Publicado: julio 19, 2026, 2:07 pm
Nuestro sistema de partidos presenta una aparente y falsa paradoja que un amplio sector del PP asume inconscientemente como indescifrable. Desde hace tres décadas, los populares dominan, salvo en algún momento puntual, el mapa municipal. Sin embargo, el PSOE resiste con brÃo y sus artes en las generales, que se le atragantan al PP o las encara como un mal trago. No es una paradoja, es un marco mental interiorizado por Génova, 13.
Realmente es un espejismo, porque los socialistas sólo han superado los siete millones de votos en tres ocasiones desde 2011: en 2015, abril de 2019 y 2023, sin ganar las elecciones. Por su parte, el PP sólo estuvo por debajo de esa cifra en abril y noviembre de 2019. Ese año, de abril a noviembre, Sánchez perdió 600.000 votos y Sánchez se ató definitivamente a Podemos y separatistas. No obstante, el PSOE interpreta, refleja y moldeó desde los 80 la cultura polÃtica de los españoles.
Como escribió hace tiempo -antes del verdadero-falso Sánchez- Rafa Latorre: «Hay millones de españoles deseando encontrar una razón para votar al PSOE». El atributo de Sánchez es haberles proporcionado una con suficiente fuerza como para desactivar todas las razones en sentido contrario. En todo caso, Sánchez pulió una joya que le entregó Zapatero, que fue quien verdaderamente consiguió, pacto del Tinell mediante, convertir al PP en un partido antipático [ya hemos escrito aquà que el 11-M partió España por la mitad; fue ‘El final de la inocencia’].
El PP -salvo conocida excepción- no hace vibrar, simplemente administra mayorÃas. No agita ni entusiasma, únicamente proclama la grandeza del sentido común. Los electores de una menguante izquierda sistémica abandonan en las municipales con mayor facilidad sus siglas porque los candidatos del PP representan una suerte de socialdemocracia eficiente, templada y ponderada. Los votantes de la derecha no arriesgan ni experimentan; conservan y salvaguardan. Asà que el PP arrolló en las municipales y autonómicas de 2023 y promete repetir su éxito en 2027.
El PP antepone lo razonable a lo emocionante. Ahà radica su pujanza municipal y buena parte de su acomodo y disonancia nacional. Feijóo presentó ayer a su poderosa y nutrida armada territorial. Adoptó un eslogan autonómico energizante: «Le tenemos ganas al PSOE», «Tenemos ganas de elecciones». El poder territorial del Partido Popular ha constituido un dique de contención institucional ante la incontinencia de Sánchez, cosa que supo Feijóo desde el principio.
Feijóo lleva un año entonado: se refiere sin pudor a lo que las saunas y prostÃbulos de Sabiniano Gómez supusieron para la catapulta polÃtica de Sánchez; estableció un decálogo para la relación y naturalización de esa relación con Vox; introduce temas en la agenda -aunque luego, melifluamente, el partido los atenúe- y, recientemente anunció un nuevo vÃnculo atlántico con Hispanoamérica. Feijóo acierta con las obligaciones que exige a sus candidatos: «decencia, servicio y ambición» -que él deberá rematar-; frente a la indecencia, la vergonzante servidumbre y la codicia.

