Publicado: octubre 11, 2026, 3:30 am
Este 12 de octubre, América Latina, Estados Unidos y Europa, con España en una posición singular, tienen más razones que nunca para mirarse de otra manera. Y no solo desde la política. Más allá de los tratados y de la diplomacia oficial, las relaciones se sostienen también sobre empresas que invierten, crean cadenas de valor compartidas, abren mercados, innovan juntas y generan confianza a largo plazo.
Pocas veces se han acumulado tantos cambios en un solo año, como desde el último 12 de octubre. A falta de conocer el resultado de las elecciones en España, de la segunda vuelta en Brasil y el contenido final del próximo acuerdo comercial entre Estados Unidos y México, los Gobiernos iberoamericanos, incluida Venezuela, han encontrado numerosos ámbitos de entendimiento con Washington, especialmente en seguridad y en la lucha contra el narcotráfico.
Lo he podido comprobar este año en las tomas de posesión de José Antonio Kast en Chile, Keiko Fujimori en Perú y Abelardo de la Espriella en Colombia, donde he sido testigo de preocupaciones compartidas: seguridad, crecimiento, inversión y reducción de la pobreza.
Hoy la seguridad va mucho más allá del control de las fronteras: condiciona la inversión, el empleo y la confianza. Como ha señalado Keiko Fujimori, la delincuencia organizada no entiende de fronteras nacionales. Esa realidad obliga a cooperar.
Además, Washington ha vuelto a situar el hemisferio occidental entre sus prioridades estratégicas. Su Estrategia de Seguridad Nacional pone el foco en unas cadenas de suministro más sólidas, unas relaciones económicas más estrechas y unas alianzas reforzadas en el continente.
En este giro tiene un papel protagonista el Secretario de Estado, Marco Rubio, cuya agenda para América Latina combina la seguridad y la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico con los recursos críticos, las relaciones económicas y la cooperación. El Escudo de las Américas es expresión de este nuevo escenario. Estados Unidos y catorce países latinoamericanos y caribeños están poniendo en marcha mecanismos de cooperación contra el crimen organizado transnacional y el narcotráfico. Es un ejemplo de cómo puede construirse el futuro: menos grandes arquitecturas regionales y más coaliciones de intereses de geometría variable.
Estados Unidos y catorce países latinoamericanos y caribeños están poniendo en marcha mecanismos de cooperación contra el crimen organizado transnacional y el narcotráfico
Lo mismo ocurre con la pobreza. Ningún Estado puede afrontar por sí solo los grandes retos sociales de la región. Reducirla exige crecimiento, crecer requiere inversión, e invertir necesita seguridad jurídica, instituciones eficaces y confianza. La empresa forma parte de esa ecuación porque crea empleo, desarrolla talento y genera impacto social.
Todo ello configura una geopolítica distinta, en la que España tiene mucho que aportar. No en vano, en 2026 se cumplen 250 años de la independencia de Estados Unidos, en la que España tuvo un peso relevante gracias a su apoyo económico, diplomático y militar a las Trece Colonias. Dos siglos y medio después, esa historia compartida debe servir para identificar intereses comunes y convertirlos en proyectos.
España debería situar Iberoamérica en lo más alto de su agenda, no solo como prioridad diplomática, sino como una dimensión esencial de nuestro futuro social, cultural y económico
El próximo Gobierno de España debería situar Iberoamérica en lo más alto de su agenda, no solo como prioridad diplomática, sino como una dimensión esencial de nuestro futuro social, cultural y económico. España puede y debe ayudar a conectar tres espacios que necesitan entenderse mejor: Estados Unidos, América Latina y la Unión Europea.
La realidad empresarial demuestra que esa conexión ya existe. España es el primer inversor europeo en la región y el segundo del mundo, solo por detrás de Estados Unidos. Al mismo tiempo, es la segunda plataforma mundial, también tras Estados Unidos, que utilizan las empresas latinoamericanas para su expansión internacional. En España operan 312 empresas trampolín latinoamericanas; 112 de ellas actúan como plataformas directas y controlan 1.636 filiales en todo el mundo.
A ello se suma una nueva arquitectura comercial. Los acuerdos de la UE con Mercosur y México abren nuevas oportunidades y dan contenido a conceptos como el nearshoring y el friendshoring.
España une esos tres espacios: forma parte de Europa, mantiene una relación económica, cultural y humana extraordinaria con América Latina y conserva profundos vínculos históricos y empresariales con Estados Unidos. Puede ser puente, plataforma y socio para los tres.
En este contexto cobra también sentido el trabajo de CEAPI, que reúne ya a 400 grandes empresarios y familias empresarias comprometidos con el fortalecimiento del espacio empresarial iberoamericano. Dialogamos con los Gobiernos —en paralelo a la última Asamblea General de Naciones Unidas nos reunimos con ocho jefes de Estado o de delegación— y con todos aquellos que, como nosotros, creen, crean y crecen en Iberoamérica
