Publicado: julio 13, 2026, 1:07 am

Dicen que nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena y en el caso de los incendios en España no puede ser más acertado. Cuando las llamas devoran miles de hectáreas y muchas personas pierden sus hogares, incluso la vida -como en el incendio de Los Gallardos (Almería) en el que han fallecido 13 personas-, nos llevamos las manos a la cabeza pensando en esos trabajos preventivos que no se han hecho y miramos a unos profesionales que el resto del año no son noticia (o incluso están en el paro): los bomberos forestales.
«No acabamos de entrar en la agenda política. Me gustaría que se hablase del tema sin que hubiera este tipo de tragedias porque es lo de siempre, vamos tarde y vamos por detrás«, se queja Carlos Martín, jefe de cuadrilla y representante sindical por CCOO en la Brigada de Refuerzo de Incendios Forestales (BRIF) de Prado de los Esquiladores, en Cuenca. Quizá por eso estos profesionales llevan años luchando por unas condiciones laborales dignas, desde el reconocimiento de la categoría profesional hasta los salarios o la temporalidad.
Como otras cuestiones en España, las competencias están transferidas a las comunidades autónomas, que deciden cómo gestionar sus montes y sus dispositivos. Pero el Estado cuenta con las BRIF, que son unidades helitransportadas altamente especializadas, como refuerzo nacional para cuando un incendio se complica. Pertenecen al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), aunque su gestión operativa está subcontratada a la empresa pública Tragsa.
Al decidir cada comunidad cómo gestionar, también las contrataciones se hacían bajo distintos epígrafes. «Éramos brigadistas, la mayor parte de la gente no estaba contratada como bomberos forestales, sino como peones de la caza, peón de apoyo a la silvicultura (o peón forestal), especialista forestal de transportado en mi caso…», apunta Martín, lo que los dejaba fuera de complementos de peligrosidad o toxicidad, entre otros. Hasta noviembre de 2024, cuando vio la luz la Ley Básica de Bomberos Forestales (Ley 5/2024) para intentar paliar esas diferencias entre CCAA y establecer unos mínimos. «Costó mucho sacarla, muchísimo. Yo llevaba detrás desde 2013 y salió muy recortada. Todo ha sido a base de mucha reivindicación», asegura Martín. Pero este avance histórico sigue sin ser un hecho porque muchas comunidades se resisten a aplicarlo.
«Aunque son competencias transferidas a las CCAA, la normativa laboral a nivel general todavía es competencia del Estado. Nos llama la atención que al Gobierno central le cuesta mucho, no termina de atreverse a homogeneizar y legislar ciertas cuestiones que deberían ser básicas y mínimas», subraya el delegado sindical.
Desprotección de los profesionales
¿Y cómo afecta eso a los bomberos? Martín explica que la Ley Básica de Bomberos Forestales contemplaba que se tenía que hacer un reglamento específico en materia de prevención de riesgos laborales que tendría que haber entrado en vigor en noviembre pasado «y todavía estamos esperando que salga a la luz». El retraso sigue dejando desprotegidos a los profesionales ante sustancias peligrosas. El delegado de CCOO recuerda que la Agencia Internacional sobre el Cáncer (IARC) calificó la profesión de bombero como potencialmente cancerígena. «Es por las sustancias a las que estamos expuestos, y el combustible y el humo forestal no es una excepción. Estamos luchando por implementar protocolos de desmovilización [para regresar seguros a su base, incluyendo la limpieza de los equipos], unos EPI más adecuados y otras medidas». Tampoco tienen reconocida ninguna enfermedad profesional (algo que aparece en la ley), «a pesar del tipo de trabajo que es», dice Martín.
«El problema principal que veo es el trabajar para empresas. Debería ser algo a nivel nacional y con un mismo protocolo para todos, porque las comunidades autónomas cada una hace y deshace a su manera», piensa José Pedro Hernández, capataz bombero forestal de la BRIF de Iglesuela del Tiétar (Toledo), quien coincide con Martín en que no se está cumpliendo la ley. «Para mí la solución está en que sea personal laboral bien del ministerio, bien de la junta o quien sea porque al final las empresas son las que se quedan con el dinero que dan los ministerios y precarizan el servicio a costa de precarizar en EPI, en formación, en los trabajadores… en un montón de cosas». «Tratan de sacar beneficio. De hecho, por ejemplo en Andalucía se ha hablado sobre la intención de privatizar el servicio«, apunta Martín.
