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Ni solo ansiedad ni solo depresión: el trastorno mixto que afectaría al 8% de los españoles

Publicado: octubre 2, 2026, 7:00 am

Ansiedad, tristeza, irritabilidad, cansancio, problemas para dormir o dificultades para concentrarse pueden aparecer de forma aislada en distintos momentos de la vida. Pero cuando los síntomas de ansiedad y depresión aparecen conjuntamente y ninguno predomina claramente sobre el otro, puede hablarse de trastorno mixto ansioso-depresivo. La catedrática de Psiquiatría y Psicología Médica de la Universidad Complutense de Madrid y presidenta de la Fundación López Ibor, Inés López-Ibor, estima que alrededor de un 8% de la población española lo padece, aunque precisa que no existen cifras oficiales sobre su prevalencia.

El perfil más frecuente señalado por la especialista se encuentra entre los 30 y los 40 años y es predominantemente femenino. López-Ibor explicó durante un encuentro con medios organizado por la farmacéutica Schwabe con motivo del Día Mundial de la Salud Mental que una de las particularidades de este trastorno es precisamente la dificultad para separar ambas emociones: «El paciente no es capaz de distinguir si está más ansioso o más triste».

Para comprenderlo hay que diferenciar primero qué puede provocar cada uno de estos problemas. En la depresión, una de las características principales es la anhedonia, es decir, la incapacidad para disfrutar o sentir placer. A ella pueden añadirse tristeza y frustración, pero también manifestaciones físicas y cognitivas, como alteraciones del sueño y del apetito, fatiga, problemas de concentración, dificultades para tomar decisiones o una sensación subjetiva de pérdida de memoria. La OMS recuerda, además, que la depresión es diferente de las variaciones habituales del estado de ánimo y puede interferir en distintos ámbitos de la vida.

«Cualquier cosa les hace saltar»

En la ansiedad, por su parte, pueden aparecer irritabilidad, temores irracionales, angustia, preocupación y dificultades para relajarse. López-Ibor describe cómo puede afectar esto al día a día: «Cualquier cosa les hace saltar y no son capaces de discriminar qué es lo que tienen que hacer en un momento determinado». La OMS incluye entre los posibles síntomas de los trastornos de ansiedad las dificultades para concentrarse o tomar decisiones, la inquietud, las palpitaciones, el malestar abdominal y los problemas de sueño.

Sentirse ansioso o triste, sin embargo, no significa necesariamente tener un trastorno mental. López-Ibor recuerda que tanto la ansiedad como la tristeza son un «sentimiento normal». La ansiedad constituye una respuesta ante el estrés, pero puede convertirse en patológica cuando provoca sufrimiento e impide a la persona adaptarse a lo que está ocurriendo. En el caso de la tristeza, puede apuntar hacia un proceso depresivo cuando aparecen pérdida de energía y una visión persistentemente negativa y, en situaciones graves, desesperanza o pensamientos suicidas.

Cuando ambos tipos de síntomas coinciden, el impacto puede ir más allá del estado de ánimo. Según explicó la especialista, las personas con trastorno mixto ansioso-depresivo pueden experimentar pensamientos negativos muy intrusivos y difíciles de controlar, tender al aislamiento y presentar síntomas físicos como taquicardias, dificultad respiratoria o molestias gastrointestinales. Es precisamente la suma de manifestaciones ansiosas y depresivas la que caracteriza este cuadro.

Automedicarse, nunca

Reconocer cuándo estas emociones empiezan a interferir en la vida cotidiana es importante para buscar ayuda y favorecer un abordaje precoz. López-Ibor insiste en mantener hábitos de cuidado y prevención de la salud mental y lanza una advertencia clara ante la tentación de tratar los síntomas por cuenta propia: «Lo que no hay que hacer es automedicarse». La especialista señala el problema de la automedicación en España y el elevado consumo de ansiolíticos e hipnóticos, aunque afirma que este se ha ido reduciendo durante los últimos cuatro o cinco años.

La psiquiatra también propone cambiar la forma en la que se aborda socialmente el bienestar psicológico. Hablar de salud mental no debería ser sinónimo de hablar únicamente de enfermedad. «Lo primero que se nos viene a la cabeza es enfermedad mental, no es así. La salud mental sería lo contrario a la enfermedad mental», sostiene López-Ibor, quien apuesta por un enfoque más positivo que contribuya al autocuidado y a reducir el estigma asociado a estos problemas.

El mensaje final es especialmente relevante porque ansiedad y depresión son problemas frecuentes y existen opciones de tratamiento. La OMS señala que hay tratamientos eficaces y considera las intervenciones psicológicas un componente esencial en el abordaje de los trastornos de ansiedad; dependiendo del caso también puede contemplarse tratamiento farmacológico. Por eso, experimentar ansiedad o tristeza puntualmente no permite hablar por sí solo de un trastorno: son la persistencia, intensidad de los síntomas y su repercusión en el funcionamiento cotidiano las que hacen especialmente importante consultar con un profesional sanitario y evitar el autodiagnóstico y la automedicación.

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