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Cumbre descafeinada, pero muy viva

Publicado: noviembre 6, 2026, 5:07 am

Actualizado Viernes,
6
noviembre
2026
–
00:06

La XXX Cumbre Iberoamericana se quedó a medio camino: cubrió apenas el expediente, marcada por las grandes ausencias de los mandatarios americanos (solo comparecieron 7 de 19), pero superó con creces la encrucijada forzada por el fracaso del cónclave que le precedía.

Madrid no fue, ni mucho menos, la Cuenca ecuatoriana de 2024, pero tampoco se pareció en casi nada a la segunda cumbre celebrada en 1992 en la capital de España, donde la comunidad iberoamericana se las prometió felices entre los grandes líderes de entonces, en un intento de que las famosas décadas perdidas en las Américas no se repitieran.

La fortaleza de La Zarzuela, entre los vaivenes de Pedro Sánchez, gran ausente en 2024 (pero no el único, fallaron todos los mandatarios de la región a excepción del anfitrión, Daniel Noboa), ha vuelto a ganar tiempo para la causa, pese a todos los peros de un encuentro descafeinado, incluso para las polémicas. «Somos el contrapunto de un tiempo geopolítico marcado por los frentes, los bloques y la rivalidad», sacó pecho Felipe VI, sabedor como nadie de lo complicado que es navegar entre semejantes tormentas.

«España logra salvar el formato de la Cumbre Iberoamericana tras el fracaso estrepitoso de Cuenca en 2024, pero no logra el objetivo más ambicioso de relanzar y rescatar la relevancia de la instancia multilateral. Aunque hubo una mayor presencia de jefes de Estado, la ausencia de los mandatarios de Brasil, México y Colombia pone de relieve que no se percibe como un foro crucial», resumió para EL MUNDO el internacionalista Mariano de Alba.

El foro de Madrid fue testigo de la pujanza del Escudo de las Américas creado por Washington, al que pertenecen los siete mandatarios latinoamericanos presentes, quienes reivindicaron como suya la lucha contra las mafias y el narcotráfico, una de las grandes obsesiones de Donald Trump. La sorprendente remontada de Lula da Silva ha contenido, de momento, la hemorragia que sufre la llamada Patria Grande -conformada por izquierdistas, revolucionarias y populistas-, que en los dos últimos años ha contado con el liderazgo de Sánchez, transmutado en una especie de Simón Bolívar a la española en su intento de erigirse en la némesis internacional de Trump.

Las ausencias de Lula y la mexicana Claudia Sheinbaum, además de la despedida del más entusiasta de todos, el colombiano Gustavo Petro (atrapado hoy entre escándalos sexuales y de corrupción), han impedido que Sánchez accionara su propia catapulta política para imitar la remontada electoral de su aliado brasileño.

Pero más allá de las coyunturas políticas y electorales y pese a todos los inconvenientes, las Cumbres Iberoamericanas siguen muy vivas. Tanto que han dado pie a que los demócratas venezolanos sueñen con que la Cumbre de 2030 se lleve a cabo en una Caracas libre, que nada tenga que ver con la que acogió en 2011 el nacimiento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), un aparato geopolítico creado por Hugo Chávez y el propio Lula para defender sus intereses nacionales e internacionales.

La Celac sobrevive hoy en la unidad de cuidados intensivos, con peor salud que la Organización de Estados Americanos (OEA), a la que pretendió sustituir.

En la proclama firmada por María Corina Machado y Edmundo González Urrutia se incluyeron a cubanos y nicaragüenses, los otros grandes olvidados de la Cumbre. En videoconferencia con la líder democrática, el candidato popular Alberto Núñez Feijóo expresó su deseo de participar en la cumbre siguiente de ratificarse la salida de Sánchez y de Delcy Rodríguez.

El trabajo en la sombra del chileno Andrés Allamand también ha surtido efecto, sobre todo en la búsqueda de consensos y en el impulso de la red antidesastres tras unos meses con grandes tragedias, como los terremotos en Venezuela y Colombia, además de los terribles efectos del Niño enfurecido.

«También me parece correcta la decisión adoptada de darle mayor peso a las reuniones de ministros de Exteriores para desde ahí tratar de poner las ideologías a un lado y concentrarse en consensos que produzcan una mayor institucionalidad y haga seguimiento a resultados concretos y tangibles, que es lo que los ciudadanos de Iberoamérica esperan. Hoy por hoy todos los compromisos son voluntarios y por ende es menos probable que causen un impacto importante», matizó De Alba para este periódico.

Los entuertos siguen vigentes y será la XXXI Cumbre Iberoamericana, que se celebrará en Honduras, la encargada de correr el nudo. El testigo pasa así a Nasry Asfura, el derechista hondureño a quien todos conocen como Papi a la Orden, que alcanzó la presidencia gracias al empuje dado por Trump. De momento, Washington no ha premiado al país catracho con las ayudas millonarias que había prometido, lo que mantiene al presidente entre algodones políticos.

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