Publicado: mayo 8, 2026, 2:30 pm
Desde que saltó la noticia de que un crucero maldito , el MV Hondius , deambulaba por el Atlántico en busca de un puerto, hemos visto una y otra vez imágenes de roedores. En las Islas Canarias, a donde el barco holandés llegará este fin de semana, uno de los principales temores era que un ratón infectado pudiera saltar a tierra firme. Sin embargo, la clave que une a los fallecidos, contagiados y expuestos a la variante Andes del hantavirus (única en la que la transmisión entre humanos ha sido documentada) podría estar muy por encima de la superficie . La primera víctima falleció el 11 de abril, en plena travesía. Fue desembarcado casi dos semanas después en la isla de Santa Elena. Su esposa falleció en Johannesburgo, cuando trataba de regresar a su Holanda natal en avión. Aunque inicialmente sus nombres fueron censurados, una revista local de Haulerwijk (3.000 habitantes) deshizo el secreto al publicar en aquellos días el obituario de Leo Schilperoord y Mirjam Schilperoord-Huisman , de 70 y 69 años respectivamente. Los Schilperoord eran biólogos jubilados. Según ha podido reconstruir la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS) argentina, el equivalente al Instituto Carlos III, la pareja llevaba varios meses de viaje por el Cono Sur. En la literatura científica, Leo Schilperoord aparece en numerosos artículos científicos desde los años ochenta, a menudo junto a su esposa . Principalmente en todo lo que tiene que ver con las aves que habitan los humedales de Frisia, la región de Países Bajos donde ambos se establecieron como referencias en ornitología . Pero la pasión de Schilperoord, empleado en el laboratorio zoológico de la Universidad de Groningen, le llevó a menudo a los rincones más insólitos del planeta. Insólitos, al menos, para un turista corriente. Pero no para un ávido pajarero . El «bird-watching», afición compartida por muchos de los expedicionarios del MV Hondius, es mucho más que una afición. Los más avezados tienen su propia colección personal, con especies que van tachando una vez observadas, sus fetiches y sus retos que les llevan a la otra punta del mundo solo para poder ver a un avetoro, un flamenco enano o un charrán bengalí en su hábitat natural. El contacto con restos orgánicos (orina, heces) de un roedor infectado pudo haber sido el caso si la pareja de holandeses fueran los únicos afectados, pero como señala Craig Dalton, experto en Salud Pública de la Universidad de Newcastle, «el tercer caso no pertenece a la misma unidad familiar, por lo que la sospecha de la transmisión persona a persona crece». Una cohorte de turistas extranjeros, de alto perfil económico y con una actividad compartida. «Si los investigadores encuentran que esta persona», un alemán cuya identidad no ha trascendido, «compartió las mismas excursiones en Argentina, el brote podría ser explicado por una causa común», añade Dalton. Daniel López Velasco es uno de los 14 españoles dentro del crucero que prevé fondear frente al puerto de Granadilla el próximo fin de semana. Además de hijo del investigador Carlos López Otín, este asturiano de 38 años es uno de los especialistas más reconocidos en aves de España con casi 500 especies registradas. De hecho, es fundador de Ornis Birding Expeditions, una empresa que realiza viajes por todo el mundo en busca de rarezas. Todo esto explica también el inusual recorrido del barco: Islas Sándwich, Georgia del Sur, Santa Elena o el archipiélago de Tristán de Acuña, lugar desde el que hace dos semanas Martin Anstee compartía en el Instagram de Oceanwide Expeditions —la naviera propietaria del buque— las fotos de un rascón de la Isla Inaccesible, el ave no voladora más pequeña que existe en el mundo. Anstee, un expolicía británico devenido guía de expediciones, fue el primer contagiado en hacerse público y actualmente lucha por sobrevivir al hantavirus desde un hospital de Ámsterdam. El MV Hondius partió de Ushuaia el pasado 1 de abril . Desconocían que llevaban el diablo dentro, pero aunque los focos están rastreando los posibles contactos cercanos en Tierra del Fuego, el origen del contagio pudo darse mucho más arriba . Básicamente porque el hábitat del ratón colilargo, principal reservorio de la variante Andes del hantavirus suele estar en latitudes más septentrionales. Hasta donde las autoridades argentinas saben, el matrimonio neerlandés recorrió el país de arriba a abajo en busca de rarezas ornitológicas . El periodo de incubación del virus que portaban puede oscilar entre una y ocho semanas antes de provocar los síntomas que degeneran en un síndrome pulmonar prácticamente fatal, por lo que es muy difícil determinar, con la información disponible, dónde se produjo el contagio, dado que los Schilperoord cruzaron en coche de un lado al otro, desde Chile hasta Uruguay. Sí sabemos varias cosas. En enero, el Boletín Epidemiológico Nacional (BEN) argentino determinó que «con un total de 58 casos confirmados, el país se encuentra en el umbral de brote» por hantavirus. Aunque se encontraron casos en varias regiones del país, dos de ellas, «Salta y Jujuy registran la incidencia más alta ». Salta y Jujuy son las dos regiones más septentrionales de Argentina , limítrofes con Bolivia y Chile. O si se quiere ver de otra forma, con los Andes. También son las provincias con mayor riqueza de aves del país, y cuentan con parques nacionales como Calilegua o Baritú. Un auténtico paraíso para los «birdwatchers» o pajareros. En la rueda de prensa de este pasado jueves, el director general de la OMS Tedros Adhanom, confirmó que el matrimonio cruzó en dos ocasiones la frontera con Chile para enrolarse en este tipo de expediciones. También, en una fecha más reciente al embarque, estuvieron en Neuquén o Mendoza, regiones patagónicas tradicionalmente vinculadas a la variante Andes. Lo último que se sabe de los Schilperoord es que visitaron un vertedero en Ushuaia, otro lugar de congregación de aves… y de roedores. Aunque es tentador sumar dos y dos, en el rastreo epidemiológico la realidad nunca es tan sencilla , dado que el hantavirus no suele propagarse por latitudes tan meridionales. Desde su descubrimiento hace más de 30 años, Tierra del Fuego no ha registrado ningún caso.
