Publicado: junio 7, 2026, 1:00 am
Cada 7 de junio se conmemora el Día Mundial de Concienciación del Síndrome de Tourette, una fecha que busca visibilizar una condición neurológica que afecta principalmente a niños y adolescentes y que, pese a ser más común de lo que se pensaba, continúa rodeada de mitos y prejuicios.
Durante años, el síndrome de Tourette fue asociado casi exclusivamente con la emisión involuntaria de groserías o expresiones ofensivas. Sin embargo, especialistas advierten que esta manifestación aparece solo en una pequeña proporción de los casos.
El síndrome de Tourette es un trastorno neuropsiquiátrico que inicia antes de los 18 años y se caracteriza por la presencia de múltiples tics motores y al menos un tic vocal que persisten durante más de un año. Los síntomas pueden variar en intensidad, frecuencia y tipo, alternando periodos de mayor actividad con etapas de mejoría.
¿Qué son los tics?
Los tics son movimientos o sonidos repentinos, involuntarios y repetitivos. Aunque algunas personas pueden contenerlos por breves periodos, hacerlo suele generar una sensación de tensión que finalmente termina liberándose mediante el propio tic.
Los tics motores incluyen acciones como parpadear de forma repetitiva, hacer muecas, encoger los hombros o sacudir la cabeza.
Por su parte, los tics vocales pueden manifestarse mediante carraspeos, gruñidos o aspiraciones nasales o palabras emitidas de manera involuntaria.
También existen formas complejas. Algunas personas pueden repetir palabras ajenas, fenómeno conocido como ecolalia, o decir expresiones inapropiadas sin intención de hacerlo. En casos excepcionales, los tics pueden derivar en conductas autolesivas.
Los síntomas suelen intensificarse en situaciones de estrés o ansiedad o presión emocional.
Una condición más frecuente de lo que se creía
Actualmente se estima que entre el 0.4% y el 3.8% pueden presentar síndrome de Tourette. Los especialistas señalan que muchos casos pasan desapercibidos porque los síntomas son leves o se confunden con otros trastornos.
Además, la mayoría de los pacientes experimenta una disminución significativa de los tics durante la adolescencia o al inicio de la vida adulta.
El síndrome no afecta la inteligencia ni reduce la esperanza de vida de quienes lo padecen.
El estigma también provoca sufrimiento
De acuerdo con el artículo Relegados, los niños con síndrome de Tourette, publicado en 2024 por la Gaceta UNAM, el investigador de la Facultad de Psicología de la UNAM, Hugo Sánchez Castillo, advierte que el desconocimiento provoca que muchos niños sean estigmatizados, aislados socialmente o catalogados erróneamente como problemáticos.
El especialista explicó que los menores suelen sufrir al intentar controlar sus tics, ya que estos son difíciles o imposibles de detener voluntariamente.
«Al tratar de regular la conducta sufren mucho porque no es posible detenerla«, señaló.
Sánchez Castillo advirtió que, en México, los trastornos relacionados con la salud mental continúan siendo poco comprendidos, lo que favorece la discriminación hacia quienes viven con este tipo de condiciones.
Según explicó, algunos pacientes describen sensaciones previas a la aparición de un tic, como temblores o percepciones visuales, que funcionan como una especie de aviso antes del episodio.
¿Cómo se diagnostica?
No existe una prueba única para detectar el síndrome de Tourette.
El diagnóstico se basa en la evaluación clínica realizada por un neurólogo, quien analiza los antecedentes médicos y familiares, observa los síntomas y realiza una exploración física.
Para confirmar la condición, deben presentarse varios tics motores y al menos un tic vocal durante más de un año, aunque estos no necesariamente tienen que ocurrir todos los días.
En algunos casos, los médicos solicitan estudios complementarios para descartar otras enfermedades que puedan generar síntomas similares.
Especialistas también advierten que el síndrome puede confundirse con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), ansiedad o trastornos del espectro autista, por lo que un diagnóstico correcto resulta fundamental.
Tratamiento y apoyo
Aunque actualmente no existe una cura definitiva, la mayoría de las personas con síndrome de Tourette puede llevar una vida plena.
Cuando los tics interfieren con las actividades diarias, los médicos pueden recomendar tratamientos farmacológicos para controlar los síntomas.
Asimismo, el acompañamiento psicológico puede ser útil para afrontar el estrés, fortalecer la autoestima y manejar trastornos asociados como ansiedad, trastorno obsesivo compulsivo o TDAH.
Los especialistas recomiendan prestar atención a señales como aislamiento social, bajo rendimiento escolar o intentos constantes por ocultar movimientos involuntarios. Ante cualquier sospecha, lo más importante es buscar atención médica especializada y evitar castigos o regaños.
En el Día Mundial de Concienciación del Síndrome de Tourette, organizaciones y expertos insisten en un mensaje central: la información y la empatía son herramientas fundamentales para reducir el estigma y garantizar que quienes viven con esta condición reciban comprensión, apoyo y acceso oportuno a atención profesional.



