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Defensa cambia los protocolos tras la incursión de buques marroquíes el 30 de julio en Ceuta: «Ya no esperamos para actuar»

Publicado: octubre 18, 2026, 2:07 am

Actualizado Domingo,
18
octubre
2026
–
01:18

«Paso inocente», así es como se denomina en Derecho Marítimo el cruce de una embarcación de otro país sobre aguas territoriales de un Estado costero. Marruecos se aferra con frecuencia a esa figura legal, regulada por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, para aparecer en aguas de Ceuta y Melilla. Hasta el pasado 30 de julio, la actitud de España era de prudencia, vigilante pero sin actuar. Sin embargo, desde que los dos últimos días de julio el buque insignia de la Marina Real protagonizara un altercado con la Armada española, los protocolos han cambiado.

Aunque la actividad de barcos marroquíes ha disminuido notablemente después de julio y en los últimos 10 días no se han registrado movimientos. «Estamos más vigilantes, ya no esperamos a que entren para actuar», explica una fuente militar. Según su testimonio, antes se monitorizaba el paso inocente desde el Centro de Operaciones y Vigilancia de Acción Marítima de la Armada (COVAM). Sin embargo, ahora ese control se apoya con la salida de barcos al encuentro de los que hacen el paso inocente. En estos momentos, tal y como ha confirmado EL MUNDO, está desplegado el patrullero Atalaya en Ceuta; mientras que el Isla de León se emplea en Melilla.

El Atalaya es un patrullero, una de las principales unidades de Vigilancia de la Fuerza de Acción Marítima de la Armada. Como tal, su misión fundamental es contribuir a la protección de los intereses marítimos nacionales dentro de la Acción del Estado en la Mar. Esta misión se realiza a través de la vigilancia sistemática de los espacios de soberanía con el objeto de detectar e informar de actividades de carácter extraordinario, controlar posibles violaciones o infracciones de la legislación internacional en el ámbito marítimo e impedir actividades que puedan afectar a nuestros intereses nacionales. Provisto con cuatro ametralladoras y un cañón, el barco tiene su base en Ferrol y su dotación es de 48 personas.

Más discreto es el Isla de León, destacado en Melilla estos días. Se trata de otro patrullero dotado con 10 miembros de la Armada y provisto de una ametralladora browning, además de fusiles CETME, escopetas POSTAS y pistolas 9 milímetros. Aunque normalmente opera en aguas de Ceuta para vigilar su soberanía y la de la isla de Perejil, estos días desarrolla su trabajo en Melilla ante la ofensiva marroquí.

A pesar de que España ahora moviliza sus barcos cada vez que Marruecos pasa por delante de Ceuta y Melilla, ni el pasado jueves, ni los días de la visita de los Reyes hubo ningún paso inocente. Esta información la han confirmado fuentes del Ministerio del Interior, de la Guardia Civil y de la Armada a este diario.

Tal y como publicó El País el pasado 12 de octubre, durante la violación de la frontera terrestre con Marruecos en Ceuta, el buque insignia de la Marina Real marroquí, el Mohamed VI, invadió las aguas territoriales españolas. La presión, que aumentó con la llegada de dos patrulleros más, obligó a Defensa a movilizar embarcaciones desde Rota, y al propio Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), a contactar con Marruecos para pedir que desistieran en su ataque.

El episodio del 30 de julio marcó así un punto de inflexión en la forma de responder a las incursiones marítimas en torno a las dos ciudades autónomas. La diferencia no está en la capacidad de España para detectar la presencia de buques extranjeros, una tarea que la Armada ya realizaba mediante sus sistemas de vigilancia, como en la decisión de reforzar ese seguimiento con una actitud reactiva ante la presencia de barcos. La salida de los patrulleros permite acompañar los movimientos de las embarcaciones marroquíes, mantenerlas bajo observación directa y hacer visible que España está pendiente de lo que sucede en sus aguas.

El cambio tiene también una dimensión operativa. La vigilancia marítima no consiste únicamente en identificar un barco y comprobar su rumbo, sino en valorar su comportamiento, determinar si respeta las condiciones del paso inocente y decidir qué respuesta corresponde en cada momento. La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar reconoce el derecho de paso inocente por el mar territorial de otro Estado, siempre que la navegación se ajuste a las condiciones previstas en el tratado. No todo tránsito de un buque extranjero constituye, por tanto, una infracción. La clave está en distinguir entre una navegación conforme al derecho internacional y una actuación que pueda comprometer la soberanía, la seguridad o el orden del Estado ribereño.

Se espera que la salida de los patrulleros sea vista por Marruecos como un elemento de disuasión: las embarcaciones que se aproximen a Ceuta y Melilla saben que pueden encontrarse con una unidad española que seguirá sus movimientos y podrá intervenir si se dan las condiciones legales para hacerlo. La vigilancia, sin embargo, no elimina el riesgo de que un encuentro en el mar derive en un nuevo episodio de tensión, especialmente cuando las embarcaciones implicadas pertenecen a las fuerzas armadas de dos países vecinos.

La presión que Marruecos ejerce sobre los límites terrestres y marítimos de Ceuta y Melilla obliga a España a combinar la defensa de su soberanía con la gestión de una relación bilateral en la que la cooperación resulta determinante en ámbitos como la seguridad, la inmigración y la lucha contra las redes criminales. Una respuesta insuficiente puede alimentar la percepción de que determinadas actuaciones no encuentran oposición; una reacción que no mida sus consecuencias, por su parte, puede agravar una crisis diplomática. La clave ahora reside en saber si la actuación de los patrulleros se mantiene como una medida estable en el tiempo. En un escenario en el que cada aproximación puede adquirir una lectura política, y dos meses después de la violación territorial, el mensaje operativo es claro: España no renuncia a vigilar sus aguas y quiere hacerlo desde el primer momento, sin esperar a que una nueva incidencia obligue a movilizar medios adicionales.

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