Publicado: agosto 26, 2026, 7:01 am
Estamos acostumbrados a poner etiquetas a todo lo que nos sucede, y lo hacemos relacionándolo con suerte o desgracia. Si perdemos un trabajo, pensamos que es una desgracia; si conseguimos un ascenso o aparece una oportunidad inesperada, lo celebramos como un golpe de suerte. Pero el tiempo demuestra muchas veces que los acontecimientos no son tan simples como parecen y lo que hoy vivimos como una derrota puede convertirse mañana en el comienzo de algo mejor. Hoy no lo ves con buenos ojos, pero quizá al cabo de una semana, de un mes o de un año sientas que fue lo mejor que te podría ocurrir.
Y una antigua fábula china ilustra esta idea con una sencillez extraordinaria. Cuenta la historia que un anciano perdió su único caballo. Al enterarse, los vecinos acudieron a consolarlo. «¡Qué mala suerte!», le dijeron, pero lejos de lamentarse, respondió con calma: «Quién sabe». Unos días más tarde, el caballo regresó y no lo hizo solo: volvió acompañado de varios caballos salvajes. De pronto, el anciano tenía más animales de los que jamás había imaginado. Los vecinos regresaron, esta vez para felicitarlo: «¡Qué buena suerte has tenido!«, y el anciano volvió a responder exactamente lo mismo: «Quién sabe».
Poco después, el hijo del anciano intentó domar uno de aquellos caballos. El animal lo lanzó al suelo y el joven se rompió una pierna. Los vecinos volvieron a aparecer: «¡Qué desgracia!», y el anciano mantuvo la serenidad, como solía hacer, y respondió de la misma forma: «Quién sabe». No pasó mucho tiempo antes de que estallara una guerra. Las autoridades reclutaron a todos los jóvenes del pueblo para enviarlos al frente, pero el hijo del anciano quedó exento porque todavía se estaba recuperando de la fractura en la pierna. Entonces los vecinos comprendieron que aquello que habían considerado una desgracia había terminado salvándole la vida.
La enseñanza de esta historia sigue siendo igual de vigente siglos después. Con demasiada frecuencia juzgamos los acontecimientos por el impacto inmediato que tienen en nosotros, sin saber qué consecuencias traerán con el paso del tiempo. La vida rara vez sigue una línea recta, y muchas veces los desvíos que tanto nos frustran terminan llevándonos a lugares que nunca habríamos alcanzado por el camino previsto.
Eso no significa que todo lo doloroso sea bueno ni que las dificultades deban idealizarse. Hay pérdidas que duelen y momentos realmente injustos. Pero esta fábula invita a recordar que no siempre disponemos de toda la información para decidir si algo es, en realidad, una bendición o un infortunio. Quizá aquello que hoy interpretas como un fracaso no sea un castigo, sino una oportunidad que todavía no puedes ver. Tal vez ese cambio inesperado, esa puerta que se cerró o ese plan que no salió adelante simplemente esté alejándote del lugar equivocado.
