Publicado: septiembre 12, 2026, 3:00 am
Mientras que unos se ilusionan por la vuelta al cole, otros detestan este momento porque no consiguen salir de la rutina que habían adoptado durante el verano. De nuevo se ven cargados de libros, con decenas de deberes por hacer y unos horarios que no les permiten disfrutar del ocio. Y frente a la carrera de septiembre por organizar las tardes, Aiora Larrañaga, psicóloga especializada en infancia, adolescencia y familias, defiende incorporar el movimiento y el descanso como parte de la rutina.
La psicóloga, colaboradora de Sprinter, la tienda de deporte multimarca, recuerda que practicar deporte puede favorecer la atención, la memoria y la planificación, además de ayudar a liberar la tensión acumulada durante la jornada escolar, y propone además cambiar el criterio con el que muchas familias eligen las actividades extraescolares. En lugar de buscar el deporte más completo, aconseja escuchar a los niños y niñas y encontrar una opción que disfruten lo suficiente como para mantenerla durante el curso.
«Más que recomendar un deporte concreto, aconsejaría incorporar el movimiento como una parte estable de la rutina familiar desde el principio del curso. No hace falta llenar todas las tardes de actividades extraescolares: puede ser fútbol, natación, atletismo, baile, bicicleta, caminar en familia o simplemente reservar un rato para salir al parque y moverse. Lo importante es encontrar una actividad que encaje con la edad y, sobre todo, con los gustos de los niños», dice.
Que haya espacio para el deporte
Uno de los dilemas habituales cuando comienza el curso es cómo repartir las tardes entre estudio, actividades y descanso. Para Aiora Larrañaga, contraponer el tiempo dedicado al deporte y el dedicado al aprendizaje parte de una premisa equivocada, ya que el ejercicio puede ayudar a que los niños y niñas afronten después las tareas académicas en mejores condiciones.
«Cuando un niño hace deporte de manera regular, no solo está entrenando su cuerpo, también está poniendo en marcha procesos que favorecen su bienestar emocional y su capacidad para aprender. La actividad física ayuda a activar el cerebro, favorece funciones como la atención, la memoria y la planificación y, además, permite liberar tensión acumulada. Esto es especialmente importante en niños y adolescentes, que pasan muchas horas sentados, recibiendo estímulos y respondiendo a exigencias académicas«, cuenta la experta.
Tal como dice, «a veces pensamos que una hora haciendo deporte es una hora que ‘quitamos’’al estudio, y no necesariamente es así. Un niño o niña que se mueve, desconecta y regula su nivel de activación puede volver después a sus tareas con una mente mucho más disponible para aprender».
La concentración también depende de las condiciones en las que se llega al momento de estudiar. Después de varias horas de colegio, mantener de nuevo una atención sostenida puede resultar difícil sin un tiempo previo de desconexión. Así, afirma Aiora Larrañaga que «el deporte puede ser un gran aliado de la concentración porque permite a los niños hacer una pausa real de las demandas académicas y canalizar parte de su energía y tensión. Después de varias horas de colegio, pretender que un niño o niña llegue a casa, se siente inmediatamente y mantenga otra vez una atención sostenida durante mucho tiempo no siempre es realista. Necesitan movimiento, descanso y desconexión».
Aprender a parar
Según explica la psicóloga, «el deporte puede convertirse en un espacio de descarga y regulación emocional pero, además, especialmente cuando se practica en grupo, puede aportar sentimiento de pertenencia, relaciones sociales, diversión y un entorno en el que el niño puede sentirse competente fuera de lo estrictamente académico.
Precisamente por ello, Aiora Larrañaga advierte de un riesgo especialmente relevante en unas semanas en las que las familias están decidiendo las extraescolares del curso. «Eso sí, es importante no convertir también el deporte en otra fuente de exigencia. Si queremos que ayude a reducir la ansiedad, tiene que existir espacio para disfrutar, equivocarse y pasarlo bien, no únicamente para competir o conseguir resultados», concluye.
El descanso forma parte del mismo equilibrio. La actividad física regular puede favorecer unas buenas rutinas de sueño y, según recuerda la especialista, dormir bien está directamente relacionado con la atención, la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional, «por eso, cuando hablamos de mejorar el rendimiento académico, no deberíamos pensar únicamente en deberes, técnicas de estudio o más horas delante de los libros. Dormir, moverse y tener tiempo para desconectar también forman parte del aprendizaje».
