Publicado: septiembre 17, 2026, 12:00 am
En este loco universo de las redes sociales está habiendo una serie de tendencias, cuando menos extravagantes, que nos aconsejan una cosa y, en otros casos, la contraria. Todas ellas con el peso de un influencer que lo ha probado personalmente y que, con el furor del converso, lo recomienda por tierra, mar y aire.
En este caso, el mensaje es que la práctica del sexo, y especialmente de la masturbación, fomenta la caÃda del cabello. Literalmente que la actividad sexual te deja calvo.
El criterio se basa en la presencia de una hormona que todos tenemos, que se llama testosterona, y que a su vez pertenece al grupo de los andrógenos. Hombres y mujeres, todos tenemos andrógenos, y cumplen una función muy importante en nuestra fisiologÃa. Los varones tenemos una proporción levemente mayor, lo que nos hace tener una serie de caracteres sexuales secundarios, como vello en el cuerpo, una piel más espesa y resistente y un cabello generalmente más graso y débil. La testosterona hace que tengamos más facilidad para producir músculo y que seamos levemente más agresivos. Es además un condicionante del deseo sexual.
El sexo, una práctica muy favorecedora
Con los años, la proporción de esta hormona se va reduciendo, y es una de las posibles causas del cansancio, de una disminución de la vitalidad y del deseo sexual. Si a un varón le introducen estrógenos (las hormonas femeninas), la piel se afinarÃa, la voz se harÃa más aguda, el cabello se fortalecerÃa y tendrÃamos una cierta tendencia a desarrollar pecho.
RecÃprocamente, si a una mujer le elevamos la proporción de andrógenos, aparecerÃa vello en la cara y en el cuerpo, el ciclo hormonal se alterarÃa, el cabello se tornarÃa más graso y más débil, y tendrÃa una serie de cambios.
Estos influencers creen equivocadamente que, al aumentar la práctica sexual, particularmente la masturbación, se aumenta la testosterona y literalmente te quedas calvo. Por supuesto, no existe base cientÃfica alguna para esta teorÃa. Más bien, la práctica del sexo es sumamente favorecedora. En primer lugar, mejora la circulación, lo que incrementa el aporte de oxÃgeno y nutrientes en la raÃz del cabello. Además, equilibra las hormonas y reduce el cortisol, que es la hormona del estrés. La sexualidad siempre ha sido y es una buena aliada del bienestar fÃsico y emocional, y más bien puede ayudarnos a mantener nuestro cabello en forma.
La ducha, el olor y el atractivo
Quiero también pasar revista a otra curiosa teorÃa, que habla de que cuanto menos te lavas, más atractivo sexualmente eres. Aquà la idea es que debemos parte de nuestro sex appeal a la presencia de unas hormonas que se conocen como feromonas y que están presentes en la mayorÃa de las especies animales. Particularmente en época de celo, su producción es una fuerte llamada a la procreación, y podrÃamos considerar que es la llamada del sexo instintivo.
Existe actualmente una especie de insecticidas «ecológicos» que consiste en poner en un tipo de trampas unas gotas de feromonas, en concreto de la especie que queremos debilitar. Esto atrae a las hembras o los machos de ese tipo de insecto, impidiendo asà su reproducción. La teorÃa es que en nuestra especie los órganos sexuales y las glándulas sudorÃparas siguen fabricando esta «hormona sexual», aunque en cantidades mÃnimas. La limpieza arrastrarÃa esa escasa cantidad de hormona, dejándonos desodorizados, pero también desexualizados.
Curiosamente, existen todavÃa bailes folclóricos en algunas regiones de nuestro paÃs en los que el caballero se pone en la axila un pañuelo mientras baila. Luego le pasará a su pareja el pañuelo bien empapado en sudor y supuestamente en feromonas, para incentivar su deseo.
Desgraciadamente, la presencia de este tipo de hormonas no está en absoluto registrada en nuestra especie. Si no, la conquista serÃa tan fácil como regarse con esta molécula e irse a cualquier estadio de fútbol o a un concierto. Podemos imaginar el resultado.
Lo que sà está claro es que la ausencia de higiene y el mal olor no va a beneficiar precisamente nuestro acercamiento. La célebre frase de Enrique IV a su amante Gabrielle d’Estrées, «Ya no te laves, querida, llegaré en ocho dÃas», está actualmente fuera de órbita. En el siglo XVI los olores naturales intensos eran considerados fuertemente eróticos y un signo de vitalidad. Pero nuestra civilización, construida en la convivencia cercana en lugares cerrados, hace absolutamente imposible esa tendencia.
Durante muchos siglos el uso del perfume se generalizo para enmascarar los fuertes olores biológicos. Cuando la posibilidad de usar agua corriente era muy remota.
Vivimos en una sociedad en que el respeto a los demás pasa por mantener una apariencia propia neutra. Los olores corporales son, no solo una forma de descuido personal , sino también de trasgresión en la esfera de los demás . y no creo que actualmente , nadie vea reforzado su atractivo por el tufillo que le rodea.
