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El problema de querer adelgazar demasiado rápido: por qué perder peso deprisa no siempre significa hacerlo bien

Publicado: octubre 13, 2026, 2:00 am

Queremos adelgazar y lo queremos ya. La promesa de perder varios kilos en pocas semanas puede resultar tentadora, especialmente cuando buscamos compensar cambios en nuestra alimentación o recuperar rápidamente el peso que consideramos adecuado. Pero la velocidad a la que baja la báscula no siempre cuenta toda la historia. La Dra. María Amaro, médico especialista y creadora del Método Amaro, advierte a los lectores de 20Minutos de los riesgos de convertir la pérdida de peso en una carrera contrarreloj.

«Después de más de 20 años tratando a pacientes con problemas de peso, he aprendido que esa prisa, casi siempre, es la primera trampa», explica. ¿Por qué nos cuesta tanto esperar? «Porque volvemos con la sensación de haber ‘fallado’ y queremos borrar esa sensación de inmediato«. Y ahí aparece otro elemento que puede condicionar nuestras decisiones: «Hay un componente físico, la ropa aprieta, la báscula sube, pero también hay uno emocional muy potente: la culpa, y es mala consejera«.

Lo que baja en la báscula no siempre es grasa

Una de las ideas que conviene desmontar es que perder peso rápidamente equivale a perder grasa rápidamente. «En los primeros días de una dieta muy restrictiva, lo que se pierde principalmente es agua y glucógeno, no grasa», señala María Amaro.

Además, someter al organismo a una restricción excesiva puede provocar adaptaciones metabólicas. «Si detecta una restricción calórica muy brusca, tiende a ralentizar el metabolismo basal para protegerse«. Por eso, una bajada llamativa de peso durante los primeros días puede esconder otros cambios que no son precisamente los que buscamos: «El resultado es una pérdida de peso que parece espectacular en la báscula, pero que en realidad esconde pérdida de masa muscular, retención hídrica alterada y un metabolismo que empieza a ‘frenar de mano'».

Para la especialista, otro error frecuente es convertir determinados alimentos en el enemigo y olvidarnos del resto de factores que influyen en nuestra salud. “Reducimos calorías de forma drástica, eliminamos comidas, y nos olvidamos de que el sueño, el estrés y la actividad física forman parte de la misma ecuación. Se piensa solo en ‘bajar’, no en cómo se va a sostener después ese peso». Esta falta de planificación es especialmente problemática cuando el método elegido se basa en restricciones difíciles de mantener.

¿Funcionan las dietas milagro?

La respuesta de María Amaro es contundente: «Funcionan a corto plazo para lo único que están diseñadas: hacer que la báscula baje rápido«. El problema llega cuando se plantea esa bajada como una solución definitiva: «Pero no funcionan para lo que de verdad importa, que es mantener ese peso».

La especialista explica que el conocido efecto rebote no aparece simplemente porque una persona «vuelva a comer», sino que puede estar relacionado con los cambios provocados por una restricción demasiado agresiva. «Cuando el cuerpo ha estado en un déficit calórico muy agresivo, y además ha perdido masa muscular, en cuanto se retoma la alimentación normal, el metabolismo, ahora más lento y con menos músculo, que es tejido metabólicamente activo, tiende a acumular grasa con más facilidad que antes de empezar la dieta”.

Por eso, su planteamiento se aleja de las estrategias rápidas: «La pérdida de peso no puede plantearse como un evento puntual, un ‘sprint’ antes del verano o después de las vacaciones, sino como un cambio de hábitos sostenido en el tiempo».

Ni eliminar alimentos ni copiar la dieta de otra persona

«Eliminar por completo los hidratos de carbono, por ejemplo, puede dar resultados rápidos al principio, en buena parte por la pérdida de agua asociada al glucógeno, pero no es sostenible ni necesario para la mayoría de las personas», recalca la experta. Su propuesta pasa por dejar atrás la clasificación de alimentos como prohibidos o permitidos: «Los grupos de alimentos no son buenos o malos en sí mismos; lo que importa es la cantidad, la calidad y el contexto de cada persona».

Y tampoco existe una dieta que funcione exactamente igual para todos: «Una dieta que funciona de maravilla para una paciente puede ser un fracaso para otra, no porque una tenga más fuerza de voluntad que la otra, sino porque sus necesidades son diferentes». Por eso, antes de diseñar una estrategia, considera necesario analizar «el estado de salud general y los posibles antecedentes médicos, los hábitos de sueño, los niveles de estrés, la actividad física actual, el historial de dietas previas» y el momento vital y emocional.

Adelgazar sin perjudicar la salud

Las consecuencias de las dietas excesivamente restrictivas no se quedan en la báscula. Tal como indica María Amaro, a nivel físico podemos ver desde fatiga, caída del cabello, alteraciones menstruales, pérdida de masa muscular y ósea, hasta déficits de vitaminas y minerales importantes», expone la nutricionista.

También existe un impacto psicológico que, según María Amaro, suele recibir menos atención: «Las dietas muy restrictivas generan una relación de ansiedad con la comida, favorecen atracones posteriores y erosionan la autoestima cuando, inevitablemente, se recupera el peso«. Por eso, en su metodología, «la autoestima no es un añadido, es uno de los tres pilares junto con la nutrición y el movimiento: no se puede cuidar el cuerpo maltratando la mente».

Respecto a los nuevos tratamientos farmacológicos, reconoce que «han supuesto un avance real para muchos pacientes», especialmente en determinados casos de obesidad, pero insiste en que «no son una solución mágica ni universal». Para la doctora, «son una herramienta más, muy útil en determinados perfiles de pacientes, pero nunca deben sustituir el abordaje integral ni utilizarse sin supervisión profesional». Entonces, ¿qué hacer cuando queremos perder peso cuanto antes? Su consejo es precisamente detener esa urgencia: «Le diría, con todo el cariño, que respire antes de actuar«, concluye.

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