Publicado: abril 30, 2026, 4:07 am
La maquinaria diplomática española lleva meses trabajando para conseguir que la Cumbre Iberoamericana que se va a celebrar en Madrid sea un éxito. La cita tendrá lugar los próximos 4 y 5 de noviembre, y desde la Jefatura del Estado hasta el Ministerio de Asuntos Exteriores están trabajando para conseguir una nutrida representación al máximo nivel en la cita, que los últimos años ha caído en el letargo por la polarización y la poca voluntad de discutir sobre lo iberoamericano en citas con jefes de Estado de distinto espectro político. El Gobierno quiere que Madrid sea un punto de inflexión en estas citas y han implicado al Palacio de la Zarzuela para conseguirlo.
«En estos momentos lo que estamos haciendo es dirigirnos a todos los países y siempre se invita a quienes tienen la representación internacional. Esta cumbre no va a ser diferente a otras. La secretaría pro tempore (de España en este caso) no cambia las reglas que hay establecidas», respondió el pasado martes el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, a la pregunta sobre si se iba a cursar invitación a la presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez.
Es el Palacio de la Zarzuela, en nombre del Rey, quien expide las invitaciones. Según ha podido saber EL MUNDO, se han redactado tres tipos distintas. Las primeras son nominales a aquellos presidentes que, salvo alguna crisis institucional, está previsto que continúen en el cargo en noviembre cuando se celebre la cita. Entran en este grupo el chileno José Antonio Kast, el argentino Javier Milei , el brasileño Lula da Silva, el boliviano Rodrigo Paz o la mexicana Claudia Sheinbaum, que recibió la invitación del Rey en mano de Albares el miércoles. En segundo lugar, se han redactado invitaciones a aquellos países en los que, por cuestiones electorales, no pueden ser nominales, pues se desconoce quién será el jefe del Estado en el momento de la cumbre.
Aún no se sabe quién va a gobernar en Colombia y Perú, por lo que no se ha dirigido a una persona en concreto sino al país, utilizando la fórmula de que se invita «al más alto nivel institucional». En este grupo se ha incluido a Venezuela. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, juró su cargo el pasado 5 de enero pero la primera condición de Donald Trump era que se convocaran elecciones en seis meses. Aunque ese escenario parece lejano y ya se trabaja con una convocatoria electoral en 2027, se desconoce quién será el presidente del país en noviembre. La invitación, por lo tanto, no es nominal a la que fuera vicepresidenta de Nicolás Maduro, sino a «la más alta representación del país».
Se da la circunstancia de que Rodríguez no puede pisar la Unión Europea por las sanciones que tiene impuestas. Un veto desde 2017 que Albares ha intentado levantar en Bruselas, pero que aún no ha conseguido. El argumento que esgrimía el jefe de la diplomacia española era que las sanciones normalmente no se elevan al jefe de Estado de turno para garantizar cierta interlocución con el país. Rodríguez mantiene el veto de pisar suelo comunitario desde que era vicepresidenta y no cambió con su nombramiento.
Según fuentes diplomáticas consultadas por este diario, el Ejecutivo tiene planeado acogerse al artículo 6 del capítulo II de la Decisión (PESC) 2017/2074 del Consejo, de 13 de noviembre de 2017, relativa a medidas restrictivas habida cuenta de la situación en Venezuela. En el texto explica que «los Estados miembros podrán conceder exenciones de las medidas impuestas en el apartado 1 cuando el viaje esté justificado por razones humanitarias urgentes o en razón de la asistencia a reuniones de organismos intergubernamentales (…) en las que se mantenga un diálogo político que fomente directamente la democracia, los derechos humanos y el Estado de Derecho en Venezuela», un motivo que España podría alegar para conseguir la presencia de Rodríguez.
Además de las dos fórmulas ya recogidas, desde Protocolo se ha encontrado una particular para Nicaragua. La dictadura sandinista de Daniel Ortega gobierna con mano de hierro desde 2007. En este caso, la invitación se ha cursado al país evitando la fórmula de pedir la asistencia de «la más alta representación del Estado».
Felipe VI realizó una pequeña gira el mes pasado que le llevó a Portugal, Chile y Bolivia, donde coincidió con un amplio número de líderes iberoamericanos. Además, estos tres meses tiene previsto acudir a las tomas de posesión en Costa Rica, Perú y Colombia, encuentros en los que mantiene reuniones a nivel bilateral con mandatarios de otros países de la región. A estos esfuerzos de la presencia constante del Monarca en la región, se suma ahora un mandato constitucional: es él quien invita a los países a la próxima cumbre en Madrid.
Así lo regula el artículo 56 de la Constitución, el que establece que Felipe VI es quién invita al resto de jefes de Estado. En él se recuerda que el Monarca «asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica». Por ello, desde Zarzuela se han enviado convocatorias a toda la región, incluidos Andorra y Portugal.
Meses de diplomacia y sutilezas para conseguir que la Cumbre de Madrid vuelva a revitalizar los encuentros de Iberoamérica. Un reto, pues estos últimos meses los líderes iberoamericanos han mostrado sus distintos posicionamientos en dos cumbre. La primera fue la cumbre de las Américas con Donald Trump. La segunda tuvo lugar en Barcelona hace unas semanas, con Sánchez como anfitrión. El desafío es que la figura de neutralidad de Felipe VI logre reunir el mayor consenso entre regiones hermanas.

