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El colapso en la seguridad del Estado en la crisis de Ceuta deja la peor herencia: fallos en la protección de la frontera y desconfianza en Marruecos

7 de agosto de 2026.- El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, ha presidido esta mañana una reunión de coordinación, por videoconferencia, sobre la situación actual en la Ciudad Autónoma de Ceuta, en la que también han participado la ministra de Defensa, Margarita Robles; el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska; la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz; la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, y el secretario de Estado de Asuntos Exteriores y Globales, Diego Martínez.

Publicado: agosto 9, 2026, 1:07 am

El Gobierno «va a utilizar todos los resortes del Estado para garantizar la seguridad de los ceutíes», aseguró el presidente tras su visita a la ciudad autónoma. Pero la afirmación llegaba apenas unas horas después de que esos «resortes del Estado» hubieran fallado en garantizar la seguridad en suelo español. Cuando accedieron a Ceuta irregularmente 72.000 personas desde Marruecos, sucedió, en palabras de Pedro Sánchez, una «violación de la integridad territorial de España». Y nadie la pudo parar, pese a ser ésta la cuarta economía de Europa, con un gasto milmillonario en defensa y con una frontera definida y reconocida mundialmente.

«Hay muchas cosas que ocurren y no necesariamente tiene que haber una responsabilidad», dijo el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, tras el colapso que experimentó Ceuta, sobrepasada al ver duplicarse su población en solo unas horas. «Cosas» que, sin embargo, han dejado al descubierto grietas en los engranajes del Estado, la peor herencia de cara al futuro.

Acompañada, además, de un choque en el seno de la Unión Europea en el que el Gobierno español se ha visto cuestionado por Los 27 y enfrentado al más alto nivel con un socio clave: Italia. La reprobación del rumbo migratorio de Sánchez que expusieron 22 países, unido a que el choque escalara de lo político a lo institucional con Giorgia Meloni, dibuja un horizonte menos afable para que España se recupere de la crisis. Todo mientras la falta de respuestas sobre cómo pudo pasar mantiene viva, dentro y fuera, la duda de si se repetirá.

El Ejecutivo se ha esforzado en no exigir responsabilidades a quienes se encargan de asegurar la frontera. Marlaska sostuvo que «no hubo ningún informe» que alertara de la avalancha de personas que venía, pero a la vez ensalzó su «confianza» en el trabajo del CNI y cualquier otro servicio de Información español. Y el Gobierno también insistió en exculpar a Marruecos de lo sucedido, pese a que otras veces Rabat sí paró el éxodo masivo. Aunque Moncloa no ha querido depurar culpas, tampoco se ha escondido que, en Ceuta, falló la Inteligencia y también la confianza que España creía poder tener en su vecino.

El presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, viene insistiendo en sostener que advirtió al Gobierno de que el flujo de inmigrantes que cruzaban la frontera iba en aumento los días previos a la avalancha. Pero en el Ejecutivo han querido diferenciar aquel fenómeno -migratorio- y lo que ocurrió el 30 de julio -un «ataque a la integridad territorial»-. De esto, de que pudiera suceder «nada parecido a lo que ha acontecido», es de lo que no hubo aviso. Esto es: ninguno de los «resortes» del Estado advirtió al Gobierno de que 72.000 personas se dirigían a la frontera a la vez.

El señalamiento de Marlaska al CNI -aunque sin exigir responsabilidades- desencadenó un choque interno en el Gobierno cuando la ministra de Defensa, Margarita Robles, deslizó que también hay servicios de información que dependen de Interior. Pero, en todo caso, no negó que la Inteligencia que de su cartera depende, el CNI, no previera y alertara de la avalancha. Así, nadie desmiente, por ahora, que Información fallara.

Todo pese a que no es la primera vez en los últimos años que España ve amenazada su seguridad por una incursión masiva de personas en su territorio. Sucedió en 2021, a mucha menor escala –14.000 personas entraron en Ceuta desde Marruecos-, y aquella vez la embajadora de Rabat dejó claro que el país vecino sí había tenido que ver: «Hay actos que tienen consecuencias y se tienen que asumir», dijo a Europa Press, en una referencia velada a la acogida en España del líder del Frente Polisario. También fue presionado el Estado a través de una concentración masiva cuando, en 2019, Tsunami Democràtic congregó por redes a miles de personas para bloquear el aeropuerto de El Prat. Salvando las distancias, dos precedentes de un conflicto con el Estado que se materializó vía acción humana contra la seguridad nacional.

Imagen de la reunión entre Sánchez y sus ministros, el viernes.

Imagen de la reunión entre Sánchez y sus ministros, el viernes.E.M.

