Publicado: mayo 28, 2026, 12:08 pm

Cualquiera podría pensar que las medidas de seguridad de toda una familia real están más que pensadas y revisadas. Máxime si hablamos de la monarquía británica. Sin embargo, en dichas medidas están implicados prácticamente siempre los propios agentes encargados de la misma. Y si ellos fallan, todo el engranaje deja de ser seguro. Es algo tan obvio que, después de la última investigación abierta por la Policía Metropolitana de Londres, entre los Windsor existe una enorme preocupación, sobre todo en torno a la figura de Carlos III de Inglaterra.
Porque la crisis sobre la seguridad de la familia real no cesa de crecer en Reino Unido. Las pesquisas de la policía sobre presuntos fallos de conducta por parte de los agentes encargados de la seguridad del monarca no dejan de acumular nuevos datos que dejan en entredicho la labor del RaSP, la unidad de Protección de la Realeza y Especializada (en sus siglas en inglés, de Royalty and Specialist Protection). Y es que todo había comenzado como un caso aislado en el Castillo de Windsor, pero los investigadores han ido tirando del hilo hasta llegar a los efectivos que defienden Buckingham Palace.
Se trata, por tanto, de un problema estructural dentro del comando destinado a la protección de la realeza y, tal y como ha confirmado un portavoz de Policía Metropolitana, más conocida como Scotland Yard y cuya sección de Dirección de Normas Profesionales es quien dirige la investigación, las averiguaciones han constatado que se trata de un peligro para los royals que se da en varias de las residencias oficiales. Y que, por el momento, más de una veintena de agentes, en concreto, 23, ya han sido notificados que están bajo investigación por mala conducta.
Como puntualizan desde Lecturas, de las casi dos docenas de trabajadores de la seguridad, 21 de ellos han sido apartados de sus funciones diarias y se les han asignado otras tareas más restrictivas mientras se esclarecen sus faltas, así como los dos restantes, por ahora, aunque no han sido restringidos, sí que se ha decidido que no sean destinados a ninguna residencia de los Windsor hasta que finalice la investigación. Porque los comportamientos detectados, desde dormirse estando de servicio hasta abandonar sus puestos, se han dado en diferentes puntos de la geografía británica, donde viven los miembros de la realeza.
«La investigación se está ampliando y en estos momentos se centra también en aquellos agentes que trabajan en el Palacio de Buckingham y en otras residencias reales. Tememos que estas prácticas negligentes estén más extendidas de lo que pensábamos», han declarado fuentes cercanas a Scotland Yard sobre la posibilidad de que no sean casos aislados. Porque incluso existe la posibilidad, o eso dejan entrever, de que el proceso se iniciase por la denuncia de un agente descontento, lo que explicaría que la investigación lleve fraguándose desde hace ya bastante tiempo.
Sea como fuere, se sabe que el monarca ya ha sido informado de la situación, por lo que existe una mayor presión para los agentes involucrados porque afecta de manera directa a la seguridad de Carlos III y de su familia. Es decir, una falta de profesionalidad en un contexto de amenaza «grave», según dijo hace apenas unos días el comandante Adam Slonecki, responsable del citado comando de protección especial.
El alto mando policial no dudó en su comparecencia de recordarse a sus agentes que deben «presentarse y permanecer» en sus puestos asignados en todo momento, y que no pueden abandonarlo salvo que llegue un relevo autorizado. De lo contrario, expuso, se pone en riesgo la seguridad, por lo que ha exigido a su equipo mantener «el más alto nivel de vigilancia, profesionalidad y disciplina operativa». Y es que no hay que olvidar que, a día de hoy, el nivel de alerta en Reino Unido considera que un ataque es «altamente probable», convirtiendo este tipo de errores en un riesgo tan innecesario como determinante.
Puso como ejemplo otro fallo de protocolo reciente, en el que varios agentes se dejaron armas olvidadas justo frente a la residencia del alcalde de Londres, Sadiq Khan, un episodio que ha enervado a la población en tanto que podría haber dado lugar a una catástrofe. Además de que en el caso de la familia real británica, el contexto no ayuda, con tanto cambio de residencia como ha ocurrido en los últimos tiempos, entre Buckingham, el castillo de Windsor, Sandringham, Clarence House, Highgrove, Balmoral o las nuevas residencias de los príncipes de Gales o de Andrés Mountbatten-Windsor. Desde la comandancia se ha recordado que la seguridad y la atención son innegociables, independientemente de si se encuentra o no en la casa el monarca.
Pero todo ello no ha sido óbice para que algunos piensen que, estando como está la investigación todavía en pleno desarrollo, no haya más agentes implicados, lo que convertiría el caso en uno de los mayores escándalos sobre seguridad recientes, dejando en entredicho el sistema de seguridad tanto de su familia real como de otras personalidades. «Si se socava esa confianza, la capacidad que tenemos para operar en ciertos entornos más sensibles y de mayor importancia en Reino Unido se va a ver comprometida», ha advertido el comandante Slonecki, quien incluso ha animado a sus agentes a denunciar comportamientos inadecuados de sus compañeros a fin de proteger la imagen de la unidad, que hoy por hoy está en entredicho.
