Alejandro Abad: "Hay artistas que con el éxito cambian muchísimo, llegan a compararse con Dios" - España
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Alejandro Abad: «Hay artistas que con el éxito cambian muchísimo, llegan a compararse con Dios»

Publicado: septiembre 3, 2026, 8:12 am

Alejandro Abad lleva más de cuatro décadas viviendo de la música y conoce como pocos lo que ocurre cuando se apagan los focos. Ha compuesto éxitos, producido artistas, vivido Eurovisión desde dentro y asistido en primera fila al nacimiento de fenómenos como David Civera, David Bisbal u Operación Triunfo. También ha acumulado desencuentros, heridas y alguna cuenta pendiente.

Ahora, con la ambición más serena y la familia ocupando un lugar que antes perteneció muchas veces al trabajo, este hacedor de estrellas mira atrás sin demasiadas ganas de ejercer la falsa modestia. Reconoce errores, aunque no renuncia a reivindicar su lugar en algunas historias de la música española que, asegura, no siempre se han contado como realmente sucedieron.

¿En qué momento vital se encuentra?

Me encuentro en uno de los momentos más gratificantes de mi vida. He conseguido reunir un equilibrio que durante muchos años parecía difícil: el reconocimiento de lo que he hecho, la aceptación de lo que soy, un amor maduro y una familia que ha crecido conmigo. Tengo a mi esposa, Susana, y a mis dos hijos, Sara y Alex, de los que me siento profundamente orgulloso. Ahora disfruto mucho creando canciones, leyendo, haciendo deporte, viajando y, sobre todo, de esas cosas sencillas que nos hacen sentir bien.

Después de tantos años en la música, ¿sigue teniendo la misma ambición que cuando empezó?

La ambición ha bajado y creo que es natural. Empecé profesionalmente con 19 años, tocando en pubs de Barcelona y caminando a las tres de la mañana para ahorrarme el taxi desde Gràcia hasta Sants, donde vivía mi abuela. Tenía muchísima hambre de demostrar cosas. Hoy sigo teniendo ilusión y ganas de crear, pero ya no necesito demostrarme constantemente quién soy.

Ha escrito canciones que forman parte de la memoria de varias generaciones. ¿Cuál siente hoy como la más suya?

No me arrepiento en absoluto de haber compartido mis canciones con otros cantantes. Fue una decisión que tomé la misma noche que canté en Eurovisión en 1994, en Dublín. Me dije: «No me voy a volver a caer por querer ser cantante; parece que no era lo mío». De aquel agujero empecé a salir escribiendo canciones. Algunas fueron muy populares en Latinoamérica y otras en España. Hoy siento que muchas forman parte de mí, independientemente de quién las haya cantado.

¿Hay alguna canción que haya compuesto y después haya pensado: «Esta me la tendría que haber quedado yo»?

El Festival OTI lo gané dos veces. En la segunda ocasión estuve a punto de cantar yo por un problema de última hora de Marcos Llunas. Menos mal que no lo hice, porque cantó él y ganamos. La canción fue un éxito enorme en Latinoamérica e incluso se adaptó para el mercado country de Estados Unidos. A veces la vida te coloca exactamente donde tienes que estar.

Un buen cantante difícilmente tendrá un gran éxito con una canción mala

¿Se puede convertir en estrella a alguien que tiene carisma pero no demasiado talento?

Hay una verdad que para mí es casi absoluta: un buen cantante difícilmente tendrá un gran éxito con una canción mala. Sin embargo, un cantante que quizá no sea extraordinario puede conseguir un enorme éxito si encuentra una canción extraordinaria. La canción puede hacer al cantante.

¿Qué ve cuando mira a los artistas jóvenes de ahora? ¿Hay alguno que le haya sorprendido especialmente?

Es muy difícil no valorar la evolución de Rosalía. Me encanta cómo está llevando su carrera: siempre sorprende e intenta ir a más. Lo mismo me ocurre con Aitana. A las dos las hemos visto crecer y me gusta mucho la rigurosidad con la que están construyendo sus carreras. Les aplaudo de pie. También tuve la oportunidad de ver nacer profesionalmente a Bisbal, fui su primer productor y siempre me he sentido muy orgulloso de su éxito.

Ha dicho que Aitana es algo así como «la Bisbal en mujer». ¿Qué tiene ella que no tienen otros?

Aitana tiene ángel y ha sabido aprovecharlo. Tiene una voz muy agradable y ha encontrado un repertorio adecuado. Eso también ocurre con Bisbal. Encontrar el equilibrio entre talento, personalidad, repertorio y desarrollo profesional es dificilísimo. Y ambos han entendido algo fundamental: un gran artista no se construye solo.

Usted conoció muy de cerca aquel fenómeno de Operación Triunfo. ¿El éxito cambió para bien a todos aquellos chicos?

Todos fueron muy afortunados porque vivir aquella primera experiencia de OT1 les acompañará de por vida. Otra cosa es el desarrollo posterior como artistas. No todos recibieron el mismo apoyo, ni estaban igual de preparados, ni tuvieron el asesoramiento o la madurez necesarios para aprovechar aquella enorme oportunidad. Una carrera artística con expectativas tan altas puede llegar a ser tremendamente ingrata.

El que mejor ha gestionado la fama es David Bisbal

Si tuviera que elegir, ¿quién cree que gestionó mejor la fama y quién peor?

De aquella primera edición, quien claramente la ha gestionado mejor ha sido Bisbal. Además, tuvo una enorme universidad para un cantante: las orquestas. Allí se aprende oficio, contacto con el público, desarrollo del talento y humildad. En cuanto a quién lo gestionó peor, prefiero no señalar a nadie. Podría equivocarme y no me interesa hacer juicios personales.