Choque con Europa

Ahora, si bien Marlaska reconoció -y Robles no negó- el error en Inteligencia, nadie del ala mayoritaria del Gobierno ha siquiera deslizado la hipótesis de que algo pueda haber fallado también en la relación con Rabat, pese a que sí lo apuntan desde Sumar hasta Vox, y a que la historia reciente deja, cuanto menos, lugar a la duda. Si en 2021 la entrada de miles de personas a Ceuta contó, de alguna manera, con la connivencia de Marruecos, no fue así un año después, cuando en junio de 2022 Rabat repelió un asalto a la valla de Melilla que acabó en tragedia, con 37 muertos. También frenó el país vecino un intento de cruce masivo por Ceuta en septiembre de 2024. En ambos casos, después de que España cambiara su postura sobre el Sáhara Occidental -asumiendo la reivindicación marroquí-. El presidente ceutí dijo en una entrevista con este diario que creía que aquel giro era a cambio del «respeto» mutuo con Rabat. Pero, el pasado 30 de julio, el cruce masivo sucedió sin que Marruecos lo parara.

Rabat sí intentó frenar dos cruces masivos tras el giro del Sáhara

A la incredulidad que suscita que el país vecino no advirtiera que semejante contingente de personas se dirigía a la frontera se suma que hay constancia de mensajes en redes que alentaban esa acción, y que la Inteligencia marroquí tampoco lo comunicó a España -Marlaska dijo que no llegó a «las más altas instancias» ningún aviso de lo que venía-. «Es imposible que Marruecos no supiera nada», escribió en redes la portavoz de Más Madrid Tesh Sidi. La coalición por la que es diputada, Sumar -miembro del Gobierno-, así como Vox, han apuntado directamente a Rabat como origen de lo sucedido, algo que no ha hecho el Ejecutivo y que el PP ha evitado sostener con rotundidad. Pero ese evitar señalar a Rabat a la vez que se habla de un «ataque a la integridad territorial de España» abre muchos interrogantes. «Todo lo que no sea reconsiderar las relaciones con Rabat será interpretado como una posición débil», escribió también Sidi. Para Santiago Abascal, Marruecos «se ha atrevido a hacer esto» porque «sabía que no iba a haber ninguna respuesta, ningún tipo de represalia».

La crisis empeora la anterior: cinco veces más accesos que en el año 2021

Todo ello, el fallo reconocido implícitamente en los servicios de Inteligencia nacionales y la falta de cuestionamiento al país vecino, hace que el colapso de seguridad que vivió Ceuta -y por ende España- el pasado 30 de julio deje una herencia futura más complicada. Acrecentada, además, por la postura que adoptó la mayoría europea: 22 países señalaron la regularización de inmigrantes impulsada por el Gobierno como una política que debilita la defensa de las fronteras comunitarias -aludían a un posible efecto llamada-. El choque con Europa, al que Sánchez respondió tachando de «egoísta» la reacción, tampoco dibuja un horizonte más sencillo para España, pese a que la reunión de los ministros de Interior de la UE de esta semana ayudó a calmar las aguas -excepto con Italia, pues la mutua suspensión de Schengen elevó anteayer el enfrentamiento entre el presidente y Giorgia Meloni-.

«Ha sido la gota que ha colmado el vaso», afirman fuentes del PP sobre lo sucedido en Ceuta, y auguran a Sánchez «meses muy complicados» por delante porque, creen, «ya no tiene socios en Europa». Asimismo, sostienen que el jefe del Ejecutivo va a sentir «mucha presión» para controlar la frontera. Una frontera que, recuerdan, es el límite sur de todo el continente.

El colapso en la seguridad del Estado, bien tenga detrás un fallo de inteligencia o un exceso de confianza en la relación con Marruecos, dejó en Ceuta la mayor entrada irregular de personas sufrida en territorio español desde la Marcha Verde. Una «invasión», dice la oposición, que como crisis nacional tiene además otro matiz relevante: es la primera que empeora a su predecesora, pues las 14.000 personas que llegaron en 2021 son al menos 72.000 ahora. La solución aplicada entonces -el giro español sobre el Sáhara, hasta donde hay constancia- no parece haber sido suficiente para frenar la avalancha esta vez.

Las frases

«Ningún informe». El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha insistido toda la semana en que los servicios de Información no alertaron de que una entrada irregular de tal calibre se iba a producir.

«Socio fiable». El ministro también ha recalcado estos días que Marruecos «no es ninguna amenaza ni para Ceuta ni para el resto de España». «Es un socio absolutamente fiable», aseguró, para decir que Rabat respondió a la crisis «cooperando».

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