Hernández recalca que no quiere entrar en cuestiones políticas, pero «es un hecho que las comunidades que peor funcionan son las que están gestionadas por el Partido Popular y ahora mismo con Vox en su coalición, que han reducido en medios de extinción invirtiendo en otras cosas como festejos taurinos. De ahí viene el famoso en redes ‘que vayan los toreros a apagar los fuegos'». El capataz pone como ejemplo de mal funcionamiento a Castilla y León, donde han sido «la mayoría de los grandes incendios y no han mejorado el dispositivo». «Es de las que peor funcionan y no por los profesionales, que tienen incluso temporalidad (despiden a la gente en otoño), no reciben formación ni la suficiente equipación. Andalucía y Extremadura también han reducido en inversión. En Comunidad Valenciana se potenció en su momento, luego con el gobierno de Mazón se redujo, pero con la DANA vieron que habían metido la pata y volvieron a potenciarlo y ahora mismo sería la comunidad que mejor estaría«, detalla.
Castilla-La Mancha funciona bien «porque aprendieron la lección a raíz de la muerte de los 11 de Guadalajara [el incendio en Riba de Saelices en julio de 2005 que arrasó más de 13.000 hectáreas y en el que murieron 11 miembros del retén de bomberos de Cogolludo], que es lo que empezó a cambiar todo esto, y a partir de ahí crearon la empresa pública Geacam y su dispositivo evoluciona», agrega Hernández. «Nosotros en las BRIF podríamos mejorar muchas cosas, pero no estamos mal». Son los compañeros que trabajan en los dispositivos de las CCAA los que salen peor parados, como se refleja también en otras condiciones laborales y en los sueldos. «En general, también los salarios suelen ser muy bajos. Arrastramos una dinámica de una profesión completamente desregulada«, señala Martín.
El delegado sindical indica que también se tienen que regular los tiempos de trabajo porque en las BRIF tienen horarios «más o menos asumibles», pero hay dispositivos que los tienen trabajando 24 horas, recalca. «La mayoría de las CCAA arrastran unas exigencias a nivel de estar de guardia localizable en menos de 30 minutos, cualquier día de la semana y a cualquier hora, sin apenas garantizar tiempo libre para que el trabajador no tenga que estar pendiente de su teléfono», indica Martín, que denuncia el insuficiente personal para cubrir las 24 horas los siete días de la semana. En ese sentido, se está reivindicando un tercer turno, porque normalmente este servicio se da con dos turnos. En las BRIF se hace con tres, pero en la mayoría los hacen con dos: un turno que lo tienen, entre comillas, descansando pero disponible y otro turno que está en la base. Haría falta un turno que pueda verdaderamente disfrutar de tiempo libre de verdad».
El jefe de cuadrilla de Cuenca indica que Andalucía no es una excepción. «A día 1 de junio faltaban por incorporarse a sus unidades, al menos, 300 bomberos. Muchas unidades que deberían tener siete componentes están con cuatro. Que las unidades no estén completas también repercute en la seguridad. Tenemos que trabajar bajo un protocolo que se llama OCEL: Observación y Comunicación de todo lo que sucede en el incendio con una ruta de Escape hacia un Lugar seguro. Si no tienes una dotación completa, es más difícil cubrir toda la cadena porque la persona que está observando y comunicando la situación no está moviendo mangueras o lo que sea. Que las unidades estén infradotadas también influye en la seguridad y en la capacidad de respuesta. ¿A esto se le da la suficiente importancia? Entendemos que no y pretenden que avances de cualquier manera».
