Publicado: mayo 17, 2026, 10:07 pm

La segunda mayoría absoluta consecutiva era una hazaña y los 55 escaños providenciales no se aparecieron por San Telmo. Juanma Moreno, acostumbrado a pulverizar registros con su bandera de «centralidad», se ha quedado en los 53 escaños. Un resultado excepcional, impensable para el PP andaluz en cualquier otro momento de su historia, pero que tiene un inevitable sabor a triunfo a medias.
Una vez más, la gestión de expectativas. Fue el propio Moreno el que puso el listón en la mayoría absoluta, porque lo contrario sería meterse en un «lío». La fórmula que encontró para calificar lo que supondría sentarse a negociar con Vox o con quien se preste a facilitar su investidura y darle cuatro años más de estabilidad a su Gobierno.
Lo de este domingo ha sido un ejercicio de realidad. En esta España multipartidista, si cinco partidos sacan más del 6% de los votos, como ha ocurrido, la mayoría absoluta es inalcanzable. La pelea por los restos no favoreció esta vez al PP porque no era viable que lo hiciera. Entre otras cosas, porque los populares se han dejado algunas heridas en este recuento, como esos tres puntos perdidos en Málaga, su gran feudo.
A diferencia de los casos previos de Extremadura y Aragón, aquí la potencial negociación con Vox puede establecerse en términos diferentes, porque Andalucía ha puesto también coto al ciclo virtuoso de Santiago Abascal. No ha habido esta vez espectacular subida, sino un quedarse casi como estaba y un escaño más, que en cualquier caso les sabrá a gloria, porque aquí también ha habido gestión de expectativas. Ha sido segundo en Almería, que era uno de sus grandes objetivos, y sobre todo ha conseguido ser decisivo. En ello le iba la vida. A su derecha, el persistente 2% de Alvise, más de 100.000 votos, se mantiene amenazante.
En la izquierda, el héroe se apellida Sánchez, pero no es el de siempre, sino uno nuevo. Lleva un José Ignacio García por delante y es el candidato de Adelante Andalucía, la escisión de Podemos que montaron Teresa Rodríguez y Kichi y que ha alcanzado casi el 10% de los votos. Suya es en gran parte la responsabilidad de que no haya habido mayoría absoluta del PP. La izquierda crítica con Sánchez al rescate. Una izquierda con entidad propia e inconformista que ha sabido conectar con un electorado huérfano y ha conseguido ser tercera fuerza en Sevilla y Cádiz.
Los dos socios del Gobierno, el PSOE de María Jesús Montero y la Por Andalucía (IU, Podemos, Sumar) de Antonio Maíllo, bajan del suelo al subsuelo electoral. En su mínimo histórico los dos, la situación es especialmente dramática para la candidata socialista. El PSOE ha perdido sus cuartas elecciones en cinco meses, por abultada distancia y en antiguos bastiones suyos. Y el peor resultado ha sido aquí, en Andalucía, adonde Sánchez había mandado a su número dos, de acuerdo a una consolidada regla política según la cual cuanto más te relacionen con él peor te va en unas elecciones.
Y sin embargo, el espíritu en Moncloa es de que hay partido. A un año de las generales, los partidos de la derecha han vuelto a arrasar (suman el 58% de los votos, incluyendo a Alvise), pero si Feijóo no consiguió gobernar tras sacar el PP mayoría absoluta en Andalucía, qué no podrá ocurrir ahora. Hay un nuevo partido en la izquierda que compite, lo que quiere decir que hay un electorado dispuesto a movilizarse bajo las condiciones adecuadas. Ya ocurrió algo parecido tanto en Aragón como en Extremadura. Corresponde al presidente del PP y la dirección de Génova gestionar esta situación envenenada en los meses que quedan de legislatura.
