Publicado: septiembre 15, 2026, 2:01 am
El conflicto en torno al petróleo en Medio Oriente no se limita a la reciente presión de Estados Unidos sobre Irán. Sus orígenes se remontan a poco más de un siglo, cuando en 1908 se descubrió el primer gran yacimiento petrolero en Irán, antes Persia. Este descubrimiento no solo transformó la economía iraní, sino que forjó el rumbo político y las relaciones internacionales.
Las tensiones geopolíticas pueden alterar la oferta de petróleo al restringir la producción o el transporte. A ello se pueden sumar, además, desastres naturales, fallas en infraestructura y equipo, así como la capacidad de producción y acuerdos adoptados por los países productores, pertenezcan o no a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
La consecuencia económica de la tensión política alrededor del petróleo es conocida: disrupciones inesperadas en la oferta elevan los precios del crudo, cuyo efecto se transmite rápidamente a mercados como los combustibles, el transporte, la logística y la producción agroalimentaria. Al mismo tiempo, obliga a los gobiernos y bancos centrales a adoptar medidas para contener sus efectos inflacionarios.
Actualmente, la atención mundial se concentra en el estrecho de Ormuz, un angosto paso marítimo ubicado entre el Golfo de Omán y el Golfo Pérsico. Por ahí transita, aproximadamente, una quinta parte del petróleo comercializado a nivel mundial hacia mercados clave como Asia Pacífico, Europa y América del Norte. Cualquier amenaza a su operación tiene el potencial de alterar el suministro energético global.
Ahora bien, este análisis es correcto, pero incompleto. Sí, el precio del petróleo responde a múltiples factores, entre ellos, la demanda mundial, los mercados financieros, los precios spot, las reservas y la oferta, siendo este último el que mantiene un vínculo con el histórico conflicto en Medio Oriente. Sin embargo, antes de convertirse en un problema macroeconómico, el conflicto modifica algo más básico. ¿Por qué el precio del petróleo tiende a aumentar incluso antes de que disminuya la oferta? La respuesta está en la forma en que los mercados procesan la información disponible y construyen expectativas sobre el futuro.
En cierto sentido, es como tomar un paraguas antes de salir de casa cuando existe probabilidad de lluvia: no esperamos a que llueva para actuar, sino que anticipamos lo que podría ocurrir. De la misma manera, las empresas y los inversionistas ajustan sus decisiones con base en las condiciones que esperan enfrentar, no únicamente en las que observan en el presente.
El impacto económico del cierre del estrecho de Ormuz suele enfocarse en una reducción efectiva de la oferta. Sin embargo, existe otra perspectiva que se concentra en cómo una amenaza creíble modifica la información disponible y, con ello, las expectativas en los mercados. Empresas e inversionistas ajustan sus decisiones incluso antes de que el suministro se vea afectado. En realidad, para los mercados importa menos cuánto petróleo existe hoy, que cuánto creen que existirá mañana. Esta diferencia explica por qué los precios reaccionan antes que se mueva la producción efectiva.
Así, cuando aumenta la percepción del riesgo o la probabilidad de una interrupción en el suministro, se modifican las expectativas y estas cambian los incentivos de los participantes en el mercado. Es decir, en un escenario de mayor incertidumbre, aumenta la demanda por asegurar el suministro de petróleo y se asume que almacenar petróleo se vuelve más atractivo; además, las empresas empiezan a diversificar proveedores, incrementan su demanda de seguros para fortalecer su cobertura y evalúan la opción de invertir en eficiencia energética. No es que cambien sus preferencias, sino que cambia la estructura de incentivos, es decir, el entorno modifica los costos y beneficios de cada decisión.
Una vez que estas decisiones dejan de ser individuales para replicarse de manera simultánea en millones de empresas, proveedores, intermediarios, inversionistas y otros participantes, el efecto deja de ser individual para convertirse en un fenómeno agregado. El aumento de la demanda anticipada de petróleo, los contratos de futuros y los inventarios que se acumulan presionan al mercado antes de que la oferta pueda disminuir debido al cierre, o posible cierre, del estrecho de Ormuz. El precio del petróleo se incrementa, no porque falten barriles, sino porque millones de participantes en el mercado actúan conforme a sus expectativas, es decir, creyendo que podrían faltar.
En este sentido, podríamos concluir que el mercado del petróleo no está reaccionando a la escasez, sino a la posibilidad de que exista escasez.
*Profesora de Economía en Arkansas State University campus Querétaro-Elisia Education Hub
