2022, el nivel más alto desde noviembre de 1981 y la subyacente, sin energía ni alimentos, estaba en el 5,9%.

Ese episodio cambió una de las grandes certezas de Wall Street. Con inflación, una caída de la bolsa podría ya no bastar para activar el rescate. 

Del petróleo a la IA 

La caída del crudo por debajo de los 80 dólares tras el acuerdo provisional entre Estados Unidos e Irán ha dado aire al mercado, pero no ha cerrado el debate. 

El PCE, la medida de inflación preferida por la Fed, repuntó en mayo al 4,1% interanual y la inflación subyacente subió al 3,4%, su nivel más alto desde octubre de 2023. Si la energía sigue bajando, Warsh ganaría margen para no endurecer más la política monetaria, pero si el petróleo rebota o la inflación subyacente se resiste, el mercado tendrá que olvidarse de una Fed complaciente durante más tiempo del que le gustaría.

El problema es que el alivio del petróleo solo sirve si acaba llegando al mercado de bonos, porque es el coste del dinero el que termina determinando cuánto están dispuestos a pagar los inversores por las tecnológicas. 

El TBond estadounidense a diez años ha bajado desde la zona del 4,65%-4,67% que llegó a tocar en mayo hasta moverse alrededor del 4,4%, pero sigue demasiado alto para que el mercado pueda hablar de una relajación completa. 

Mientras tanto, el S&P 500 viene de tres años de subidas de doble dígito y avanza cerca del 7% en 2026. Los beneficios han acompañado, sí, pero la comparación con el T-Bond a diez años sigue siendo exigente. La bolsa puede justificar valoraciones altas si los beneficios crecen y los tipos aflojan. Si los bonos vuelven a apretar, el colchón se estrecha justo cuando Warsh intenta dejar claro que la Fed no quiere regalar liquidez al primer susto.

Aun así, Warsh puede parecer más duro de lo que finalmente será. Como recuerda Juan Carlos Ureta, presidente ejecutivo de Renta 4, en 2018 Powell terminó aquel año subiendo tipos hasta el rango del 2,25% al 2,50%, el S&P 500 rozó el mercado bajista en diciembre y la Fed acabó recortando tres veces en 2019, hasta el 1,50% y el 1,75%. 

El precedente es tentador para los alcistas porque permite pensar que Warsh puede empezar duro y terminar aflojando si el mercado se complica. Primero mensaje serio, después tensión financiera y finalmente giro de la Fed. 

Wall Street aprendió que los discursos duros pueden cambiar cuando las condiciones financieras se tensan de verdad. La duda es si Warsh mantendrá esa tradición en caso necesario o si será el primer presidente dispuesto a demostrar que el famoso «Fed Put» ya no es incondicional. 

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