Publicado: abril 23, 2026, 6:08 am

La reciente visita de Pedro Sánchez a China, la cuarta que realiza al gigante asiático en cuatros años, ha vuelto a poner el foco sobre las oportunidades que deparan a las empresas españolas al otro lado del mapa, y viceversa. Algunos, como Juan Dedeu, ya las vieron hace 40 años cuando emigraron a Hong Kong para, cuatro décadas después, observar desde una vista privilegiada el auge de las relaciones de su país natal con su tierra, como él mismo la considera.
Así, también, lo refleja su currículum. Quien fuera miembro fundador de la Cámara de Comercio Europea en Hong Kong y presidente de la misma institución española entre los 90 y los 2000 antes de ser nombrado representante en China de la Autoridad Portuaria de Barcelona y enlazar industrias como presidente de China Consultants, atiende a La Información Económica de 20Minutos en Shenzhen para trasladar su visión sobre el puente, cada vez más transitado, entre ambos países.
Está en una posición clave para analizar cómo han transitado y en qué momento se encuentran ahora mismo las relaciones institucionales y empresariales entre China y España.
Para España, China siempre ha estado lejos, en contraste con otros mercados como el sudamericano. Nosotros llegamos a Hong Kong en el 88 y, desde entonces, se ha transformado muchísimo. Antes Europa venía a fabricar a China; hoy China es un mercado de consumo de 1.400 millones de personas. Y esto no lo hemos sabido evaluar bien. Las relaciones han sido siempre correctas. Hemos tenido grandes nombres como Juan Antonio Samaranch, gran amigo de China. No hemos tenido grandes problemas. Pero el empresario español no asume el cambio: sigue viendo China como productor barato, y eso está obsoleto. Ahora es un gran consumidor de calidad. Muchas fábricas han movido producción fuera porque la mano de obra ya no es barata. Hoy, el nivel de vida es muy alto y aún no lo hemos asimilado.
«Sánchez es el dirigente europeo más oído y valorado en China»
Sánchez parece abanderar el acercamiento de la UE a China con su cuarto viaje en cuatro años. ¿Qué conclusiones extrae de este movimiento?
Creo que lo está haciendo bien. Europa hizo bien el euro y el mercado común, pero la Unión Europea no existe como debería. Falta unidad. Por eso cada país actúa por su cuenta. Sánchez es el dirigente europeo más oído y valorado en China porque está haciendo las cosas bastante bien a ojos chinos, que son los míos.
¿Ve usted un cambio real en la disposición de las empresas chinas a diversificar hacia Europa como consecuencia de la guerra comercial con EE.UU.?
Las empresas chinas nunca han tenido reparo en Europa. Cada vez buscan más socios en España y, a gran escala, en Europa porque necesitan diversificar el mercado: la producción es tan enorme que no pueden depender solo de un mercado, necesitan el mundo. Una de las autoridades que represento en China, el Puerto de Barcelona, es una referencia mundial y, ahora, con los coches eléctricos se está posicionando como una de las grandes puertas de entrada en Europa.
La importación española desde China ha registrado cifras récord en 2025 -por encima de los 50.000 millones- y ha venido acompañada de grandes planes de inversión de sus empresas. ¿Qué explica este auge?
España está cumpliendo su rol como enlace natural entre el mercado europeo y China. Si no hay problemas en Oriente Medio, los productos de China pasan por Suez, entran en el Mediterráneo y llegan a Europa. Pueden tocar Italia, Francia o España, y en esto España está muy bien posicionada. Los puertos del sur de Francia tienen problemas, mientras que España tiene buen nombre en recepción de producto y distribución hacia Europa.
¿Qué ‘feedback’ le transmiten las empresas chinas del giro de Bruselas hacia una Europa más proteccionista?
Los chinos, como se dice aquí, no pierden cara. Están escuchando todas las barbaridades que se dicen desde Europa, Estados Unidos o Sudamérica, y decidirán cuando toque. No se posicionan contra nadie, pero si España hace bien su trabajo y juega bien sus cartas tiene una oportunidad internacional única.
¿Son clave, entonces, los movimientos diplomáticos como el que está ejerciendo el Ejecutivo de Sánchez?
Muchísimo. Europa ha sido valorada por su cultura e historia, pero ahora empieza a serlo también por su forma de pensar. Estrategias como las de Sánchez están posicionando a Europa. China, en cambio, mantiene una visión política y económica mucho más rígida y eficiente, pero también valora mucho el posicionamiento internacional.
¿Cuáles son los principales atractivos que identifican las empresas del gigante asiático en el mercado español?
España está bien posicionada y ha hecho una gran labor en China, con lo que tenemos un terreno muy abonado. Las empresas logísticas tienen mucho recorrido; antes China pensaba en Países Bajos o Alemania, pero ahora España es clave por su posición geográfica y su transporte ferroviario. En cuanto a la importación española en China, hay sectores con mucho potencial como la alimentación. España debe ir a China y desplegar sus capacidades porque, lo que es evidente, es que China quiere socios en Europa y, a mi juicio, las empresas tienen que entablar puentes con China para conectar con el resto del continente. Esa es la gran oportunidad que tiene España.
¿Con que filosofía se toma China el seísmo geopolítico y comercial que ha originado el regreso de Trump a la Casa Blanca?
Los chinos, repito, no perdemos la cara. Hablamos cuando sabemos y callamos cuando no. Trump es un bocazas con mucho poder. Mi generación creó una sociedad internacional basaba en el entendimiento y el respeto, pero ahora manda quien tiene más poder. China no acepta eso, pero tampoco se precipita. Tiene poder, mercado y capacidad para resolver problemas, pero no habla antes de tiempo.
¿Y cómo afronta el impacto en el plano económico?
Esto no afecta solo en China, es algo que está ocurriendo en todo el mundo. Los consumidores estamos pagando la factura. China no está atacando a nadie, sigue coherente con su mercado y mantiene su apuesta por estar en Europa.
