Trump tiene razón, todos le esperan y hasta le aplauden: "Soy el jefe" - Venezuela
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Trump tiene razón, todos le esperan y hasta le aplauden: «Soy el jefe»

Publicado: junio 18, 2026, 12:30 am

Donald Trump se paseó por el G7: literalmente. Fue casi como ese campeón que vuelve a su pueblo tras ganar lo que sea y le levantan al cielo desde el balcón del Ayuntamiento, pero esta vez con las montañas de Evian de fondo y una cumbre que, en realidad, sirvió para limar asperezas entre Europa y Estados Unidos. «Soy el jefe», dijo el inquilino de la Casa Blanca tras llegar 45 minutos tarde a la tercera jornada de cónclave en Francia, entre enfados de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y guiños de Francia y Alemania: Macron le explicó la Champions del PSG y Merz le regaló una camiseta de la selección germana.

Y es que, en realidad, Trump tiene razón: es el jefe. Guste o no, todos dependen de sus decisiones. En Irán, en Ucrania, en política energética o comercial. Da igual; manda el jefe. Todos le esperan y hasta le aplauden. Macron definió como «muy bueno» el pacto de Washington con Teherán aunque de momento nadie se lo haya leído y el líder estadounidense habló con sorna del recibimiento de los europeos: «Se han dado cuenta de que tengo razón. Casi siempre tengo razón».

Macron, Merz, Von der Leyen y demás líderes se la dieron. Todos elogiaron el acuerdo porque saben que de él depende que no haya más bombas en Oriente Medio y por tanto se frene una crisis que, de nuevo, hizo tambalear los cimientos globales. Hay guerra cuando dice el jefe, y hay paz cuando dice el jefe. Aunque no le guste a Israel, que sigue atacando al Líbano entre censuras de Washington por no hacerlo «con criterio». No se da por aludido Netanyahu, que ha pasado de aliado de guerra a casi un problema para Trump.

De todos modos, este es el pacto del jefe. «Irán no puede tener un arma nuclear. No puede desarrollarla, ni comprarla. Nunca podrán tener un arma nuclear«, declaró en una rueda de prensa en la que alargó hasta la media hora el discurso inicial para después dar paso a las preguntas. También sostuvo que el pacto evitó una escalada militar prolongada: «Si no hubiéramos hecho este acuerdo, podríamos haber seguido lanzando bombas durante otras tres semanas, dos semanas, cuatro semanas o dos años».

El jefe es infinito, pero parece que todos a su alrededor dependen del humor de Trump: atrás quedaron los insultos al Reino Unido y a Keir Starmer, los desplantes y las burlas con Macron o aquella tensa reunión en la Casa Blanca en la que Merz no defendió a España como socio comunitario frente a las amenazas arancelarias del magnate convertido en presidente. «Toda mi vida ha consistido en cerrar acuerdos», recordó, alegando su pasado inmobiliario, ahora trasladado al escenario global. Todo va de números para el jefe; de ganancias y pérdidas, y en Irán, aunque no lo diga, ya estaba perdiendo demasiado.

Da la sensación de que en Ucrania también habrá paz como (no tanto cuando) quiera Trump, pero al menos Volodimir Zelenski se llevó el favor, después de muchos meses, del presidente estadounidense. Pero el mercado es el mercado, y las sanciones futuras al petróleo ruso dependerán, avisó el jefe, de cómo se desenvuelvan los precios del crudo en todo el mundo. De Irán a Ucrania y tiro porque me toca. En Kiev -y entre los europeos- hay alivio con el buen tono de Trump durante la cumbre, con fotos amables, gestos y cercanía. Porque, en general, al jefe es mejor tenerlo contento. Trump tiene razón.

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