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La derecha, en su minuto 93

Publicado: octubre 11, 2026, 10:07 pm

Actualizado Domingo,
11
octubre
2026
–
00:09

La derecha lo tiene todo a favor. Todo no, en contra tiene a Sánchez y a su mastodóntico aparato de agit-prop; y la derecha sabe cómo se las gasta Sánchez e ignora hasta dónde puede llegar. Como lo ignora y lo ha sufrido, la derecha recela y duda; y cuando muestra sus titubeos Sánchez se crece. Además, Sánchez siempre llegará más lejos que la derecha en cualquier desafío institucional, incluido el recuento. La derecha está constituida por un partido con el más alto grado de institucionalidad de todo el espectro y otro radical, populista pero nacional y constitucional. La izquierda dominante hoy carece de institucionalidad. Dados los precedentes, ante tal descompensación, la derecha se obliga a mantener y equilibrar la compostura y la determinación.

Decíamos, la derecha tiene mucho a favor: una atmósfera de cambio o impugnación cultural -que incluye a los jóvenes-, dado que el rodillo woke ha llegado demasiado lejos, sus élites extractivas se exhiben sin pudor y el trasvase de votos del PSOE a Vox es todavía escaso pero no es marginal. Por otro lado, la derecha gobierna en la mayoría de las autonomías, donde no se han refutado sus políticas. Asimismo, PP y Vox han iniciado una nueva relación cooperativa o, al menos, no mutuamente destructiva. Lo cual es positivo para los dos, pues no genera disonancias ni distracciones en su electorado, al que le une más de lo que lo separa.

Vox ha caído en la cuenta de que la nueva relación le beneficia más que perjudicarle; y el PP ha dejado de creerse que le daña. «O Sánchez o yo», aseguró Feijóo en el Congreso del PP en 2025. Esa es la cuestión que se dirime el 29-N. En 2023, Sánchez únicamente ganó tiempo, que sus secuaces empeñaron en continuar con sus fechorías y Begoña Gómez empleó en perseverar en su triunfal promoción desde su coworking en La Moncloa.

Por su parte, Sánchez porfió en su particular disputa por el total sometimiento de su partido, que terminó acatando y celebrando con fervor evangélico la corrupción rampante. Sánchez tiene un complejo original y considera que sólo el partido puede apartarle del poder. Es otra baza a favor de la derecha: la presumiblemente próxima imputación del PSOE es un baldón en el durar de Sánchez. Así que por una vez Sánchez vacila. Eso lo vuelve doblemente peligroso, pero la duda ya ha cambiado de bando. Sánchez no tiene el control. No ha convocado cuando ha querido sino cuando la oportunidad se lo ha permitido porque carecía del dominio de los tiempos.

Así pues, la derecha tiene la agenda a favor: corrupción -incluidas las joyas de la infamia-, mafia y Ceuta -que es también inmigración-. Sánchez se empeña en la difunta Maricarmen, pero el electorado de la derecha está lo suficientemente maduro para escapar del marco mental precocinado por la izquierda. Hablar de vivienda requiere referirse, por este orden, al sagrado derecho a la propiedad y la seguridad jurídica, salarios, impuestos, suelo y precios de los materiales y empleo en la construcción. Un mercado dinámico se ajusta mejor a la demanda que un mercado intervenido, que además genera más corrupción y dinero negro.

La derecha tiene las encuestas a favor. No es tanto decir. Interpretarlas en función de los porcentajes por bloques es un error que oculta alguna carencia. El PP sigue estancado en 2023. A ese escollo se aferra Sánchez para durar poco en la oposición y mucho al frente del PSOE. Derogar el sanchismo es una obligación moral, ilusionar con una alternativa de «reconstrucción nacional», un reto más complejo que exige aliento y brío hasta el descuento.

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