Publicado: octubre 18, 2026, 8:00 am
Gisela Haag, una mujer argentina de 42 años que lleva seis viviendo en Cantabria, no se siente una guerrera ni quiere que el cáncer de mama la convierta en una, porque es un proceso que la ha llevado a convivir con pruebas, tratamientos, miedo e incertidumbre, pero también con el agradecimiento hacia quienes la han acompañado.
«No soy una guerrera, soy una persona a la que le tocó transitar por todo esto», resume en una entrevista con motivo del Día Mundial del Cáncer de Mama, que se conmemora este lunes, 19 de octubre.
Haag explica que la enfermedad irrumpió en su vida entre septiembre y octubre del año pasado, cuando se palpó un bulto en la mama izquierda mientras se duchaba.
Esperó unos días, pero, al comprobar que seguía allí, acudió a su médica de cabecera y el 9 de enero se sometió a una mamografía convencida de que serviría para descartar cualquier problema, hasta que las pruebas posteriores confirmaron las peores sospechas.
Durante una ecografía preguntó directamente a la especialista si el bulto tenía mala pinta y la respuesta fue que había muchas posibilidades de que fuera cáncer.
Sola en la consulta, rompió a llorar y preguntó si se iba a curar porque en su imaginario la enfermedad era «una sentencia», pero la médica del Hospital Marqués de Valdecilla de Santander le habló de los avances en los tratamientos y le aseguró que se recuperaría.
«Y me dice que sí, las cosas ahora avanzaron un montón y vas a ver que te vas a curar. Y yo me agarré a eso y me sigo agarrando a eso», recuerda Haag, quien, tras someterse a quimioterapia y una operación, continúa con radioterapia, terapia dirigida y tratamiento hormonal.
«Nadie está en tu piel»
Haag asegura que lo más difícil ha sido la parte emocional, y que físicamente ha respondido bien.
Desde el diagnóstico ha contado con el apoyo de la unidad de mama del hospital y de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), donde recibe atención psicológica y participa en un grupo de ejercicio físico en el que ha conocido a otras mujeres que atraviesan experiencias similares.
Desde esa experiencia, cuestiona los mensajes de optimismo permanente, aunque entiende que suelen nacer de la buena intención de quienes quieren ayudar.
«La gente, desde la bondad, desde querer acompañarte y tal, a veces comete el error de tener cierta positividad tóxica… Dale, luchadora, vos podés, que ustedes son unas guerreras… No, yo no soy una guerrera», afirma Haag, quien reconoce que «nadie está en tu piel y nadie sabe lo que sientes».
Para ella, acompañar también significa aceptar que hay días de miedo, tristeza e incertidumbre, sin exigir a las pacientes que estén siempre bien.
«Tóquense las tetas»
Gisela anima a las mujeres a conocer su cuerpo y consultar cuando detecten algún cambio: «Pálpense, tóquense las tetas, se lo digo así claramente».
También pide que se escuche a las pacientes y se respeten sus emociones, tanto en los días buenos como en los malos.
«Que sepan que no somos unas luchadoras, ni unas guerreras, ni especiales, ni nada por el estilo. Somos simplemente personas que nos tocó en la lotería transitar por todo esto y que vamos a salir adelante. Y vamos a estar bien», sostiene.
