Publicado: mayo 9, 2026, 8:07 pm

A los pocos días de embarcar en el MV Hondius, el ornitólogo y biólogo neerlandés Leo Schilperoord comenzó a encontrarse mal. Experimentaba fiebre, dolor de cabeza y diarrea mientras el buque de expedición navegaba por algunos de los enclaves más remotos del Atlántico Sur tras partir de Ushuaia el pasado 1 de abril con 88 pasajeros y 59 tripulantes de 23 nacionalidades a bordo. Lo que entonces parecía una indisposición más durante la travesía acabaría convirtiéndose en el primer caso asociado al brote de hantavirus declarado en el crucero.
Según informan distintos medios neerlandeses, Schilperoord, de 69 años y natural de Haulerwijk, empezó a presentar síntomas compatibles con el hantavirus a comienzos de abril durante la travesía. El 11 de abril sufrió problemas respiratorios y murió ese mismo día en el propio barco.
El cuerpo permaneció a bordo durante casi dos semanas, hasta que pudo ser desembarcado el 24 de abril en Santa Elena, una isla británica situada en mitad del Atlántico Sur.
Su esposa, Mirjam Schilperoord-Huisman, de 69 años, abandonó entonces el buque junto al cadáver de su marido. Poco después comenzó también a encontrarse mal.
La mujer desarrolló problemas gastrointestinales en Santa Elena y, ante el empeoramiento de su estado de salud, fue trasladada el 25 de abril a Johannesburgo, en Sudáfrica. Murió al llegar al hospital. Sin embargo, las autoridades sanitarias confirmaron posteriormente que padecía hantavirus. En el caso de Leo Schilperoord nunca llegó a realizarse una prueba diagnóstica, aunque la Organización Mundial de la Salud sospecha que también falleció como consecuencia del virus.
Los medios neerlandeses que siguen el caso describen a Schilperoord como un antiguo investigador científico y miembro activo de la comunidad local de Haulerwijk. También señalan que había estudiado en las universidades de Ámsterdam y Groninga. Varios artículos publicados en Países Bajos precisan además que inicialmente no se difundieron los nombres completos de las víctimas «por deseo de la familia».
Al igual que sucede con otros tripulantes del barco, como el gallego Ricardo Hevia, el matrimonio de jubilados neerlandeses contaba con una extensa actividad académica y publicaciones relacionadas con la ornitología, una afición presente incluso en sus esquelas mortuorias.
Tanto Leo como su esposa llevaban décadas vinculados al estudio y observación de aves migratorias y fauna ártica. Sus nombres aparecen en diversos artículos científicos y publicaciones especializadas en ornitología en Países Bajos sobre especies como la oca piquicorta, los patrones migratorios de aves del Ártico o el impacto de la actividad humana sobre colonias de gansos salvajes. Algunas de esas investigaciones fueron publicadas ya en la década de 1980 en revistas científicas neerlandesas de referencia y posteriormente citadas en trabajos académicos internacionales sobre aves migratorias.
Entre los medios neerlandeses se señala esta actividad como el posible foco original del contagio, de acuerdo con una de las hipótesis epidemiológicas que manejan investigadores y neerlandeses: que el matrimonio pudo contagiarse antes de embarcar en el MV Hondius, durante un viaje de observación de aves realizado en Argentina.
El brote detectado en el crucero deja ya al menos siete contagios confirmados y tres fallecidos. Además del matrimonio neerlandés, las autoridades han informado de la muerte de una pasajera alemana el pasado 2 de mayo. Un pasajero británico continúa ingresado en cuidados intensivos en Sudáfrica tras haber dado también positivo por hantavirus.
Las esquelas difundidas tras la muerte del matrimonio describen a Leo y Mirjam como una pareja muy vinculada a su entorno. En una de ellas se puede leer: «Con gran tristeza hemos tenido que despedirnos de Leo y Mirjam», mientras otra recuerda a ambos como «personas muy queridas» y agradece «todas las muestras de apoyo y condolencias en estos momentos difíciles».
