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La amenaza nuclear de Rusia obliga a Europa a mirar su rearme ¿dónde están las armas?

Publicado: octubre 3, 2026, 4:08 am

¿Puede Europa estar gastando más que nunca en defensa y seguir sin tener las armas que necesita? La pregunta ha dejado de ser teórica esta misma semana. El pasado 30 de septiembre, Rusia advirtió formalmente a la OTAN de que podría recurrir incluso a armas nucleares si la Alianza intenta aislar Kaliningrado, el enclave ruso situado entre Polonia y Lituania que alberga importantes capacidades militares y cuya posición lo convierte en uno de los puntos más sensibles del Báltico. 

La escalada de tensión llega cuatro años y medio después de la invasión de Ucrania y cuando Europa ya ha abierto mucho más el grifo del gasto militar. Los Veintisiete gastaron 418.000 millones de euros en defensa en 2025, alrededor de un 75% más que en 2021, y la Agencia Europea de Defensa calcula que esa cifra puede alcanzar los 454.000 millones este año.

Con semejante aumento, lo lógico sería pensar que Europa dispone hoy de muchos más medios para defenderse que cuando comenzó la guerra. Sin embargo, ocurre justo lo contrario en algunas de las categorías más importantes. La consultora McKinsey calcula, a partir de datos del International Institute for Strategic Studies, que el stock total de equipamiento militar de los países europeos de la OTAN sigue por debajo del nivel de 2021, después de las entregas a Ucrania, la retirada de sistemas antiguos y los largos plazos de entrega de los nuevos pedidos. 

El continente sigue teniendo menos obuses de 152 y 155 milímetros, menos aviones de combate tácticos y menos submarinos que antes de la invasión, mientras mantiene importantes carencias en inteligencia, vigilancia, defensa aérea y capacidad para atacar a larga distancia. 

Quince tanques, un problema

El dinero está creciendo mucho más rápido que las armas y una de las razones aparece cuando se compara cómo compran Europa y Estados Unidos. Los ejércitos europeos utilizan alrededor de 15 modelos distintos de carros de combate, frente a uno principal estadounidense, 27 tipos de obuses frente a dos y 26 modelos de fragatas y destructores frente a cuatro. Según McKinsey, esa fragmentación hace que las fuerzas europeas de la OTAN operen con más de cuatro veces la variedad de sistemas que Estados Unidos.

Mantener tantos modelos significa fabricar series más pequeñas, repartir los pedidos entre más compañías y sostener cadenas distintas de repuestos, mantenimiento y formación, justo cuando los gobiernos necesitan hacer lo contrario y producir mucho más en mucho menos tiempo. Esa dispersión ayuda a explicar por qué los presupuestos pueden crecer un 75% desde 2021 sin que los arsenales lo hagan al mismo ritmo.

Tener tantos modelos distintos sale caro y complica mucho las cosas. Hay que fabricar menos unidades de cada uno, comprar piezas diferentes, mantener cadenas de suministro separadas y formar a los ejércitos para manejar sistemas que muchas veces ni siquiera son compatibles entre sí. Justo lo contrario de lo que Europa necesita ahora, que es fabricar más y más rápido.

La forma más evidente de fabricar más y abaratar costes sería que varios países compraran juntos los mismos sistemas, pero cuando Europa ha intentado hacerlo los intereses nacionales han complicado muchas veces el resultado. 

El FCAS, el gran proyecto impulsado por Francia, Alemania y España para desarrollar un caza de sexta generación, nació precisamente con esa idea y un presupuesto que rondaba los 100.000 millones de euros, pero las disputas sobre qué país fabrica cada parte, quién controla la tecnología y cómo se reparte el trabajo han ido acumulando retrasos hasta poner en duda el calendario previsto.

Y mientras algunos de esos grandes programas avanzan con dificultad, los pedidos siguen entrando mucho más deprisa de lo que la industria puede entregarlos. Rheinmetall cerró junio con una cartera de pedidos y acuerdos marco de 80.500 millones de euros, frente a 56.000 millones un año antes, Leonardo acumulaba otros 56.800 millones y Saab recibió solo entre abril y junio encargos por 68.393 millones de coronas suecas. Son ventas futuras, no armas disponibles hoy.

Europa llega tarde dos veces

Y ahí aparece un segundo problema. Europa todavía está esperando buena parte del material que empezó a encargar tras la invasión mientras la guerra ya está cambiando qué tipo de armamento necesita. Los primeros años obligaron a reponer munición, vehículos y sistemas convencionales, pero Ucrania ha convertido la defensa aérea, los drones, los radares, la inteligencia, la vigilancia y los ataques de largo alcance en prioridades mucho más urgentes. El continente corre así el riesgo de llegar tarde dos veces, primero porque tarda años en recibir lo que compra y después porque parte de sus necesidades militares cambia antes de que esos pedidos hayan llegado.

Ese desplazamiento del gasto empieza además a modificar qué empresas están mejor colocadas para captar la siguiente oleada de contratos. Rheinmetall mantiene una fuerte exposición a munición, vehículos y defensa antiaérea, mientras Leonardo, Saab, Thales o Hensoldt tienen más peso en electrónica, sensores, radares y sistemas de vigilancia, precisamente algunas de las áreas donde Europa sigue mostrando mayores carencias.

La próxima fase del rearme europeo se juega así en capacidades que todavía no están disponibles en la cantidad necesaria y que tardarán años en desplegarse por completo. Rusia acaba de elegir Kaliningrado para volver a recordar hasta qué punto pueden importar esas carencias. 

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