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«Descubrí que mi bienestar no dependía de estar perfecto»

Publicado: junio 7, 2026, 2:00 am

No existe una única forma de recuperar el bienestar. En ocasiones el cambio llega a través de ayuda psicológica, otras veces mediante construcción de nuevos hábitos o gracias a la capacidad de adaptarse a nuevas circunstancias. Los testimonios de Alejandro, Ana y Carlos, enviados a través del ‘Buzón del bienestar’ de 20bien, muestran cómo afrontar una enfermedad, una lesión grave o una situación de incertidumbre puede transformar la forma de entender la vida.

Alejandro (37 años), construir nuevos hábitos

Alejandro, vecino de Madrid, practicaba deportes de alta competición, triatlones y maratones cuando comenzó a experimentar síntomas de que afectaban a su energía, su capacidad cognitiva y su autonomía. «Durante mucho tiempo sentí que mi cuerpo ya no respondía como antes y que cada día era una incógnita», explica en su testimonio a través del buzón.

En su caso, los médicos asociaron una disautonomía de ambos sistemas nerviosos autónomos a una enfermedad neurodegenerativa. Además, tiene una cardiopatía dilatada y recientemente le implantaron un marcapasos.

«Al principio el ejercicio fue frustrante. Había días en los que me encontraba bien y otros en los que apenas podía rendir. Tuve que aprender a escuchar», recuerda. Según explica, el cambio más positivo llegó cuando comprendió que podía seguir construyendo hábitos adaptados a su situación. «Descubrí que mi bienestar no dependía de estar perfecto, sino de seguir construyendo hábitos que me permitieran vivir mejor dentro de mis circunstancias», afirma.

Lo más difícil de su proceso fue aceptar la incertidumbre. «Cuando tienes un objetivo deportivo, académico o profesional, normalmente sabes qué pasos debes seguir. Con un problema de salud no siempre ocurre así. Hay días en los que haces todo bien y aun así te encuentras peor», explica.

La experiencia le dejó una reflexión que resume buena parte de su proceso. «Durante mucho tiempo pensé que el objetivo era volver a ser la persona que era antes. Con el tiempo entendí que el verdadero reto era convertirme en la mejor versión posible de la persona que soy ahora».

A otras persona que estén pasando por una situación parecida les recomienda avanzar con lo que tengan cada día y confiar en el valor de los hábitos. «Los grandes cambios rara vez ocurren de golpe y suelen construirse a través de pequeñas decisiones repetidas durante mucho tiempo».

Ana (40 años), cuando la terapia marca la diferencia

La vida de Ana cambió cuando tenía 29 años y tuvo que permanecer dos meses hospitalizada a la espera de un diagnóstico. Ingresó con visión doble, neuritis óptica desde el bulbo raquídeo en el ojo derecho, entumecimiento y pérdida de fuerza en las piernas. Durante ese tiempo recibió varios ciclos de corticoides y tuvo que detener por primera vez una vida marcada por el trabajo y los estudios.

Fue entonces cuando su médico le obligó a parar y la derivó a una psicóloga. Además de la terapia individual, participó de una terapia grupal de mindfulness. «Me ayudó muchísimo», explica. Ana recuerda que uno de los momentos más difíciles fue pensar que su vida se había detenido de golpe. «Con 29 años se me cortó la vida tal y como la conocía», asegura.

Once años después de aquel primer ingreso, explica que sigue sin tener un diagnóstico definitivo. Durante este tiempo ha tenido recaídas, pero también ha podido formar una familia. «Ahora disfruto de mis 40 años con mis dos hijos», cuenta.

Entre los principales aprendizajes que extrae de esta experiencia destaca la importancia de la salud mental y de la forma en la que afronta las dificultades. «Aprendí que no debo dar nada por sentado, que mucho de lo que necesitas realmente lo marca tu mente, y que tú misma eres tu peor enemigo para enfrenar traumas», reflexiona. A otras personas que estén pasando por una situación similar les aconseja no rendirse. «Que no desistan. Que de todo se sale, y que se sale reforzada. Pequeños cambios hacen mucho bien».

Carlos, adaptarse a una nueva vida

Carlos, vecino de Alicante, sufrió un accidente por el que tuvo que ser operado de la columna. «Los médicos decían que no tenía esperanzas de que volviera a caminar», recuerda. Le extrajeron fragmentos de vértebra que se había instalado en el canal raquídeo y le implantaron una vértebra de titanio. En apenas 15 días tuvo que someterse a dos operaciones.

Tras recibir el alta comenzó una rehabilitación que se prologó durante un año y utilizó un corsé que le ayudaba a mantener la espalda. Actualmente asegura que puede hacer una vida normal, aunque convive con dolor diario y diversas limitaciones. «Aprendí que el ser humano tiene la capacidad de poder tener vidas diferentes y adaptarse a la situación», afirma.

También cambio su forma de valorar muchos aspectos de la vida cotidiana. «Lo que antes no le daba valor ahora lo tiene y lo que antes era un problema ahora lo gestiono de otra manera. Con apoyo y fuerza de voluntad vas asimilando tu nueva vida y cuando lo consigues te das cuenta de lo bueno que es estar vivo», asegura.

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