Publicado: junio 25, 2026, 2:08 pm

Desde la firma del acuerdo marco sobre el conflicto en Irán, ha comenzado a tomar forma un realineamiento político mundial. Estados Unidos ha perdido parte de su atractivo, mientras que Irán ha recuperado capacidad de negociación e influencia en Oriente Próximo. Este fenómeno se ve agravado por las dudas de los países de la región sobre la conveniencia de delegar su seguridad en Washington. Por último, Israel, aliado de Estados Unidos en este giro de los acontecimientos, es el gran perdedor.
En otras palabras, el acuerdo marco, el Memorando de Entendimiento (MOU), concede a Irán lo que busca, mientras que la posición de Estados Unidos se ha deteriorado en comparación con la situación previa al conflicto, así como respecto a los objetivos esgrimidos para justificarlo.
Para Irán, la cuestión nuclear sigue sin resolverse, las ventas de petróleo estarán menos restringidas y podrían desbloquearse fondos congelados desde hace tiempo, además del fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares mencionado en el MOU. Asimismo, la reapertura del estrecho de Ormuz se convierte en un arma estratégica en manos de los mulás, que no dudarán en utilizarla en las negociaciones que ahora comienzan.
La incertidumbre, que aún no se ha disipado, dará lugar a una nueva configuración política con múltiples centros de poder. Oriente Próximo será, si cabe, aún más complejo y multipolar. Estados Unidos será un país poderoso más, ya no la potencia dominante, lo que favorecerá la aparición de nuevas alianzas.
A escala macroeconómica, lo que acaba de suceder no será neutral. Estados Unidos puede definirse internacionalmente a través de tres dimensiones: la diplomacia, la esfera financiera y la tecnología.
Su debilitamiento diplomático resulta evidente en el episodio iraní, pero también en la reducción del poder blando que ejerce. La sociedad estadounidense ya no inspira los mismos sueños; ya no representa el estilo de vida deseado. En este ámbito, China, a través de sus éxitos, alimenta las aspiraciones de los jóvenes, especialmente en los países emergentes. Así, el conflicto con Irán podría marcar un punto de inflexión diplomático.
Para mantener su ventaja histórica, no cabe duda de que el dinamismo financiero y la infraestructura tecnológica tomarán el relevo, desplazando el equilibrio de poder a favor del ‘Tío Sam’.
El dólar, las stablecoins y las salidas a Bolsa de compañías tecnológicas en la Bolsa de Nueva York aumentarán el atractivo de Estados Unidos. La exitosa salida a bolsa de SpaceX es un buen ejemplo de ello.
La tecnología otorga a Silicon Valley una ventaja significativa. Es previsible que se extiendan reglas de juego diseñadas en beneficio del ecosistema tecnológico estadounidense y que acaben condicionando al resto del mundo. El reciente caso de Anthropic constituye un primer paso en esta dirección. El aumento del precio de los tokens basados en inteligencia artificial también será una forma de otorgar a Estados Unidos una ventaja frente al resto del mundo.
La guerra en Irán puede haber terminado, pero el conflicto global no ha hecho más que empezar.
