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Un estudio explica por qué los fumadores tienen menor riesgo de párkinson y no es por el tabaco

Publicado: septiembre 8, 2026, 4:05 pm

Que el tabaco mata es un hecho. El hábito de fumar eleva las probabilidades de cáncer de pulmón, cardiopatía isquémica, ictus y mortalidad por todas las causas, pero, paradójicamente, hay estudios observacionales que han vinculado a las personas fumadoras con un menor riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson . Hasta ahora se desconocen las causas de esta relación. Para averiguarlo, una nueva investigación, que publica este martes la revista ‘Jama Neurology’, ha analizado si es el monóxido de carbono , un gas tóxico e invisible que se produce al quemar el tabaco y entra en la sangre a través de los pulmones, el origen de esta asociación. Para ello, se ha seguido durante 12 años a más de 500.000 adultos de una cohorte poblacional china, fumadores y no fumadores. Los resultados muestran que el tabaquismo habitual se asoció con un menor riesgo de párkinson, a pesar de que sí aumentó el riesgo de otras patologías. Pero, como dato especialmente llamativo, entre las personas que nunca habían fumado, unos niveles más elevados de monóxido de carbono exhalado (el ser humano exhala pequeñas cantidades de forma natural) también se asociaron con una menor probabilidad de párkinson. De acuerdo con los autores, estos hallazgos demostrarían que el posible efecto protector estaría en el monóxido de carbono y no en el tabaquismo en sí. «Este hallazgo abre una posibilidad interesante y es que, quizá, una parte de la asociación entre el tabaquismo y el menor riesgo de párkinson no se deba exclusivamente a la nicotina o a otros componentes del tabaco sino que el propio monóxido de carbono pueda desempeñar algún papel. Durante mucho tiempo se ha considerado a la nicotina como una posible explicación de este efecto protector, pero los ensayos clínicos realizados hasta el momento no han demostrado que la nicotina sea capaz de frenar la progresión de la enfermedad», explica a ABC Ana Isabel Rodríguez Pérez, coinvestigadora principal del Grupo de Neurobiología Celular y Molecular de la enfermedad de Parkinson en el Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS-USC) y profesora titular en la Universidad de Santiago de Compostela. Para esta experta, el estudio tiene «varias fortalezas importantes», como un número muy elevado de participantes, un seguimiento prolongado y la consideración de numerosos factores que podrían influir en los resultados, como la exposición pasiva al tabaco, el uso de combustibles sólidos para cocinar, la actividad física o el nivel socioeconómico. «Además, los resultados encajan con observaciones realizadas previamente en modelos experimentales animales», apunta. En cuanto al papel de monóxido de carbono, la investigadora del CiMUS recuerda que, aunque es muy tóxico en concentraciones elevadas, «se ha observado que, a bajas dosis y cuidadosamente controladas, y esto es muy importante, puede activar mecanismos antioxidantes, antiinflamatorios, y neuroprotectores. Sin embargo, hay un mensaje que es fundamental dejar muy claro: este estudio no demuestra que fumar proteja frente al párkinson y, desde luego, no proporciona ninguna razón para empezar a fumar o para no abandonar el hábito tabáquico», advierte. El propio estudio confirma los graves efectos perjudiciales del tabaquismo al asociarlo con un mayor riesgo de cáncer de pulmón, enfermedades cardiovasculares, ictus y muerte prematura. La investigación también cuenta con algunas limitaciones: se trata de un estudio observacional, por lo que permite identificar asociaciones, pero no demostrar que exista una relación causa-efecto. «Además, el monóxido de carbono se evaluó en un único momento mediante dos mediciones consecutivas de monóxido exhalado de las que se obtuvo un valor medio. Y no es posible establecer con precisión cuál es el origen de ese monóxido de carbono», apunta Ana Isabel Rodríguez Pérez. En su opinión, los resultados de este trabajo «no tienen, por ahora, una aplicación directa en la práctica clínica, pero sí abren una vía de investigación muy interesante, que sería estudiar si el monóxido de carbono, administrado a dosis bajas, controladas, y seguras, podría tener algún potencial efecto terapéutico en la enfermedad de Parkinson. De hecho, esta posibilidad ya se está empezando a explorar», concluye.

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