Publicado: agosto 16, 2026, 3:00 am
El jefe del servicio de Neumología del Hospital Quirónsalud Córdoba, el doctor Luis Manuel Entrenas, ante veranos que son cada vez más largos y están marcados por episodios de calor intenso que se prolongan durante varios días consecutivos, a lo que se le suma la llegada de la calima y que la calidad del aire empeora, ha advertido que quienes padecen asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) deben extremar las precauciones durante estos días.
Entrenas ha explicado que las sucesivas jornadas de temperaturas extremas favorecen la formación de contaminantes atmosféricos y, cuando coinciden con episodios de calima, la concentración de partículas en suspensión aumenta de forma significativa. «La combinación de calor intenso y polvo sahariano supone una mayor agresión para las vías respiratorias, especialmente en pacientes con enfermedades respiratorias crónicas«.
La calima es un fenómeno atmosférico caracterizado por la presencia de partículas de polvo procedentes del desierto en suspensión. Su capacidad para afectar al organismo dependerá de la concentración de estas partículas en el aire. «Respiramos de forma continua y todo lo que está presente en la atmósfera entra en contacto con nuestro aparato respiratorio. Cuanto peor es la calidad del aire, mayor es el impacto sobre personas vulnerables», ha afirmado el doctor.
Las personas con asma o EPOC presentan hiperreactividad bronquial, es decir, sus vías respiratorias responden con mayor intensidad ante estímulos que apenas provocarían molestias en personas sanas. Como consecuencia, durante estos episodios pueden aumentar la tos, la sensación de falta de aire, las sibilancias o el broncoespasmo, e incluso producirse exacerbaciones de la enfermedad que requieran atención médica.
El especialista recuerda que la contaminación atmosférica no solo está relacionada con el tráfico o la actividad industrial. También intervienen las partículas generadas por la combustión de biomasa y combustibles fósiles, el desgaste de neumáticos, frenos y asfalto y, durante el verano, el incremento del ozono troposférico, cuya formación se ve favorecida por las altas temperaturas y la radiación solar. A ello se añaden los episodios de calima, cada vez más frecuentes, que empeoran la calidad del aire y pueden incrementar los problemas respiratorios y cardiovasculares.
