Publicado: octubre 27, 2026, 9:00 am
El cáncer de mama es uno de los tumores más diagnosticados en las mujeres de España. En 2026 se estima que se superen los 38.000 casos y el riesgo de recaída puede variar considerablemente dependiendo del tipo. No es la norma, pero precisamente el miedo a volver a la enfermedad es lo que más pesa en las pacientes. Algunas células tumorales pueden permanecer dormidas durante años y según lo que apunta la oncóloga Josefina Cruz, del Hospital Universitario de Canarias e investigadora de GEICAM, a 20bien es que «sigue pendiente poder saber si tenemos enfermedad residual después de haber acabado este tipo de tratamientos».
La doctora asegura que por esas células dormidas o persistentes del organismo «nunca nos atrevemos a decir que hemos curado el cáncer de mama». Todavía queda encontrar una tecnología capaz de determinar quién no tiene la enfermedad en su organismo a nivel microscópico. El cáncer de mama sigue, por tanto, siendo todo un reto para los especialistas como Cruz, que sostiene que siguen «sin conocer todos ‘los apellidos’ del tumor». Sin embargo, las terapias dirigidas como el uso de ribociclib junto a la hormonoterapia nacen con el objetivo de diseñar nuevas estrategias con resultados respaldados a largo plazo.
El riesgo de muerte se reduce casi un 20%
Recientemente, Novartis presentó en el Congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) 2026 los beneficios de Kisqali (ribociclib) que junto a terapia endocrina (hormonoterapia) han conseguido reducir casi un 20% (19,1%) el riesgo de muerte en pacientes con cáncer de mama precoz HR+/HER2- en estadios II y III con alto riesgo de recaída. Las pacientes recibieron ribociclib durante tres años y continuaron después con el seguimiento. «A seis años, veremos que hay más pacientes que no van a recaer y que se van a curar de la enfermedad con respecto a las pacientes que no recibieron el fármaco», explica Josefina Cruz.
En NATALEE también se refleja que, en cuanto a la muerte específica por cáncer de mama, el riesgo se reduce casi un 30%, concretamente un 26%. «Lo que queremos decir es que, con estos datos, tenemos más pacientes que se curan. Supervivencia global significa eso: que el riesgo de muerte disminuye casi un 20%. Es decir, menos pacientes recaerán y fallecerán por el cáncer», añade. La oncóloga sostiene así que para las pacientes y sus familias se abre una nueva vía para una vida más larga y, sobre todo, evitando tratamientos agresivos.
El miedo a la recaída después de acabar el tratamiento
Diversos estudios han recogido a lo largo de este tiempo a que el miedo de una recaída está siempre presente en pacientes de cáncer de mama. El reciente estudio ImpOrta publicó que esta era la preocupación de un 84% de mujeres con cáncer de mama precoz HR+/HER2-. Según explica la oncóloga, esta vuelta a la enfermedad muchas veces llega cuando ya ha habido una nueva incorporación a la vida laboral y a la social, por lo que «se produce una situación de shock inesperado».
«Aunque la paciente está preocupada cada vez que viene a la consulta, siempre mantiene la esperanza de que eso no vuelva a pasar después de haber hecho todo el tratamiento que le hemos aconsejado al inicio de la enfermedad», nos cuenta Cruz, que añade que en ese momento no se intenta aplacar lo que siente. «Intentamos empatizar con ella y hacer que se sienta acompañada en este nuevo bajón que se produce con la noticia, e intentamos darle herramientas para que no se deprima o caiga en una situación de vacío absoluto».
A partir de ese momento, la oncóloga recalca que conociendo el tipo de tumos, empieza la búsqueda de nuevas opciones para que, si no se puede curar, al menos se pueda controlar. Y aquí es donde entran los nuevos fármacos como el reciente Kisqali (ribociclib). «Gracias a todos los nuevos fármacos que se han ido desarrollando en los últimos años, solemos tener un amplio abanico de posibilidades que pueden ofrecer a la paciente la posibilidad de que, aunque conviva con la enfermedad, pueda hacerlo durante un largo tiempo y con la mejor calidad de vida», concluye la doctora.