Veinticinco años después todavía se habla de la autoría de Mi música es tu voz. ¿Le molesta que siga poniéndose en cuestión cuál fue su aportación a aquella canción?

No me molesta que se pregunte; me sorprende que se siga haciendo sin que algunas personas se hayan molestado en averiguar qué ocurrió realmente. Dos chicos iniciaron la canción y yo intervine a petición de la productora, como profesional, para transformarla en una canción que estuviera a la altura de lo que necesitaba el proyecto. Y sí, considero que mi intervención fue decisiva. Que nadie me llame soberbio por decirlo: ese es precisamente mi trabajo.

Con Naím Thomas tuvo un enfrentamiento importante y posteriormente le pidió perdón. ¿Con los años ha aprendido a reconocer mejor cuándo se equivoca?

Le pedí perdón por las formas en las que me defendí, no por lo que ocurrió. Con los años he aprendido que puedes tener razón en el fondo y equivocarte en la manera de defenderla. Eso sí, sigo esperando un «gracias» por su parte. La canción la hicimos entre tres y los tres cobramos lo mismo; después ellos decidieron repartir su parte con sus compañeros. Esa decisión ya no me corresponde a mí.

Ha trabajado con muchísimos artistas. ¿Alguno le decepcionó especialmente después de haber confiado en él?

Sí, claro. He vivido muchas veces la metamorfosis que puede provocar el éxito. Al principio algunos artistas son tremendamente humildes y agradecidos y, cuando llegan el reconocimiento y la fama, cambian muchísimo. Algunos incluso llegan a compararse con Dios. También he conocido a personas que han sabido mantener los pies en el suelo, pero sería hipócrita negar que he vivido esa transformación.

¿Alguna vez ha sentido que un artista al que ayudó a triunfar después se olvidó de usted?

En diferentes ocasiones. Es como si yo los descubriera, los preparara y los ayudara a salir al campo y, cuando empiezan a destacar, los contratara el Real Madrid. A veces ni siquiera hay un «gracias». Hasta que aprendí una lección importante: los contratos son vitales. El afecto y la gratitud están muy bien, pero en esta profesión también hay que proteger el trabajo y los derechos.

Hay una relación profesional que inevitablemente hay que mencionar: David Civera. ¿Qué ocurrió para que dos personas que compartieron tanto éxito terminaran tan distanciadas?

Civera fue un alumno extraordinario y me permitió poner en práctica muchas estrategias. La primera fue llevarlo a Eurovisión y quedar sextos con Dile que la quiero. Al volver de Copenhague me llamaron Toni Cruz y José María Mainat y me preguntaron cómo había conseguido transformar a un imitador de Enrique Iglesias en una estrella. Les expliqué los meses de trabajo, las estrategias y todo lo que habíamos hecho. Ese mismo día me dijeron: «Vamos a hacer un programa inspirado en vuestra historia: chicos y chicas de provincias que pasan por una academia y se preparan para Eurovisión». Y así nació Operación Triunfo. 

Es verdad que David quería cantar otro tipo de canciones, más baladas, y mi trabajo era convencerle de que cantara Que la detengan. Aquello fue erosionando nuestra relación. A partir de 2009 pudo hacer más lo que él quería. Nuestro trabajo fue duro, como el de unos padres intentando hacer comprender a un hijo algo que quizá solo el tiempo podía hacerle comprender.

¿Le dolió más el enfrentamiento con David o sentir que quizá no reconocía lo que usted había significado en su carrera?

Siempre le estaré agradecido a Civera porque aquellos primeros años de complicidad se convirtieron en un éxito tremendo. Fue una etapa tan intensa que incluso llegó a poner en riesgo cosas mucho más importantes para mí, como mi familia. El éxito está muy bien, pero no puede costarte lo que más quieres.

Probablemente David Civera no hubiera sido David Civera sin mí

Se lo pregunto de otra manera: ¿David Civera habría sido David Civera sin Alejandro Abad?

Probablemente no. Y creo que tampoco habría existido Operación Triunfo tal y como lo conocemos, porque fue consecuencia de una serie de acontecimientos que empezaron mucho antes. Sé que puede sonar soberbio, pero no lo digo para quitarle mérito a David. Tenía talento y fue un alumno extraordinario. Pero hubo un trabajo, unas canciones, unas estrategias y unas circunstancias determinantes. Yo estuve allí y conozco perfectamente cómo sucedieron las cosas.

Mirando atrás, ha tenido varios enfrentamientos públicos. ¿Alguna vez ha pensado que una parte del problema también podía estar en usted?

Sí. No soy hipócrita y no hago ver que estoy bien cuando realmente estoy mal. Tengo una personalidad muy directa y a veces digo las cosas de una manera que puede ser malinterpretada. Con los años he aprendido que tener razón no siempre significa que la manera de defenderla sea la mejor.

Después de todo lo vivido, ¿hay alguien de la industria musical a quien hoy llamaría para decirle simplemente: «Me equivoqué contigo»?

Por supuesto que he cometido errores, me he equivocado y he tomado decisiones que hoy haría de otra manera. Con los años uno aprende a mirar algunas cosas desde otra perspectiva y a reconocer también sus propios errores.

¿Es usted feliz?

Sí. Si pongo todo en una balanza, pesa muchísimo más la satisfacción de haber podido vivir de la música durante décadas, amar a mi esposa Susana y tener dos hijos, Sara y Alex, de los que me siento profundamente orgulloso. Hoy tengo la suerte de compartir música con ellos, hacer proyectos juntos y descubrir que la creatividad también puede ser un vínculo familiar. De ahí nace mi siguiente proyecto, Los Abad, una familia de artistas que comparte inquietudes, momentos, dudas y aciertos. Y todavía me queda mucha vida, mucha música y, sobre todo, muchas ganas de disfrutarla.

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