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Bonos ligados al IPC y fondos monetarios ganan atractivo para blindar las carteras contra la inflación

Publicado: mayo 16, 2026, 6:08 am

El miedo a otra oleada inflacionista ha vuelto a golpear donde más daño hace a la renta fija. El Brent ha llegado a tocar los 109 dólares, el T-Note estadounidense a diez años se ha acercado al 4,55%, el Bund alemán ha escalado hasta el 3,13% y el bono español ha superado el 3,55%. No son todavía niveles de pánico, pero sí suficientes para romper la tregua que los bonos habían ganado en el arranque de 2026.

Las nuevas turbulencias llegan después de dos meses y medio de disrupciones en Ormuz, una cumbre entre Estados Unidos y China sin grandes titulares y varios datos de inflación más calientes de lo previsto. El IPC ha repuntado al 3% en la zona euro en abril, en Estados Unidos al 3,8% y en Japón el IPP registró su mayor subida desde 2014.

El mercado ha vuelto a hacer la misma cuenta de siempre. Más petróleo implica más inflación, más inflación implica bancos centrales más duros y bancos centrales más duros implican caídas en el precio de los bonos. El horizonte se complica para las carteras de los inversores que habían vuelto a mirar a la renta fija como un refugio relativamente cómodo para 2026.

Pérdidas en las carteras

No todas las categorías de renta fija están sufriendo igual. Los fondos monetarios siguen avanzando con pocas oscilaciones, las estrategias de duración corta aguantan mejor y parte de la deuda emergente o del high yield ha recuperado el terreno perdido durante las caídas de marzo. La presión se concentra sobre todo en los productos más sensibles a la duración y en las estrategias que dependen demasiado de una relajación rápida de los tipos.

Dentro de ese mapa, la categoría RF Flexible EUR se ha convertido en uno de los termómetros más visibles de la nueva tensión. Acumula una caída media del 0,72% en 2026, según datos de Morningstar. Apenas 12 fondos superan el 0,50% de rentabilidad anual.

Mar Barrero, directora de análisis de Arquia, reconoce que el escenario ha cambiado con rapidez. “El repunte de los tipos de interés en los mercados de deuda, anticipando políticas monetarias más restrictivas si la inflación se mantiene muy por encima del objetivo del 2%, ha trastocado las buenas perspectivas que presentaba la renta fija en este 2026”, explica.

El deterioro no recuerda todavía a lo ocurrido en 2022, cuando la subida agresiva de tipos provocó uno de los peores ejercicios de la historia reciente para los bonos, pero las expectativas empiezan a moderarse. Barrero señala que “no esperamos que los fondos de inversión centrados en renta fija sufran correcciones tan significativas como las vistas en ese ejercicio, pero sí es previsible que el rendimiento que nos den este año sea reducido”.

La diferencia vuelve a estar en la sensibilidad de cada cartera al movimiento de las rentabilidades. Ignacio Amo, experto en análisis y selección de fondos de Mapfre Inversión, apunta que “el componente de renta fija, que suele aportar un perfil más conservador dentro de una construcción de carteras, ha sufrido algo más de lo habitual, sobre todo de la mano de los fondos muy sensibles a la duración”.

Cada subida de las rentabilidades reduce el precio de los bonos que ya están en cartera y obliga al mercado a recalcular cuánto tiempo seguirán altos los tipos. Bankinter mantiene precisamente el foco en esa combinación entre energía, inflación y política monetaria. La entidad considera que “el factor director de los bonos seguirá siendo la geoestrategia y el precio del petróleo” y cree que una reapertura de Ormuz podría “dar cierto respiro a los bonos, especialmente al 10 años, en un movimiento que podría reajustar a la baja las expectativas de inflación”.

Mientras ese escenario no llega, el dinero más conservador vuelve a desplazarse hacia tramos más cortos y perfiles más defensivos. Barrero destaca que “los fondos que mejor se han comportado en los periodos de mayor volatilidad han sido, sin duda, los monetarios”. Según explica, “han sido los únicos productos que han mantenido su crecimiento de forma continuada, sin apenas retrocesos en sus valores liquidativos”.

Entre los productos que mejor han resistido en ese entorno menciona DWS Floating Rate Notes, WAM Duración 0–3, Aegon European ABS y Amundi ABS Responsible, todos ellos muy centrados en duración corta, flotantes o activos con menor sensibilidad a las subidas de tipos.

Amo también detecta oportunidades en ese tramo de la curva. “Lo que hemos visto en las últimas semanas ha sido una subida de los rendimientos, algo que se ha hecho notar más en los tramos cortos de la curva”. A su juicio, este movimiento “hace más atractivo aparcar la liquidez en perfiles monetarios o de renta fija a ultra corto plazo”.

La brecha entre unos fondos y otros empieza a depender menos del nombre de la categoría y más de la capacidad real para moverse rápido. Amo sostiene que “la principal diferencia está siendo la capacidad real de los gestores para gestionar activamente tanto la duración como el riesgo de crédito”. En un mercado donde los diferenciales vuelven a moverse con más violencia, añade, “la selección vuelve a ser determinante para generar ingresos en este 2026”.

Los bonos ligados a la inflación también vuelven a ganar protagonismo, aunque no ofrecen protección automática. Barrero considera que “en un entorno inflacionista, pero sin subidas de tipos significativas, los fondos que invierten en bonos ligados a la inflación se encontrarían entre las opciones más atractivas”. Entre las alternativas menciona CPR Focus Inflation y AXA Global Inflation Sh Duration Eur Hedged.

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