Tristán, vecino de Bédar, siguió la evolución de las llamas desde su casa porque nadie le avisó del incendio: "Ya no me siento seguro aquí" - España
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Tristán, vecino de Bédar, siguió la evolución de las llamas desde su casa porque nadie le avisó del incendio: «Ya no me siento seguro aquí»

Publicado: julio 15, 2026, 2:07 am

«Después de lo que ha pasado, no me siento seguro aquí y no soy el único», cuenta a EL MUNDO Tristán Cau, vecino de Bédar, el pueblo en el que se encontraban las trece víctimas mortales del incendio que se originó en Los Gallardos. Es también uno de los muchos vecinos que dicen que no se enteró de que estaban evacuando la localidad y que describe como «caóticas» las primeras horas tras decretarse la alarma.

A pesar del esfuerzo de los voluntarios, de los concejales o de los alcaldes que, como el de Bédar, Ángel Collado, fueron puerta por puerta avisando del desalojo, hay vecinos que aseguran no haber recibido ninguna información ni de lo que tenían que hacer ni de a dónde se tenían que dirigir tras dejar sus casas.

En el caso de Bédar, situado en medio de la sierra, la salida del municipio es estrecha y muchos de los desalojados se vieron atrapados en mitad de un atasco, obligados a cambiar de dirección o a conducir en medio del humo y las llamas por rutas que desconocían. Algunos, como Jeffrey y Christine Kember se perdieron y otros tantos terminaron por dormir en el coche porque no sabían a dónde tenían que dirigirse.

Tristán siguió la evolución del incendio desde la terraza de su propia casa en el casco urbano de Bédar, cuenta a este diario mientras muestra algunas de las fotos y vídeos que él mismo realizó para documentar el avance del fuego.

El incendio comenzó sobre las 16.30 horas del jueves cerca de lo que los locales conocen como «la casa de Anita» y llegó rápidamente hasta algunas viviendas y diseminados del término municipal de Bédar, que tuvieron que ser desalojados. Entre ellos, El Albarico, Los Pinos y Serena. En un momento dado y cuando ya podía ver el fuego desde su terraza, «hubo una explosión fortísima y salieron llamas súper altas. Las chispas saltaron como meteoritos en todas direcciones y en cinco minutos el pueblo estaba rodeado de llamas por todos lados», relata.

Las llamas estaban muy cerca -añade- «pero nadie nos avisó» y en la calle en la que él vive, la mayoría de los vecinos permanecieron en sus casas, asegura.

A Christine y Michael Chard, fallecidos en el siniestro, sólos conocía de vista. Con Pedro Rodríguez -hasta el momento el único español fallecido en el incendio- y su mujer, Ana Sims, «tenía más trato» ya que acudía a su finca con regularidad para encargarse del mantenimiento de la piscina, explica.

Siempre soñó con reunir algo de dinero y poder comprar una de esas bonitas casas que de un tiempo aquí pueblan las colinas de zonas por las que «antes nadie se interesaba y ahora están de moda» como las de Las Yeseras o El Curato, en las inmediaciones de Sierra Cabrera, donde los Chard y los Rodríguez-Sims habían construido «con mucho esfuerzo» su hogar. Hoy ya no lo tiene tan claro. «Se me han quitado las ganas de golpe», comenta.

El fuego empezó a doce kilómetros de las casas del paraje de El Curato y llegó hasta ellas en poco más de una hora y media, explica Tristán, por lo que a su juicio «es imposible que avisaran a todo el mundo. No te da tiempo a ir casa por casa», dice señalando la de los Rodríguez-Sims.

El incendio y la muerte de varias personas a las afueras del pueblo, unos veraneantes y otros residentes, es el tema de conversación en la mayoría de los corrillos desde que se conoció la tragedia. «El que no conoce a alguien afectado, lo ha sido él mismo», dice Tristán, que insiste en que varios de los clientes para los que trabaja «no fueron avisados y se marcharon porque vieron las llamas».

La versión que ofrece este hombre, que llegó a Bédar con 13 años y hoy tiene 27, y la que refiere respecto a sus clientes coincide con la que ha dado Thomas-Wolf, hijo de Stanislas Verdonckt, un ciudadano belga de 63 años que pereció en la rambla de la muerte, y también con la que ha ofrecido Jerome Navarro, el único superviviente de los que quedaron atrapados en un camino de tierra sin salida en El Curato.

Thomas-Wolf explicó en una entrevista a Reuters que había hablado con su padre minutos antes de que huyera y asegura que ni Stan ni el grupo de personas con el que se encontraba recibieron orden de evacuación o aviso para permanecer en la vivienda. «No desobedecieron ninguna orden porque nunca recibieron ninguna», afirma en declaraciones a la agencia de noticias francesa.

En términos similares se ha manifestado Jerome, que si bien logró salvar la vida al saltar por un barranco, ha perdido en el incendio a su mujer, Stephanie, quien optó por ir con sus perros en el coche.

El alcalde de Bédar, varios concejales y otros tantos bedarenses como Matías, además de policías y agentes de la Guardia Civil, se echaron a la calle para avisar a sus vecinos del riesgo del fuego e instarlos a evacuar el pueblo y ponerse a resguardo. Lograron llegar hasta pedanías y diseminados y los vecinos se lo agradecen, dice Juan Francisco mientras toma un café y charla con otros parroquianos en el bar de Antonio.

Jeffrey y Christine Kember, jubilados londinenses residentes en Los Pinos de Bédar. Durmieron en el coche.

Jeffrey y Christine Kember, jubilados londinenses residentes en Los Pinos de Bédar. Durmieron en el coche.E.G.

Pero en el pueblo hay muchas viviendas aisladas a las afueras, alrededor de 200, y la mayoría con un acceso difícil a las que «seguro que les fue imposible llegar», dice otro.

«Hicieron lo que pudieron con los medios que tenían y nadie les puede echar en cara que no llegaran hasta la última casa, pero tampoco es de recibo que haya quien culpe a los propios muertos de desobedecer o de confundirse de camino cuando estaban en mitad del fuego», añade un tercero.

Tras saberse de las muertes, las autoridades se apresuraron a indicar que los fallecidos no habían hecho caso de las advertencias oficiales y que perecieron porque escogieron una vía equivocada que los llevó a un camino de tierra sin salida.

También han insistido las autoridades en que no habría sido conveniente enviar un Es-Alert porque su envío habría causado un caos mayor. La polémica está servida. Los vecinos de Bédar valoran el esfuerzo de su alcalde, pero no entienden que haya quien señale a los que han perdido la vida y no se pueden defender de ser imprudentes y de no tomar la mejor decisión en un momento de angustia y nerviosismo.

Los cambios en la dirección del viento y la fuerza con la que soplaba hicieron de este un incendio muy rápido y en muchos de los núcleos urbanos afectados, los desalojos se convirtieron en un caos. Los Kember son testigos de ello. Este matrimonio de jubilados londinense estaba viendo la televisión en su casa en Los Pinos cuando oyeron una alarma que los alertó. Salieron a toda prisa, cada uno en su coche. Christine se llevó a sus tortugas pero se olvidó el móvil. Se perdieron de vista y se separaron. Jeff se vio conduciendo entre humo negro, ceniza y llamas y Christine terminó abandonado su vehículo para ir con un vecino a buscar a su marido. «Nadie nos dijo hacia dónde teníamos que ir», dicen, así que una vez que se encontraron terminaron pasando la noche en el coche. No fueron los únicos, muchos extranjeros, ajenos al idioma y sin información de primera mano, se vieron pernoctando en su automóvil la primera noche.

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