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Insistir en no aprender

Publicado: mayo 9, 2026, 6:07 pm

No sabía que sufría estrés postraumático hasta que apareció en la pantalla Fernando Simón. Que el hombre que en 2020 pronosticó que no habría más que un puñado de contagios siga al frente del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias tras la muerte de cien mil personas dice mucho de cómo entendemos la rendición de cuentas en España. No tengo nada personal en su contra. Sólo pido que le exijamos lo que le exigiríamos a un fontanero que pronostica goteras insignificantes y es sorprendido por una inundación: una disculpa y un paso atrás.

Siendo rigurosos, quizá aún no se den las condiciones para hablar de una crisis del hantavirus. Sería más preciso hablar de pánico. La palabra crisis remite a una situación objetiva de riesgo; el pánico es un estado de ánimo. Y como no me siento especial, sospecho que es un sentimiento que comparto con muchos españoles que también han escuchado las atipladas llamadas a la calma de Fernando Simón.

Claro que el pánico va más allá de él. Es una reacción instintiva a la forma descoordinada y errática con que reacciona nuestra Administración, que no sólo no responde por sus errores, sino que no aprende de ellos. Cuando se revelan fallos de previsión, vacíos normativos o carencias materiales, lo más desesperante no es la ausencia de dimisiones, sino la ausencia de cambios.

Hemos escuchado a Margarita Robles hablar de cuarentenas voluntarias, a Mónica García referirse a los instrumentos legales disponibles para imponerlas y a los gobiernos de Canarias y Madrid quejarse de falta de coordinación. Fernando Clavijo ha logrado que el MV Hondius no atraque en Tenerife, sino que permanezca fondeado mientras los pasajeros son trasladados en barca. ¿De verdad no existe un protocolo para una situación así? ¿Todo queda al criterio improvisado del dirigente de turno? Si Clavijo hubiera exigido que los traslados fueran en kayaks o en flotadores con forma de flamenco, ¿se habría considerado?

En Madrid, a cuyo hospital Gómez Ulla llegarán los 14 españoles a bordo, la inquietud proviene de la falta de claridad respecto al traslado y el confinamiento. De nuevo: tras haber sufrido una pandemia, el Gobierno no aclara bajo qué marco se puede confinar a un ciudadano contra su voluntad si se estima que supone un riesgo para la salud pública. Hay algo desolador en revivir todo: no sólo sufrimos crisis, sino que el tiempo revela que no aprendemos nada de ellas. A este paso, sufriremos otra pandemia antes de haber auditado la anterior.

Con la administración pública ocurre algo parecido a lo que sucede en un equipo de fútbol cuando un jugador deja de bajar a defender y no pasa nada: los demás entienden que el esfuerzo es opcional. El cargo público que comprueba que la negligencia no se castiga termina concluyendo que la exigencia carece de valor. Primero es uno, luego otro, y al final la irresponsabilidad se contagia. Así se instala una cultura de impunidad en la que la dejadez deja de ser una excepción para convertirse en norma.

Por lo menos en el vestuario del Real Madrid el fracaso hace estallar el orgullo. Es un consuelo. Peor es que el fracaso estalle en indiferencia.

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