Cincuenta 'astronautas', circuito cerrado de TV y una burbuja "absoluta": la única cama de alto tratamiento que espera al hantavirus en Tenerife - España
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Cincuenta 'astronautas', circuito cerrado de TV y una burbuja «absoluta»: la única cama de alto tratamiento que espera al hantavirus en Tenerife

Publicado: mayo 9, 2026, 2:07 pm

Cincuenta profesionales, ocho habitaciones con esclusas, tecnología punta, mascarillas como de ataque nuclear, camillas-burbuja, un protocolo militar para ponerse y quitarse una EPI como de astronauta, y un generador propio anti apagones. Todo, para un solo y único paciente. Para una sola cama.

Es la infraestructura de la Unidad de Aislamiento y Tratamiento de Alto Nivel (UATAM) del Hospital de la Candelaria, en Tenerife, que espera a los 147 pasajeros del MV Hondius, potencialmente contagiados de hantavirus de los Andes -la única variedad del virus transmisible entre humanos-.

En principio, la idea es fondear el buque en medio de la rada del Puerto de Granadilla, a 15 minutos del hospital, y, después de chequear su salud, empaquetarles con la mayor diligencia hacia los aviones que estarán esperando por ellos en el aeropuerto de Tenerife Sur, a apenas 12 minutos del muelle.

Seguimiento crucero hondius

Pero -y esta historia va de peros- si sucediera que alguno de ellos llegara a Tenerife, desde Cabo Verde, enfermo, y requiriera hospitalización, acabaría aquí: en estas ocho habitaciones, que suponen un mundo aparte, y en las que medio centenar de profesionales (entre médicos, enfermeros, auxiliares y coordinadores) se dedicarían única y exclusivamente a un solo paciente.

¿Por qué sólo a uno? «Porque la atención es de tal nivel, que sólo se puede dedicar a una persona», explica Mar Martín, subdirectora médica del centro. Sólo siete hospitales en España tienen unidades como esta, «y todos tienen una sola cama, excepto el Gómez Ulla de Madrid, que es un hospital militar y tiene siete», cuentan.

El dicho reza que si quieres la paz debes prepararte para la guerra, y eso mismo rige en este caso: «Hacemos simulacros cada tres meses, y en este caso llevamos una semana haciéndolos constantemente», narra Martín. «Ahora mismo, en dos horas, hay otro».

La unidad, que se construyó en 2021, tras la crisis del covid, y se puso en marcha en 2023, no se ha usado todavía para un paciente de alto riesgo epidemiológico-aunque sí para otro perfil de paciente-, y no deja nada al azar. Los profesionales que trabajen en ella, en turnos de 12 horas, viven en una burbuja durante ese tiempo, encerrados en la segunda planta del centro.

El coordinador opera desde una sala con un centro de pantallas que escruta lo mismo las constantes del paciente que, sobre todo, las operaciones de los sanitarios para ponerse y quitarse los trajes EPI, «el momento más delicado y peligroso», del que depende la clave de todo esto: que el virus en cuestión no salga de estas paredes.

Unidad médica UATAM del hospital de la Candelaria de Tenerife.

Unidad médica UATAM del hospital de la Candelaria de Tenerife.JUAN GARCÍAARABA PRESS

«Para estas operaciones hacemos ejercicios de calentamiento, hay siempre un profesional supervisando al lado de quien se quita el traje, se observa la operación también por circuito cerrado de TV y se llega a tardar 20 minutos en quitarse uno de estos trajes», cuenta Mar Martín.

«Por ejemplo, las lazadas que se deben dar a los zapatos estás tasadas, cada movimiento está controlado completamente», narra. La sala en que los sanitarios se pondrán los trajes está controlada por cámaras (como todo el espacio), pero la de salida, donde se los quitan, es un espectáculo, parece un aeropuerto.

Hay líneas en el suelo para que el profesional siga un circuito en el que observe de forma rígida los protocolos, «para que jamás pueda tocar la superficie exterior del EPI», supervisado por otra persona y viéndose en un espejo.

La joya de este espacio cerrado por esclusas es, no obstante, «lo que llamamos la zona cero»: la estancia de la cama, rodeada de aparataje y respiradores, y con un laboratorio ‘in situ’ para que todo lo que deba analizarse del paciente «no tenga que salir jamás de este lugar», evitado la expansión del virus.

El lugar recuerda obviamente la peripecia de Teresa Romero, la auxiliar contagiada de ébola en el Instituto Carlos III de Madrid que, en 2018, después de que falleciera en el centro un religioso traído de África y aquejado del virus, se contagió muy probablemente al recoger el colchón en el que el hombre murió. Romero, la única persona contagiada de ébola fuera de África, superó el virus con un tratamiento límite, pero la Sanidad española aprendió del trance a extremar las condiciones de control de infecciosos graves.

Operativo de llegada de los afectados

«En todo caso», dice Mar Martin, «es muy importante que la gente sepa que nada de esto es parecido al ébola, que tiene riesgo biológicos 4, y un hantavirus tiene 3, y que tampoco se parece al covid, porque hasta donde sabemos la dificultad de transmisión es mucho mayor, porque la capacidad de réplica del virus es mucho menor que la del covid… Aunque, bueno, es cierto que los virus mutan, y eso también hay que observarlo».

Bien, una cama. Pero, ¿y si más de un pasajero del MV Hondius llegara con síntomas y requiriera esta asistencia? «Habría que desviarlo a otro hospital español. Aquí sólo podemos tener uno», explica Martín.

A la vez que esta crisis del hantavirus está permitiendo a los servicios sanitarios mostrar lo aprendido durante la crisis del covid, coincide también con estrecheces en las infraestructuras para la ciudadanía en general.

No pocos tinerfeños se quejan de los tiempos de espera en la Sanidad pública, que soporta además en toda Canarias unas 600 personas dependientes -más de 200 en La Candelaria, el mayor hospital del archipiélago- que ocupan regularmente camas en los hospitales «que en realidad no son para ellos, pero que administrativamente es imposible sacarles de ellas, o bien porque no tienen a dónde irse, o porque sus familiares no se hacen cargo de ellos», explican fuentes sindicales.

Esta situación se extrema con las necesidades de la llamada «población flotante», los turistas, que en los picos de gripe y en el verano estresa la capacidad del sistema, que «se rompe por las costuras». Unas costuras por las que nadie esperaba la enésima situación de exigencia, que llega en forma de crucero de lujo con un brote mortal de hantavirus desde Cabo Verde.

«Esperemos no tener que entrar en juego y que estas dependencias no necesiten ser utilizadas», cierra Martín, «pero si fuera necesario, estamos listos«.

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