Publicado: agosto 18, 2026, 9:00 am
«Me dices que no quieres nada serio conmigo, pero prácticamente hablamos todos los días». Con esta reflexión, la psicóloga Paula Orell describe una situación que muchas personas identifican en sus relaciones afectivas: la contradicción entre lo que una persona afirma querer y la forma en la que realmente se comporta. A lo largo de su intervención en un vídeo de redes sociales, expone cómo esa falta de coherencia puede generar confusión y llevar a que una de las partes asuma una responsabilidad que, en realidad, es compartida.
La psicóloga plantea un ejemplo muy concreto. La otra persona asegura que no busca una relación seria, pero al mismo tiempo mantiene conductas propias de un vínculo estable. «Me has presentado a tus amigos, me cuentas tus movidas, tus cosas íntimas, hablamos de planes para hacer juntos dentro de tres meses y me dejas caer que no te gustaría que me estuviera viendo con otras personas. Vamos, que me estás pidiendo exclusividad«, dice. Es decir, las acciones transmiten un mensaje diferente al que expresan las palabras.
Nada de responsabilidad afectiva
Desde la psicología de las relaciones, esta falta de congruencia puede provocar incertidumbre. Las personas no interpretan un vínculo únicamente por lo que escuchan, sino también por los comportamientos que observan. Cuando ambos mensajes no coinciden, es habitual que aparezcan dudas sobre el lugar que cada uno ocupa dentro de la relación y sobre las expectativas que pueden construirse.
En ese contexto, Orell explica lo que suele ocurrir: «Y cuando te digo que me siento confundida con esto que tenemos, me dices que tú me has dejado claro que tú ahora mismo no quieres nada serio, que tú ya me avisaste de esto y que he sido yo la que ha decidido seguir quedando», expone. La consecuencia inmediata es que la otra persona termina cuestionándose a sí misma.
«Y yo en ese momento pienso, ‘es verdad, es que él me lo ha dicho claro’. Entonces soy yo la que por la cara me estoy haciendo ilusiones. Entonces el problema es mío», va diciendo la psicóloga en su cuenta de Tik Tok, en cuyo video muchas personas se han sentido identificadas, especialmente mujeres. Según insta, este razonamiento puede llevar a invalidar las propias emociones, aceptando como un fallo personal una confusión que también está siendo alimentada por la conducta del otro.
Las palabras importan pero los actos más
Sin embargo, la reflexión cambia cuando analiza la situación en su conjunto: «Pero después pienso, perdona, yo no estoy confundida por la cara. Él diciendo claramente una cosa y haciendo claramente otra, no está siendo coherente, por eso yo me siento así». En este punto, Paula Orell pone el foco en la importancia de valorar tanto el discurso como los hechos. La coherencia entre ambos constituye uno de los pilares fundamentales de una comunicación afectiva sana.
A partir de esa idea, la experta en psicología introduce el concepto de responsabilidad dentro de la relación: «Y entonces me di cuenta que él estaba haciendo conmigo lo que le daba la gana, de una forma muy sutil, que es difícil darse cuenta, pero estaba haciendo conmigo lo que le daba la real gana. Y encima no estaba cogiendo su parte de responsabilidad«. Su reflexión no gira en torno a obligar a alguien a comprometerse, sino a asumir que las propias acciones tienen un impacto emocional sobre la otra persona.
La psicóloga también reconoce el papel que puede desempeñar el deseo de mantener ese vínculo. «Y yo, por el deseo de estar con él porque me gusta, lo estaba permitiendo”. Desde la perspectiva psicológica, este tipo de dinámicas pueden favorecer relaciones ambiguas en las que una persona permanece esperando que la otra termine de definir qué quiere. «Estaba esperando a que tú decidieras si quieres o no estar conmigo. Y yo no quiero estar así. Yo justo lo que quiero es lo contrario», dice.
Finalmente, Paula Orell concluye con una reflexión centrada en el amor propio y en los estándares que considera saludables dentro de una relación. «Que la persona que esté a mi lado sienta que tiene suerte de que yo la haya elegido y de que se preocupe por cuidarme para no perderme. Esto es lo que yo quiero para mí, porque es lo que también yo estoy dispuesta a dar». Su mensaje pone en valor la reciprocidad, la coherencia y el cuidado mutuo como elementos esenciales de un vínculo afectivo.
«Así que quizás tú todavía no lo tienes claro, pero yo hoy sí tengo claro que quiero que quien esté conmigo sea coherente, responsable y me cuide como merezco. Y si tú no eres esa persona, por mucho que me gustes, no me gusta cómo me estás tratando. Y ya está bien», dice a modo de cierre. La reflexión, por tanto, invita a recordar que las palabras son importantes, pero son los comportamientos sostenidos en el tiempo los que terminan definiendo la calidad de una relación.
