Publicado: julio 12, 2026, 1:07 am
Sánchez vive del engaño. Su fin es su prolongación; su medio, la maquinación. En la víspera de la cumbre de la OTAN de Ankara dejó caer que pensaba mantener la confrontación y el tipo contra Trump. Tiene que colar en casa una mercancía distinta de la que coloca fuera: aquí su pacifismo sesentayochista de papel cebolla; allí, entre iguales que desconfían de sus maniobras, su disciplinado cumplimiento de las exigencias firmadas de inversión en Defensa. Su narrativa se sostiene en el alambre de los mínimos, sobre los márgenes interpretables y los números sin desglosar: se traviste entre gallito no alineado y leal y cumplidor burócrata bruselense. España ya alcanza -como si fuese mucho- el 2,1% del PIB destinado a inversión en Defensa, se escapa del foco y pelotón de cola, donde están Albania, Chequia y Eslovenia; aunque entre los gastos imputados incluya hasta las piruletas puestas en el cuenco del mostrador de entrada al Ministerio.
De nuevo, al final de la cumbre, Sánchez rubricó la aprobación de programas y partidas concretas. Las cifras se salieron del cubilete, Trump las cotejó a última hora y dio a Sánchez una semántica palmadita en la espalda: «Buen chico»; contumaz pero lo suficientemente hábil para calibrar el alcance de sus provocaciones. Hay algo revelador en el juego de máscaras con el que se maneja Sánchez: los medios progubernamentales y opinadores en nómina han pasado página en seguida. Costaba encontrar ya el viernes piezas o valoraciones sobre la posición de España en la cumbre de Ankara… ese trámite…, que no lo ha sido. La Moncloa repartió un argumentario según el cual su claque debía sostener que Sánchez «no introdujo ni anunció ninguna novedad» respecto de su posición; sintagma que vale para su parroquia de dentro y sus supervisores de fuera. Cierto, el humor de Trump es cambiante y tal… pero la faz de Sánchez, también.
Sánchez escamotea explicaciones al Parlamento y pelotea a Trump en el ‘backstage’
España no tiene Presupuestos desde 2023, pero Sánchez incrementa de forma opaca en más de 6.000 millones la inversión en Defensa. Hay una reforma pendiente de nuestro modelo parlamentario, quizás a través del artículo 29 de la Ley del Gobierno que obliga al Ejecutivo a someter sus actos a control de las Cortes. Se trataría de que el presidente compareciera ante el Parlamento inmediatamente después de cada cumbre internacional.
Sánchez escamotea explicaciones al Parlamento y pelotea a Trump en el backstage. Ahora le sale gratis porque ya se ha vaporizado su izquierda. Cómo estará el patio y cuánto ha cambiado la banda que Felipe González temía -es un decir- más a la izquierda anti OTAN, con todos sus artistas y cantautores pletóricos en las manifestaciones, que Sánchez a sus vasallos de Sumar. La cumbre de Ankara no existió y los compromisos se ocultan. El pueblo no va a revisar los contratos ni los gráficos. Su feligresía puede tolerar a Sánchez hablar de misiones de paz en un mundo hostil y de estrategia 360 grados… pero el oficialismo tendría difícil justificar los equilibrios si su escapista mentase flotas de transporte A400M, drones, imágenes por satélite, renovación de armamento o la colaboración de Indra con Santa Bárbara para incorporar tecnología estadounidense. Nuestro señor de la paz hace mutis por Trump.

