Publicado: septiembre 3, 2026, 2:30 pm
Amamos los antioxidantes y tememos a los radicales libres . Estas moléculas, tradicionalmente consideradas como la basura metabólica de nuestro organismo, son responsables del envejecimiento celular y del daño en el ADN , y es gracias a los antioxidantes que logramos mantener a los radicales libres a raya. Bajo esta premisa, consumir frutas, verduras, y en última instancia, suplementos vitamÃnicos, parecÃa ser la mejor estrategia lógica para blindar nuestra salud y esquivar enfermedades crónicas. Sin embargo, en el ecosistema del cuerpo humano, los buenos no siempre son tan buenos , ni los malos tan perjudiciales. Una nueva investigación, llevada a cabo por cientÃficos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y la Universidad de Salud y Ciencia de Oregón en Estados Unidos, ha descubierto que nuestro sistema inmunológico depende de esos temidos radicales libres para entrar en combate. Concretamente, las células T, encargadas de buscar y destruir amenazas, necesitan pequeñas dosis de estas especies reactivas de oxÃgeno a modo de chispa de encendido para activar su maquinaria letal. El problema, y aquà radica el descubrimiento publicado este jueves en la revista ‘ Science ‘, es que los tumores conocen este talón de Aquiles y han aprendido a explotarlo en su beneficio. En lugar de enfrentarse directamente a las defensas, el cáncer despliega una sofisticada estrategia de evasión: inunda su entorno con sus propios antioxidantes naturales para neutralizar el oxÃgeno reactivo, desactivando a las células T antes de que puedan atacar al tumor. El equipo de investigadores llegó a esta conclusión tras analizar el fluido que rodea a las células en tumores desarrollados en ratones. Allà encontraron concentraciones masivas de una proteÃna llamada peroxiredoxina 1 (PRDX1), un potente antioxidante natural. El tumor utiliza esta proteÃna como si fuera una esponja gigante que absorbe las especies reactivas de oxÃgeno, privando a los linfocitos T de las señales de activación que necesitan para hacer su trabajo. «Solemos pensar en las especies reactivas de oxÃgeno puramente como subproductos dañinos del metabolismo, pero cada vez entendemos mejor que tienen funciones importantes dentro de las células , y las células T las necesitan para activarse», explica el doctor Xan Wesolowski, investigador del Departamento de PatologÃa de la Universidad de Cambridge y uno de los autores principales del trabajo. Para Wesolowski, este estudio completa el cuadro de la enfermedad, revelando que «los tumores pueden explotar esta misma dependencia para evadir su eliminación». Para comprobar si esta asfixia era reversible, los cientÃficos recurrieron a las tijeras genéticas CRISPR . Utilizando esta tecnologÃa de edición, modificaron las células cancerosas de los roedores para anular su capacidad de fabricar la proteÃna antioxidante PRDX1. El resultado fue inmediato: al quedarse sin su extintor quÃmico, el entorno del tumor volvió a llenarse de radicales libres, lo que provocó que el sistema inmunológico despertara de su letargo , atacara a las células malignas y frenara drásticamente el crecimiento de la masa tumoral. Pero el hallazgo no se limita a modelos animales. Tras el éxito en el laboratorio, el equipo buscó el mismo mecanismo en humanos . Analizaron datos genómicos de miles de tumores de pacientes, examinaron las proteÃnas liberadas por lÃneas celulares de cáncer humano y aislaron el lÃquido de tumores extirpados en quirófano. Las tres vÃas de investigación apuntaron exactamente en la misma dirección: los cánceres humanos también liberan la proteÃna PRDX1 en su entorno para desarmar a las células T. Esta revelación promete abrir una nueva vÃa para afinar y potenciar la inmunoterapia . Aunque entrenar al sistema inmune del paciente para que ataque al cáncer ha logrado curaciones impensables hace una década, estas terapias todavÃa fracasan en un porcentaje significativo de los enfermos. Ahora, la ciencia sabe que parte de esa resistencia se debe a la barrera antioxidante que construyen los tumores a su alrededor. Rahul Roychoudhuri, también investigador en Cambridge, subraya la trascendencia clÃnica de este descubrimiento. «Hemos encontrado una nueva forma por la cual los cánceres apagan el sistema inmunológico. Cuando bloqueamos este proceso, tumores que no responden a algunas inmunoterapias empiezan a responder al tratamiento . Eso nos dice que esta es una vÃa que vale la pena atacar terapéuticamente, y hay varias formas en las que podrÃamos lograrlo», señala. El cambio de enfoque es tan radical que los investigadores ya plantean invertir por completo la lógica terapéutica tradicional. Robert Eil, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oregón, sugiere que el futuro podrÃa pasar por armar a los pacientes con el arsenal contrario al que nos dictarÃa la intuición. «Nuestro estudio sugiere una posible vÃa para potenciar las inmunoterapias con células T. En lugar de usar antioxidantes, podrÃa ser que los prooxidantes consigan reactivar a las células T para que actúen contra las células tumorales», adelanta. Las implicaciones de este estudio trascienden las fronteras del laboratorio. Durante años, grandes ensayos clÃnicos aleatorizados han constatado un fenómeno desconcertante: los suplementos antioxidantes no solo fracasan a la hora de reducir el riesgo de cáncer en personas sanas, sino que en algunos casos empeoran la evolución de los pacientes ya diagnosticados. El descubrimiento de que las células T necesitan ese estrés oxidativo para luchar contra los tumores ayuda por fin a encajar esta pieza del rompecabezas. Ingerir antioxidantes en altas dosis podrÃa estar, de forma inadvertida, embotando la capacidad de nuestro propio sistema inmunológico para rastrear y aniquilar células malignas en sus etapas iniciales. Pese a la contundencia de los datos, los autores del trabajo hacen un llamamiento a la prudencia y recuerdan que, al tratarse de hallazgos en modelos preclÃnicos, los pacientes que actualmente conviven con un cáncer no deben alterar en ningún caso sus tratamientos ni su dieta sin consultarlo previamente con su oncólogo.