Martín explica que el día 29 de junio los bomberos forestales se manifestaron a las puertas del Ministerio de Trabajo «para exigir que de una vez saquen los reglamentos que derivan de la Ley Básica de Bomberos Forestales, que tienen que intentar acordarlos con las comunidades autónomas». Según el delegado sindical, las CCAA no quieren que se regule ni que se normalice nada. «De hecho, lo que nos han trasladado es que están avanzando con el reglamento de prevención de riesgos laborales, pero de la limitación de los tiempos de trabajo no van a sacar nada. Y sobre el reconocimiento de enfermedades profesionales, que lo que establece la ley es crear una comisión al efecto para evaluar y posiblemente identificar enfermedades profesionales de este trabajo, ni siquiera se ha dicho nada. O sea, que parece que eso está completamente parado y nos tocará seguir exigiendo».
Formación escasa
Con este panorama cabe preguntarse si al menos se dota a estos profesionales de los medios adecuados para realizar su labor. «Pues a veces sí y a veces no, y también depende de lo que se invierta por parte de los dispositivos», indica Hernández. «¿Las herramientas están? Sí, pero no todo lo que esperaríamos tener. Aunque la herramienta principal es la formativa«, subraya el capataz de la BRIF de Iglesuela. Martín explica que a través de la Ley Básica intentan que se defina y estructure el tiempo y contenido mínimos de formación exigible, además de prácticas sobre el terreno, «porque hasta ahora todo son recomendaciones».
«Esto vuelve a incidir en las unidades: nuestra unidad BRIF son 14 bomberos como mínimo por normativa: 14 bomberos forestales, dos capataces y un técnico, que vamos en dos helicópteros (siete bomberos en cada cuadrilla). Si en ese grupo hay dos o tres personas que son nuevas, que están aprendiendo, se pueden ver integradas por la gente más veterana. Solo tienen que seguir el ritmo de lo que ven a su alrededor y eso les da mucha tranquilidad, de hecho, lo expresan así. Pero si en una unidad que debería ser de siete (como en algunas CCAA) este año solo hay cuatro y dos de ellos son nuevos… De ahí la importancia de la experiencia. Además, sabemos que hay sitios en los que con cinco horas de teleformación a través de una plataforma están habilitando a compañeros para intervenir en incendios forestales, sin prácticas y sin clases presenciales», desarrolla Martín.
Hernández lo hace extensible a las cadenas de mando. «Hay agentes forestales que son directores de extinción que no tienen ni idea de incendios forestales y que han visto un incendio forestal solamente en la televisión o una vez al año y esos son los que te mandan en un incendio. En EEUU tienen un modelo más avanzado en el que la gente más veterana y experta es la que gestiona el incendio forestal». Y remata: «La profesionalización se hace a base de formación. Vivimos en el país de los chiringuitos: aquí hay empresas privadas que se dedican a la formación que verdaderamente se están lucrando porque tienen contacto con el de turno que sea de la junta, del ministerio… Muchas veces veo cómo eso se camufla con horas de trabajo que no son horas reales de formación».
Por último, como sucede en otras profesiones, el sistema actual expulsa a los profesionales más experimentados en vez de aprovechar su conocimiento. Los bomberos forestales se someten anualmente a estrictos reconocimientos médicos y pruebas físicas. Si no las superan, se ven «en la calle porque no se ha establecido en muchos dispositivos adecuadamente poder reciclarte o realizar otro tipo de labores dentro del operativo», se lamenta Martín. Un bombero de 50-55 años es muy valioso para esas labores de formación tan necesarias, a otros compañeros y como concienciación ciudadana en colegios, centros de mayores y zonas rurales.
«En el propio incendio pueden hacer labores logísticas muy importantes, como el avituallamiento o el traslado del personal. Como brigadas helitransportadas el helicóptero se va cuando se pone el sol y a menudo somos un problema porque si hemos ido desde Cuenca hasta Almería, como los compañeros que fueron el viernes, ¿quién nos recoge? Este tipo de personal podría recoger a los compañeros e implementar protocolos de desmovilización para podernos quitar el EPI y no irnos con todos los hidrocarburos aromáticos policíclicos, los bencenos, los formaldehídos y todas las sustancias a un hotel donde una señora de la limpieza, que no sabe ni a lo que se está exponiendo, al día siguiente se encuentra con que ha pasado por ahí un bombero forestal y ha dejado todo aquello lleno de sustancias tóxicas y cancerígenas«, concluye Martín.
