Publicado: septiembre 24, 2026, 6:23 pm
El de pulmón es el cáncer que más mata a nivel mundial, con 1,9 millones de fallecimientos al año. También es el más letal en España, con más de 23.000 personas que mueren cada año por este tumor. «Esto, proyectado a 20-25 años, significa que en ese periodo, si no cambiamos la tendencia, fallecerán medio millón de ciudadanos en nuestro país por cáncer de pulmón», advierte el doctor Bartomeu Massuti, secretario del Grupo Español de Cáncer de Pulmón (GECP) y jefe de Oncología en el Hospital Doctor Balmis de Alicante. Se trata de uno de los pocos tumores que tiene posibilidades de prevención primaria: reducir la exposición al tabaco. Pero a diferencia de otros cánceres muy diagnosticados, como el de mama o colon, el de pulmón no cuenta actualmente con un cribado en la sanidad pública que permita su detección precoz. Esto provoca que se diagnostiquen tarde y tengan menos posibilidades de curación. «Todavía más de un 40-50% de pacientes son diagnosticados en etapas avanzadas, en estadios metastásicos, donde no es posible la curación. Esto hace que de alguna forma tengamos que intentar mejorar los métodos de detección de esta enfermedad», señala a ABC Javier De Castro, presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Ahora, el programa de Manuales sobre Prevención del Cáncer de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), el órgano especializado en cáncer de la OMS, en su revisión más reciente, ha evaluado los beneficios y riesgos del cribado de cáncer de pulmón. El grupo de trabajo concluyó que realizarlo en personas de alto riesgo mediante tomografía computarizada de baja dosis (TCBD) reduce la mortalidad y disminuye la incidencia de este tumor en estadios avanzados. Los resultados se publican en un informe especial, en la revista ‘The New England Journal of Medicine’, que resume los estudios analizados, y se presentará este jueves en el Congreso Mundial del Cáncer de la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC), que se celebra en la Región Administrativa Especial de Hong Kong (China). «Dado que el cáncer de pulmón sigue siendo la principal causa de muerte por cáncer en todo el mundo, necesitamos reforzar urgentemente tanto la prevención como la detección precoz», afirma la doctora Béatrice Lauby-Secretan, jefa adjunta de la Sección de Síntesis y Clasificación de la Evidencia de la IARC y coautora del informe. El grupo de trabajo internacional de expertos convocado por la IARC revisó estudios experimentales y observacionales sobre los beneficios y riesgos del cribado de cáncer de pulmón. Los expertos evaluaron el test mediante TCBD y radiografía de tórax —con o sin citología de esputo—, así como tecnologías emergentes y herramientas y estrategias para mejorar los resultados del cribado. La conclusión es que está demostrado que el cribado con TCBD en personas con alto riesgo de cáncer de pulmón —basado en la edad y el historial de tabaquismo— reduce la mortalidad por esta enfermedad y la incidencia de cáncer de pulmón en estadios III-IV. Por el contrario, las pruebas fueron insuficientes para determinar si la radiografía de tórax, con o sin citología de esputo, reduce la mortalidad o la incidencia de cáncer de pulmón en estadios III-IV. Entre los posibles riesgos del cribado se incluyen los resultados falsos positivos , el sobrediagnóstico, el sobretratamiento, las complicaciones derivadas del tratamiento, el cáncer inducido por radiación y los efectos psicológicos antes y después del cribado. «En general, la reducción de la mortalidad por cáncer de pulmón se sitúa entre el 15 y el 20%. Efectivamente hay polémica respecto a los falsos positivos e incluso riesgo de irradiación inherente al TAC. Ahí tenemos variaciones muy amplias entre los diversos estudios, en relación con la metodología y criterios de análisis de imágenes, pero siempre se sitúan por debajo del beneficio de las muertes evitadas», afirma el doctor Bartomeu Massuti. El informe de la IARC considera que estos hallazgos deben tenerse en cuenta en el contexto de la capacidad y los recursos de cada país. Cuando se implementen programas de cribado, estos requerirán una infraestructura adecuada, profesionales sanitarios capacitados, garantía de calidad, seguimiento diagnóstico y un acceso equitativo a la atención. Los resultados también subrayan que el cribado debe complementar —y no sustituir— las medidas de control del tabaco y el abandono del hábito de fumar, que siguen siendo las formas más eficaces de prevenir el cáncer de pulmón. «El cribado del cáncer de pulmón ofrece el mayor potencial cuando llega a las personas con más probabilidades de beneficiarse de él y se integra en esfuerzos más amplios de prevención del cáncer. Nuestra evaluación de expertos, rigurosa, transparente e independiente, reúne la evidencia disponible para proporcionar a los países una base sólida y fundamentada en pruebas para tomar decisiones sobre cómo dirigir e implementar el cribado del cáncer de pulmón, así como sobre cómo integrarlo con el control del tabaco y la prevención del cáncer», concluye la doctora Lauby-Secretan.. En 2011 se publicaron las primeras evidencias de que la realización de TACs de baja dosis anuales en personas con alta exposición tabáquica disminuye la mortalidad por cáncer de pulmón. «Desde entonces, se han reportado experiencias con el cribado en países europeos y asiáticos y todas son coincidentes: disminuye los diagnósticos en estadios avanzados y aumenta en estadios iniciales y esto permite tratamientos con mayor posibilidad curativa y una reducción de la mortalidad», señala el secretario del Grupo Español de Cáncer de Pulmón (GECP) y jefe de Oncología en el Hospital Doctor Balmis de Alicante. Ante esta realidad, la pregunta es por qué no se ha implementado todavía en España, a diferencia de otros cánceres. «El problema que se tiene en los sistemas de salud es cómo hacerlo, cuál es el coste, si es asumible y factible. A pesar de que existe una recomendación del Consejo Europeo de que los países miembros pongan en marcha iniciativas de cribado en cáncer de pulmón, en España no hay, a día de hoy, ninguna iniciativa desde el Sistema Nacional de Salud, para implementar un cribado o un programa piloto de cribado», recuerda el doctor Massuti. En opinión del experto, nuestro país va «muy retrasado respecto a la mayoría de países europeos donde ya se han implementado desde el sistema nacional de salud programas que son más o menos extensos e intentan trasladar le evidencia científica obtenida». Además, confía que en el futuro se afinen los criterios de selección para hacer una mejor selección de los pacientes de riesgo, más allá de la exposición tabáquica. En España, en noviembre de 2023 se inició el proyecto CASSANDRA (Cancer Screening, Smoking Cessation and Respiratory Assessment), impulsado por SEPAR junto a nueve sociedades científicas y asociaciones de pacientes, que tiene como objetivo demostrar la viabilidad, factibilidad y coste‐efectividad de los programas de cribado en cáncer de pulmón en nuestro país. «La mayoría de los países del entorno ya estaban trabajando en estos programas de detección del cáncer de pulmón y la recomendación es hacerlo en pacientes de entre 50 y 75 años con hábito tabáquico actual o pasado importante. Y a pesar de que a veces, desde el punto de vista preventivo epidemiológico no se presenta como un programa de cribado que pueda ser eficiente desde el punto de vista económico, los datos indican que en este grupo de riesgo sí que hay evidencia de la reducción de la mortalidad», apunta el doctor De Castro. En su opinión, «nuestro país tendría que poner en marcha ya estos programas de cribado dada la evidencia que se acumula dese hace más de una década y que ahora la IARC corrobora».
