Publicado: octubre 6, 2026, 10:07 am
Una llamada telefónica el domingo por la tarde. Así es como Pedro Sánchez comunicó a Felipe VI su decisión de disolver las Cortes y adelantar las elecciones. Una anomalía, pues los usos protocolarios hasta ahora hacían que el jefe de Gobierno se desplazara al Palacio de la Zarzuela para trasladar en persona al Rey su resolución sobre la fecha electoral. De hecho, Sánchez visitó Zarzuela en abril de 2024, después de sus cinco días de reflexión, para comunicarle que seguiría al frente del Ejecutivo. La llamada fue, pues, una rareza que coincidió con el viaje de Estado del Rey a Finlandia. Lo que provocó otro hecho insólito: que Felipe VI firmara el texto del adelanto electoral de forma telemática. El Rey, nada más aterrizar en Helsinki, rubricó el Real Decreto aprobado en un Consejo de Ministros extraordinario que a su vez forzó el retraso en la llegada del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, al país nórdico. El retraso en el Falcon que debía trasladar al ministro provocó su ausencia en el primer acto oficial del viaje.
La inestabilidad política y la crisis de las instituciones que atraviesa el mundo, la UE y España se ve rápido en las cifras que atañen a la agenda del Rey Felipe VI. En doce años de reinado, el Monarca ha vivido seis procesos electorales y diez rondas de consultas, más que su padre, Juan Carlos I, en 38 años como Jefe del Estado. Pero además, la Corona -máxima institución del Estado, marcada por la neutralidad- corre el riesgo de convertirse en un acicate político, sobre todo porque su agenda de precampaña tiene actos de importante relevancia institucional para el país.
Ayer, Don Felipe optó por la discreción en su primera aparición en Helsinki. Durante la recepción a la colectividad no hizo ninguna valoración de la situación política española. A falta de sus palabras hoy con el presidente, lo más señalado en la agenda es el 12 de octubre, celebración de la Fiesta Nacional. Don Felipe no pronuncia ningún discurso, pero los corrillos de la posterior recepción en el Palacio estarán marcados por la próxima cita en las urnas. Al día siguiente, los Reyes vivirán una jornada histórica, ya que será su primera visita a Ceuta y Melilla. Un viaje que Don Felipe aspira a que no sea excepcional y su presencia en las ciudades autónomas se normalice. Sin embargo, la instrumentalización de esa visita por parte de un PSOE en campaña parece un hecho consumado.
El Ejecutivo ya trató de restar responsabilidades en su papel de autorización sobre los movimientos de la Corona el pasado agosto. Después de que Vivas informara de que Felipe VI se había comprometido a visitar la Ciudad Autónoma, la portavoz del Gobierno, Elma Saiz, afirmó que el Rey no necesitaba el permiso para ir a las ciudades. Algo que no era real. De hecho, aunque el jefe del Estado ha expresado en numerosas ocasiones su deseo de visitar los dos enclaves autonómicos, hasta que no se produjo el pasado 30 de julio el cruce masivo de personas a nado el Gobierno no se tomó en serio esta petición.
La violación de la soberanía territorial, como lo calificó el propio Pedro Sánchez, ha sido probablemente el mayor error de cálculo del Ejecutivo, cuyas relaciones con Marruecos han sido complicadas desde la llegada del socialista a La Moncloa. Para resolver su crisis diplomática, Sánchez abandonó la tradicional neutralidad española sobre el Sáhara y abrazó la postura de Mohamed VI. Un movimiento que en Ceuta y Melilla se entendió como un pacto a cambio de seguridad.
La violación de la frontera demostró que Marruecos sigue teniendo la llave de la migración, y la situación que atraviesa Ceuta ha obligado al Gobierno a ceder y que los Reyes puedan visitar las ciudades. Sánchez presume de un hecho objetivo: es el único presidente que ha pisado Ceuta y Melilla. Y a partir del 14 de octubre, puede vender también como un éxito la visita de los Reyes, como el único que la ha conseguido. Obviando en su relato que el viaje se ha forzado por el asalto del Tarajal.

