Publicado: septiembre 24, 2026, 8:07 pm
Eran cerca de las nueve de la noche del miércoles cuando una columna de humo comenzó a salir de uno de los recovecos de la costa que rodea el monte Hacho. El aviso llegó al Parque de Bomberos de Ceuta y dotaciones del Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento (SEIS) se desplazaron hasta el lugar. Lo que parecía una intervención más por un incendio en una zona de difícil acceso terminó sacando a la luz otro de los refugios improvisados en los que decenas de inmigrantes llevan casi dos meses tratando de pasar desapercibidos en la ciudad. EL MUNDO accedió ahí por primera vez el pasado 21 de agosto, y ha realizado un seguimiento del lugar y de cómo han vivido esos jóvenes hasta el momento.
El fuego se originó en una red de galerías subterráneas construidas bajo esta parte de Ceuta y clausuradas hace años mediante muros de obra. Tras la entrada masiva del pasado 30 de julio, los inmigrantes buscaron cualquier espacio para habitar fuera del alcance de las autoridades españolas. Este lugar, visto por los ceutíes como «antiguas reliquias» era un refugio perfecto. El difícil acceso y la escasa visibilidad de la zona desde la parte superior convirtieron este espacio en un lugar perfecto para habitar.
Pero las llamas, sin saber aún el origen, arrasaron todo: colchones, ropa, muebles y otras pertenencias almacenadas en su interior. No hubo heridos. Cuando los bomberos pudieron avanzar por las galerías comprobaron, sin embargo, que aquello llevaba tiempo funcionando como algo más que un escondite ocasional. Acumulación de residuos, basura, colchones quemados, botellas y desperdicios recorrían los pasillos subterráneos.
«Ceuta está vacía por debajo. Y ese espacio puede llegar a ser tan grande como el parque de bomberos», resume gráficamente una fuente del cuerpo para explicar el asentamiento levantado en estas instalaciones concebidas originalmente para uso militar. Las del Sarchal forman un entramado de estructuras interconectadas que se introduce desde la zona costera y alcanza las inmediaciones del actual campus universitario, a aproximadamente medio kilómetro de distancia. Sus accesos habían sido tapiados, pero los cerramientos fueron derribados por los inmigrantes permitiéndoles el paso hacia el interior. Llegar hasta allí tampoco resulta sencillo: la zona es abrupta, algunos accesos desde tierra son prácticamente intransitables y, en uno de los puntos utilizados para entrar, es necesario salvar un desnivel de cerca de dos metros.
Acceso a una de las galerías del Sarchal donde se ocultaban varios jóvenes
Desde el 21 de agosto cuando este diario accede por primera vez al lugar, ya entonces era evidente que varios inmigrantes habían convertido las galerías en un espacio en el que instalarse durante periodos prolongados. No se limitaban a descansar allí. organizaban como podían una rutina diaria lejos de los principales campamentos y de las zonas más visibles de la ciudad. La propia orografía facilitaba ese aislamiento. Desde allí bajaban hasta el mar para bañarse y asearse, mientras el interior de las galerías les proporcionaba un techo y, sobre todo, un lugar en el que permanecer ocultos. Para comer, explicaban ellos mismos, «nos buscábamos la vida». Pero durante las noches abandonaban el lugar para evitar ser descubiertos por los militares. Después, regresaban.
El incendio ha terminado ahora con buena parte de ese refugio y vuelve a plantear un problema que las fuerzas de seguridad llevan semanas observando en distintos puntos de Ceuta: cuando un asentamiento se desmonta, sus ocupantes no desaparecen, sino que se desplazan. «Cuando se descubre algo así y se desmantela, se ubican en cualquier otro lado», explican fuentes policiales. «Se ocultan en cualquier recoveco».
Es una dinámica que se repite desde la entrada masiva que alteró por completo la situación de la ciudad. Desde entonces, a medida que se interviene sobre playas, descampados, construcciones abandonadas o asentamientos improvisados, grupos de inmigrantes reaparecen en otros lugares. La presión sobre un lugar desplaza el problema hacia otro.
Fuentes consultadas del cuerpo de Bomberos aseguran, además, que todavía continúan produciéndose entradas a nado en Ceuta. A quienes siguen llegando se suman aquellos que permanecen escondidos en cualquier espacio en el que puedan resguardarse. Una realidad que contribuye, explican, a que en determinados puntos de la ciudad persista la sensación de que la presencia de inmigrantes continúa creciendo o, al menos, no termina de disminuir. Se habilitan campamentos, pero se vuelven a llenar los espacios.
Momento en el que los inmigrantes que habitan el lugar se asean
El descubrimiento de las galerías ha alimentado también especulaciones sobre la posibilidad de que estos túneles pudieran comunicar Ceuta con Marruecos y se utilizaran como medio de acceso. Las autoridades descartan esa hipótesis en estas galerías en concreto. Comunican diferentes puntos dentro de la propia zona sin tener acceso desde el país vecino. Esta costa en el entorno del monte Hacho está muy alejada de la frontera terrestre con Marruecos.
El humo que salía el miércoles por la noche permitió vislumbrar lo que durante semanas había permanecido escondido bajo tierra. Tras extinguir las llamas quedaron a la vista los restos de una estancia prolongada y las pertenencias de quienes habían hecho de aquellas antiguas galerías militares un hogar improvisado.
Pero el incendio no resuelve el problema que había bajo Ceuta. Lo desplaza. Sin ese refugio, sus antiguos ocupantes tendrán que buscar otro. «Ahora todos ellos pasan a estar en las calles», resume una fuente policial.



