Publicado: septiembre 6, 2026, 3:00 am
Europa tiene mucho dinero. Los hogares mantienen alrededor de 10 billones de euros en depósitos bancarios y su tasa de ahorro alcanza el 14,7%, frente a poco más del 2,5% de las familias estadounidenses. El problema es qué ocurre después con ese dinero. La presidenta de la Unión Europea, Ursula von der Leyen, acaba de pedir que ese dinero deje de estar «perezoso» y se ponga al servicio de las empresas europeas. El problema es que Bruselas no decide sola dónde termina ese capital. En el mismo mercado en el que Europa busca financiar su industria, su defensa o su tecnología, están apareciendo emisores con balances más grandes, mejor calificación y una capacidad de atracción difícil de igualar.
No hace falta que un inversor español compre acciones en Wall Street ni que un fondo alemán cambie euros por dólares para financiar la revolución tecnológica estadounidense. Amazon y Alphabet ya acumulan cerca de 40.000 millones de euros en bonos dentro de los índices europeos de crédito y concentran casi el 10% de toda la nueva deuda corporativa no financiera emitida en euros este año. La demanda está llegando precisamente de algunos de los grandes bolsillos que Bruselas quiere movilizar.
En los doce meses terminados en marzo, los gigantes tecnológicos absorbieron el 15% del aumento de las tenencias domésticas de bonos corporativos denominados en euros, con especial protagonismo de fondos de pensiones y aseguradoras. ¿Queda dinero para todos? Esa es precisamente la pregunta que acaba de plantearse el Banco Central Europeo (BCE).
La misma tarta
Alphabet, Amazon, Microsoft y el resto de compañías tecnológicas necesitan cantidades crecientes de deuda para financiar centros de datos, chips, redes y electricidad, después de años en los que sus enormes flujos de caja les permitían depender mucho menos del mercado de bonos. El BCE calcula que las inversiones de estas compañías podrían superar el billón de dólares hasta 2028, una factura suficientemente grande como para cambiar el equilibrio entre quienes buscan dinero y quienes están dispuestos a prestarlo.
Amazon y Alphabet concentran casi el 10% de toda la nueva deuda corporativa no financiera en euros
Hasta ahora Europa ha digerido bien las primeras grandes emisiones, pero el BCE advierte de que los balances de los inversores no son infinitos. Si una aseguradora, un fondo de pensiones o una gestora aumenta su posición en bonos de Amazon o Alphabet, puede tener que reducir la de otra compañía para hacerles hueco. Es el conocido crowding out o efecto expulsión, aunque esta vez con una particularidad poco habitual. No sería el Estado desplazando a las empresas privadas, sino algunas de las compañías más poderosas del mundo compitiendo por el capital con otras empresas y, llegado el caso, con los propios gobiernos.
Si el volumen de ahorro disponible no crece al mismo ritmo que las emisiones, los nuevos bonos tendrán que ofrecer más rentabilidad para encontrar comprador. El BCE añade además otra posibilidad. Si los inversores creen que dentro de unos meses Amazon, Alphabet o Microsoft tendrán que pagar una prima mayor para colocar más deuda, pueden retrasar sus compras y exigir desde ahora mejores condiciones al resto de emisores. Una emisión futura puede empezar así a encarecer la financiación antes incluso de llegar al mercado.
Algunos emisores europeos ya han optado por retrasar o adelantar sus colocaciones para no coincidir con las grandes emisiones de Amazon, Alphabet o Microsoft y evitar así competir directamente por la misma demanda. El banco central no identifica a esas compañías, pero sí interpreta ese comportamiento como una señal de adaptación ante la llegada de volúmenes de deuda poco habituales al mercado europeo.
La presión puede aumentar por una razón que tiene poco que ver con las decisiones individuales de cada gestor. Cuanto más emitan Amazon, Alphabet o Microsoft, mayor será su peso en los índices de renta fija y más bonos tendrán que comprar los fondos pasivos y muchos gestores que utilizan esos índices como referencia. El dinero puede empezar a desplazarse hacia las tecnológicas estadounidenses casi de forma mecánica, simplemente porque su deuda ocupa cada vez más espacio dentro del mercado.
Las grandes tecnológicas ya no compiten únicamente con otras empresas por el dinero de los inversores. El BCE advierte de que sus bonos pueden convertirse también en una alternativa para algunos compradores tradicionales de deuda soberana, especialmente fondos de pensiones y aseguradoras que buscan elevada calidad crediticia y vencimientos largos. La consecuencia es bastante más seria de lo que parece, porque el mismo capital que puede financiar un centro de datos de Amazon es también el que necesitan Francia, Italia o España para refinanciar sus cuentas, así como la transformación industrial que Bruselas quiere acelerar. El problema es que el ahorro no distingue entre política industrial europea y centro de datos estadounidense. Busca rentabilidad, seguridad y liquidez.
